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EPT | May 30, 2017

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Viernes 3 de marzo de 2017

Apelación a Nicolás Dujovne por la reforma impositiva

Apelación a Nicolás Dujovne por la reforma impositiva

El destino, la casualidad, el azar  o el designio del Señor de la historia han hecho que Nicolás Dujovne sea el instrumento idóneo para producir una reforma impositiva, ya que el presidente Mauricio Macri  le ha encargado hacerlo para cumplir con su promesa electoral.

 

No sabemos -quizás ni él mismo lo sabe-  si Dujovne, por consideración social, intentará proseguir una carrera en la administración pública;  o bien, si abandonará el  buró del Estado después de haber realizado la obra magna de su vida,  para la cual ha sido predestinado.

 

Pero sí sabemos que él tiene el deber moral de establecer un sistema impositivo razonable, justo,  falto de malicia y picardía para facilitar la creación de riqueza y su adecuada distribución.

 

De la acertada reforma de este régimen impositivo, dependerá en gran parte la reconciliación entre el pueblo y la clase política harto desprestigiada. Éste y no otro es el verdadero y auténtico pacto social que puede lograr la restauración de la grandeza nacional, la justicia distributiva entre sus habitantes y el final de la pobreza estructural provocada por largos  años de corrupción y demagogia.

 

De su acción personal dependerá que un  régimen impositivo perverso se convierta en un sistema justo y perdurable, estableciendo leyes fiscales óptimas.

 

El impuesto es óptimo cuando no saquea la renta normal de los bienes poseídos por el contribuyente, cuando no pretende  degollar el espíritu de progreso personal  y cuando respeta el fruto del trabajo de cada uno.

 

Como dice el más grande hacendista de los últimos tiempos,  Luigi Einaudi

(Mitos y paradojas de la justicia tributaria, Ed. Ariel, Barcelona 1983) el “Impuesto Óptimo” es aquél que no paraliza la iniciativa privada, que no pesa sobre los hombros de los contribuyentes y  que no destruye el esfuerzo de los privados;  sino que permite aumentar la riqueza de los contribuyentes honestos ofreciéndoles una contraprestación eficaz.

 

El otro, el  perverso sistema que soportamos  desde hace 70 años, está formado por  impuestos que gravan excesivamente el bolsillo de la gente, que quitan todo entusiasmo por el trabajo honrado, que cercenan la riqueza y el honor de las familias, que arrebatan para el Estado la renta excedente y que nada restituyen a los ciudadanos.

 

A este sistema impositivo perverso lo denominamos “tala” porque su propósito consiste en destruir, arrasar y cortar  por la base las posibilidades de progreso mediante el  trabajo decente.

 

No se necesitan varios decenios para reconstruir el país destruido por la ineptocracia de gobiernos mentirosos y corruptos. Se requiere sólo el esfuerzo de unas pocas  mentes lúcidas y de una generación de argentinos dispuestos a reparar el mal hecho por los demagogos y por aquellos que tomaron el Estado por asalto, como un bien mostrenco  para enriquecerse.

 

Por eso, esta petición a Nicolás Dujovne, casi como la Representación de los Hacendados de Mariano Moreno al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.  Para que su acción sea la fuerza inicial del renacimiento de la justicia, del progreso con libertad y de la reorganización nacional en paz y orden.

 

Aún a riesgo de enemistarse con algunos celosos funcionarios, Dujovne tendría que resistir seriamente el intento de que la reforma impositiva sea una engañifa o artilugio de engaña-bobos. Como un ardid o maña para seguir conservando un Estado torpe e inaguantable por aquellos que viven colgados del sector público;  que sólo son eficaces para arrebatar dinero a los laboriosos habitantes con el fin de repartirlo entre los que viven a costa de los demás  o de otorgar ventajas a vivillos que aprovechan su amistad con los funcionarios del poder obteniendo gangas y privilegios que otros no tienen.

 

Por eso, con todo respeto pero también con toda energía,  en nombre  de la mayoría silenciosa y en representación de millones de ciudadanos respetuosos  de la ley, que no forman  piquetes, ni declaran huelgas salvajes y  que se esfuerzan por cumplir con leyes o reglamentos  muchas veces ridículos y fuera de lugar, peticionamos y reclamamos la siguiente reforma impositiva.

 

1° Que la reforma impositiva encomendada a Nicolás Dujovne, se traduzca en un sistema de pocos impuestos nacionales, provinciales y municipales;  simples y sencillos; de fácil entendimiento; a tasas razonables; con una progresividad que no surja de tablas con  alícuotas  crecientes sino de amplios mínimos no imponibles  para garantizar una vida digna y honesta.

 

2°   Que el nuevo sistema impositivo se limite a financiar el 25% del PBI del año precedente;  porque no es lo mismo crear impuestos para cubrir ese monto que hacerlo para bancar un gasto público del 48% o 52% del PBI tal como ahora ocurre.

 

3° Que en la renta individual, el conjunto de los nuevos impuestos haga posible  este destino de la demanda global: ¼ para consumo, ¼ para mantener  el capital utilizado, ¼ para nuevo capital productivo y ¼ para expensas fiscales.

