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jueves 22 de septiembre de 2005

Al fin sabremos de sexo

La lectura de folletos con información sobre educación sexual que serán repartidos próximamente en las escuelas mueve al asombro –y a la preocupación– por el tono del contenido que en ellos se incluye.

Realmente no creo en las “teorías conspirativas”, pero la sensación que tengo es que mientras se arrojaban bombas de humo sobre la educación sexual en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación se sancionaba la ley 25.673 sobre educación sexual.

Como ya explicaba en artículos anteriores, soy partidario de dar educación sexual en las escuelas. El tema no es el título, sino la educación (o deseducación) que se brinde. Lo que debería preocuparnos es qué se va a transmitir a nuestros hijos sobre este tema. Del mismo modo, si habláramos de “educación alimentaria” y el programa sólo mostrara la existencia y las virtudes de la “comida chatarra”, creo que estaríamos de acuerdo en la teoría pero no en la práctica. Lo mismo sucede con la educación sexual.

Pero hagamos algo más fácil. Juzgue usted mismo.

Reconozco que debí hacerme cierta violencia para escribir lo que sigue. No es fácil poner en blanco y negro, y en un medio público, cosas que en general se hablan en otros ámbitos. Pero la realidad es que son frases que recibirán nuestros hijos en folletos que se han confeccionado para “acompañar” la educación sexual que recibirán. De modo que no debería darme vergüenza escribir lo que dentro de poco encontraré en las mochilas escolares de mis hijos. Sólo me voy a limitar a citar textualmente esos folletos que, repito, recibirán sus hijos.

“Decilo y hacelo cómo quieras, pero cuidate.”

“La bandas dicen… [como si no fuera suficiente con escucharlos, hay que leerlos] 

… qué peteás, qué peteás, qué pete que te mandás, qué bien la acogotás, cuando la manoteás.” (La Base)

… prefiero una cama grande lo hago mejor. Oh mami 69, ou, ou, mami 69, ou, ou.” (El otro yo)

… quisiera arrancarte un día, y morirme en un telo con vos.” (Bersuit Vergarabat)

… a María Ester, le gusta coger.” (Los Pibes Chorros)

En otro folleto, donde también se citan “bandas” (ignoro el motivo por el que citan bandas en vez de científicos), podemos leer textualmente:

“… las pibas quieren sexo toda la noche, las pibas quieren sexo y se lo vamos a dar” (Los Pibes Chorros)

“… por traicionera, traicionera pa’ que te duela, te la pongo con arena.” (Damas Gratis)

“… no te quieren por tus lolas, te quieren por tiragoma…” (Damas Gratis)

¿Cuál es sentido de incluir estas frases en folletos escolares de educación sexual? Lo ignoro. En algunos casos incluso parecen contradecir lo que se pretende enseñar sobre el “cuidarse”.

Copio otro fragmento de otro folleto:

“Como ves, el género es algo que no elegimos, y sin embargo lo tenemos tan incorporado en nuestra forma de pensar y de ser que pensamos que no se puede transformar. Pero podemos cambiarlo!!! [la negrita y los signos de exclamación son del folleto]. Reconocer y descubrir que estas características, supuestamente fijas e inamovibles, son aprendidas, es lo que nos permite revelarnos y cambiar estos modelos que nos oprimen.”

Por último, solo quiero comentar una mentira que se sigue transmitiendo a los jóvenes y que, desde luego se recoge en otro de estos folletos:

“Recordá que el único método que evita el embarazo, la transmisión de la ITS y del VIH-SIDA es el preservativo.

Esto es falso. El preservativo reduce los riesgos en un alto porcentaje (los expertos oscilan en sus opiniones entre el 78% y el 93%). Pero es mentira que “evita”. Y esta mentira se les sigue repitiendo a los niños y jóvenes.

Perdón por no hacer más comentarios. Creo que sobrarían. © www.economiaparatodos.com.ar



Federico Johansen es docente, director general del Colegio Los Robles (Pilar) y profesor de Política Educativa en la Escuela de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UCA (Universidad Católica Argentina).




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