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jueves 10 de mayo de 2007

Acompañar a nuestros hijos en el aprendizaje

La familia es el entorno primario donde se construye cada sujeto y, en consecuencia, es donde el niño le da significado al aprender. Por eso es tan importante que los padres no deleguen en terceros la función educadora inherente a la paternidad.

A todos nos preocupa el nivel educativo de nuestro país y me parece importantísimo reflexionar sobre este tema. Se me ocurren varias problemáticas: desigualdad de oportunidades, aprender a aprender, aprender a pensar, formar alumnos críticos y reflexivos, escasez de recursos, capacitación docente, entre otras. ¿Quiénes somos responsables? ¿Todos? ¿Algunos?

Nosotros, los padres, ¿qué papel debemos desempeñar en el aprendizaje de nuestros hijos?

Desde que nace, el niño, al relacionarse con el medio externo, está construyendo su pensamiento. Los aportes de la psicología evolutiva nos dicen que la génesis del pensamiento no empieza con el ingreso a la escolaridad, sino desde el primer día de vida a partir de los reflejos y hábitos, que luego se transforman en sistemas cada vez más complejos de inteligencia.

Qué importante, entonces, que papá y mamá nos preocupemos y nos ocupemos en estos primeros años de vida cuando se adquieren los proto-aprendizajes. ¿Cómo? Permitiéndoles experimentar, equivocarse, expresarse libremente, jugar y aprender a resolver problemas en su accionar cotidiano, brindándoles afecto y seguridad.

La familia configura el “entorno primario” donde se construye cada sujeto, por lo tanto, es donde el niño le da significado al aprender. A partir de la “socialización secundaria” (escuela, clubes, iglesia) permitimos a nuestros hijos interactuar y adquirir conocimientos. No deleguemos esta función inherente a la paternidad a otros (abuelos, tíos, hermanos mayores) o instituciones (colegio).

Quizás nos resulta difícil y no encontramos el modo de llevarlo a cabo pues vivimos inmersos en el mundo del trabajo, en la sociedad de consumo y preocupados por lograr éxito social y económico. No nos olvidemos que el verdadero éxito está en formar hijos responsables, solidarios, críticos de la realidad, emprendedores, capaces de proyectar y, por ende, hijos felices.

Cada niño aprende a partir de su historia personal y familiar. Yo recuerdo que, desde muy pequeña, mi madre nos acompañaba a mí y a mis hermanos en el momento de hacer nuestras tareas escolares, nos miraba los cuadernos y carpetas, nos ayudaba a buscar material de investigación y nos alentaba en nuestros logros y progresos.

Cuando fui creciendo sentí, en todo momento, el estímulo de mi padre, quien valorizó siempre el estudio y el esfuerzo por ser alguien en la vida. Me alentó a continuar mis estudios terciarios participando de mis progresos y acompañándome, por ejemplo, en la hora de la cena, pues yo llegaba muy tarde del profesorado. Unos años más tarde, ya casada y siendo mamá, sentí el apoyo de mi marido e hijo, quienes tuvieron que adaptarse a una esposa y madre que había decidido seguir estudiando.

Vale la pena, entonces, apostar a ser acompañantes y guías de nuestros hijos en el aprendizaje. ¿Cómo? ¿Desde dónde? Desde el lugar que nos toca ocupar dentro de la familia: papá y mamá. Estoy convencida de que para ser un buen padre no hace falta ser perfecto, lo imprescindible es dar amor. © www.economiaparatodos.com.ar

La licenciada María Amalia del Castillo es licenciada en Psicopedagogía y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres ( www.proyectopadres.org).

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