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EPT | January 22, 2020

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Jueves 10 de abril de 2008

¿Abogada o propietaria?

Aunque a Cristina Kirchner no le agrade, todos los argentinos que cada mañana se levantan para honrar un sueño de progreso propio y trabajan para ello tienen todo el derecho de sentirse “propietarios” de este país.

La extraordinaria retahíla de discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la crisis agropecuaria ha entregado una colección de conceptos francamente desopilantes para que podamos extraer aun más conclusiones -por si las anteriores no eran suficientes- acerca del perfil de país que tienen los K en su cabeza.

Uno de ellos ha vuelto a poner en dudas su condición de abogado. Esta vez no por la aportación de pruebas que respalden las sospechas, sino por aseveraciones que no podría haber hecho si alguna vez hubiera pasado por un aula del Derecho.

En la concentración fascista de Plaza de Mayo, la presidenta, dirigiéndose a la gente del campo, dijo: “piensen como parte del país, no como propietarios del país”.

Si Cristina fuera abogada y alguna vez hubiera cursado y aprobado las materias Derecho Constitucional, Historia Constitucional Argentina y Filosofía del Derecho, sabría que el diseño fundacional de la Argentina está basado, justamente, en que los habitantes de este país (el artículo 18 de la Constitución Nacional ni siquiera requiere la condición de ciudadano para el goce de los derechos que enumera) son sus “propietarios”. La filosofía jurídica a la que adscribe nuestra ley fundamental se asienta sobre la idea de que son los individuos los que, en base a su trabajo y a su iniciativa, adquieren la “propiedad” del país. La escuela del Derecho argentino rechaza la idea de una “propiedad” estatal o colectiva de la Argentina.

Es muy posible, incluso, que tanto los antepasados europeos de la presidenta como los de su esposo hayan emigrado a la Argentina justamente porque este país prometía y garantizaba ese horizonte de futuro sin límite, esa entrega a una aventura no escrita en el plan de nadie, excepto en el que cada uno pensara para sí mismo.

Esa aventura, que conlleva la aspiración a tener y a convertirse en dueño era, justamente, uno de los llamadores preferidos que Alberdi imaginó para atraer población europea. Y ese mismo llamado fue respondido por millones que no encontraban en su tierra natal las recompensas que les prometía la nueva Argentina.

Éste es el diseño original del país, señora presidenta, mal que le pese a usted. Y usted debería conocerlo, si es que, como asegura, es abogada.

El mismo día de aquella masificación antigua, aparecieron por la mañana, en distintos lugares de la ciudad, carteles que, con un alto contenido fascista e intimidatorio prevenían a los pobladores de ciertos barrios: “Ni siquiera se animen” (a ir a la Plaza de Mayo).

¿Cuál era el contenido de ese mensaje, Sra Presidente, sino la amenaza de un dueño que le advierte a un extraño que se abstenga, no solo de ir sino siquiera de pensar en ir, a controvertir la “propiedad” de un lugar?, ¿Quién le ha dado a usted o a sus partidarios la escritura de propiedad de un lugar tan argentino para ellos como para cualquiera?,¿quién, siendo solo “parte”, actúa no solo en este detalle secundario, sino en todo, como el “propietario” del país?, ¿quién ha convertido un resultado electoral minoritario (6 de cada 10 argentinos no la votaron, Sra Presidente?) en la expresión de un “todo” tan falso como improcedente?, ¿desde cuando una minoría, (es decir, usted Sra Presidente), representa a la “Patria”?, ¿insinúa, acaso, que los que no están con usted no están con la Patria?, ¿y si fuera al revés?

Quien debería pensar que es tan solo una “parte” del país y no su propietario ni su todo, quien no debería mimetizar su administración con la Patria y quien debería reconocer que este país no fue fundado para sostener al Estado sino para que el Estado le sirva a sus habitantes, es usted, Sra Presidente y no la gente del campo.

La gente del campo, como todos los argentinos individuales que cada mañana se levantan para honrar un sueño de progreso propio, tienen todo el derecho de sentirse “propietarios” de este país: propietarios de la parte que les corresponde, de aquella por la que trabajan, por la que producen, por la que sueñan, por la que invierten, y por la que generan un producto mayor que aquel que tenían al empezar la tarea. Si hay alguien con derecho a sentirse propietario de este país, Sra Presidente, es aquel que hace algo con su vida y con su energía y no aquel que, como los parásitos, vive de lo que produce otro.

Es tal el desbarajuste que se ha producido en las mentes de los argentinos que, de a poco, nos hemos acostumbrado a que disparates tales como sugerir que el que “posee” al país es el Estado, suenen como normales. Porque, en los hechos, es cierto que una contrarrevolución lenta, aunque incesante, ha dado vuelta como una media aquellas convicciones iniciales de los cimientos del país.

El Estado succiona recursos de los individuos a través de las retenciones, el impuesto a las cuentas corrientes, el impuesto a las ganancias, el impuesto a los bienes personales, el IVA, otros impuestos al consumo general y a otros diferenciados por producto, los impuestos locales de aplicación provincial y otras tasas y contribuciones que cobran las miles de intendencias diseminadas por el país. Esta estructura confiscatoria ha entronizado, efectivamente, a un “dueño” de todos nosotros, como los señores feudales lo eran de sus vasallos. Pero que esta sea la situación en la que hayamos caído (y que claramente explica nuestra miseria y nuestra decadencia) no quiere decir que eso es lo que la Argentina prometía desde su fundación, ni mucho menos que eso este bien, sea lo correcto o, siquiera que, desde el punto de vista practico, funcione.

La idea contenida en su, desde todo punto de vista, desgraciada frase, Sra Presidente, expresa resumidamente la quintaesencia del fracaso argentino. En el arrebato por el Estado de la condición de “propietarios” de este país de millones de argentinos con ilusiones de ser mejores, con el sueño de progresar y de que sus hijos lleguen aún más lejos que ellos, debe encontrarse la razón de que usted gobierne un país que solo se debate en la escasez, mientras otros menos dotados que el nuestro progresan a la luz del sentido común, de la paz y de la armonía, que tan lejos parecen estar de sus pensamientos. © www.economiaparatodos.com.ar


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