 

4° Que los ciudadanos tengan la garantía constitucional de que la sumatoria de todos los impuestos directos nacionales, provinciales y municipales  no serán superiores al 25 % de sus ingresos efectivos normales, y el excedente debiera ser declarado confiscatorio.

 

5° Que de manera clara y franca, se disponga  la cláusula del contribuyente más favorecido a fin de que, por medio de una simple acción judicial sumaria, todos puedan tener la misma ventaja impositiva de aquellos aventureros o sinvergüenzas,  amigos de funcionarios, que obtienen  gangas, exenciones o privilegios impositivos.

 

6° Que para evitar ocultas sorpresas, todas las reformas, cambios, modificaciones, alteraciones o correcciones en  las disposiciones impositivas,  deban tener una cuarentena de 120 días corridos para entrar en vigencia,  permitiendo la adaptación de los contribuyentes afectados.

 

7° Que en la redacción de las nuevas leyes impositivas no se repita el dantesco panorama actual de 96 impuestos  en todas las jurisdicciones;  de 27 diferentes normas  para declaraciones juradas de información fiscal;  de 20 procedimientos de retención y percepción por impuestos ajenos;  de 34 medidas de espionaje fiscal sobre la vida privada; de 7 u 8 impuestos cargados en las tarifas de luz, gas, agua, cloacas, pavimentos  y combustibles;  de la inconsulta intervención en las cuentas bancarias privadas para debitar -manu militari-  toda clase de impuestos.

 

8° Que el comité encargado de redactar la reforma impositiva, contemple el panorama global y no sólo el de los impuestos nacionales, incorporando la incidencia de impuestos provinciales, las retenciones salariales, las cargas patronales y demás impuestos al trabajo. Todos ellos forman un conjunto recaudatorio que incide sobre una única base contributiva: la renta y el patrimonio de personas físicas y  sociedades.

 

9° Que los responsables de diseñar la reforma impositiva, no sean sólo  funcionarios y técnicos encargados de fiscalizar, recaudar o sancionar  contribuyentes, sino que incluyan  un consultor impositivo designado por la Federación Argentina de Consejos Profesionales en Cs. Económicas y otros cuatro que representando los Consejos Profesionales de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza, porque son ellos quienes aplican la maraña de resoluciones y conocen las penurias y aflicciones de los contribuyentes.

 

10° Que se termine de una vez por todas, con el esperpento jurídico de este régimen impositivo sustentado en una maraña de 64.390 artículos sancionados en la última década por Leyes, Decretos reglamentarios, Decretos rectificativos, Decretos interpretativos, Resoluciones de la AFIP, Resoluciones de la DGI,  Resoluciones del Ministerio de Hacienda o Economía, Aplicativos informáticos, Instructivos fiscales, Regímenes obligatorios de retención y percepción,  Normas de Aduana y Disposiciones onerosas de las Direcciones de Rentas Provinciales y Municipales.  Con el agravante de que tales disposiciones son cambiadas, modificadas, alteradas o reemplazadas cada día hábil por otras 28 nuevas disposiciones, y así durante todo el año.

 

11° Que la multiplicidad de resoluciones originadas en organismos de recaudación  sean consideradas como instrucciones de un Manual de Procedimientos  para agentes fiscales; pero que no sean impuestas a los contribuyentes cuyas obligaciones sólo deben deducirse de la Ley y del Decreto Reglamentario. Los contribuyentes, no obstante,  podrán utilizar en su beneficio el contenido de esas Resoluciones cuando medie una fiscalización administrativa  o demanda judicial.

 

12° Que la ley de reforma impositiva debiera considerar la “rapiña o el despilfarro público” como  tanto o más grave que la “evasión impositiva” puesto que consiste en un delito de atentado contra la estabilidad democrática, al provocar un déficit en la gestión presupuestaria.  Para el caso en que las proyecciones de ingresos resultaran erróneas y se produzca un déficit de gestión superior a los límites especificados, será de aplicación la regla de emergencia de James M. Buchanan & Richard Wagner (Déficit del Sector Público y Democracia: el legado político de Lord Keynes, Rialp, Madrid 1993): “Los gastos de cada departamento, dirección o ministerio se ajustarán automáticamente a la baja para restablecer el equilibrio proyectado, dentro de un período perentorio de tres meses. Si se produjera un superávit presupuestario, se utilizarán los fondos obtenidos para la cancelación de la deuda pública. Estas disposiciones sólo podrán suspenderse en tiempos de emergencia nacional declarada por 2/3 de ambas Cámaras y aprobadas por el presidente, debiendo expirar la declaración de emergencia automáticamente al transcurrir un año”.

 

13° Los funcionarios que tengan facultades para administrar fondos del Estado o dinero público serán personal y solidariamente responsables del equilibrio presupuestario,  debiendo oponerse a autorizar y disponer mayores gastos que las partidas autorizadas y estando obligados a aplicar la regla de emergencia anterior si durante la gestión presupuestaria los ingresos fuesen menores que los previstos.

 

Hasta aquí la apelación. Desearíamos  terminarla con una rogativa parecida a la de Mariano Moreno en su Representación de los Hacendados: “Nos avergonzaríamos de negar la gratitud que debemos por habernos arrancado de la prepotencia y la mentira. En la necesidad de obrar nuestro propio bien no nos arrepentimos de ser una parte de esta Nación a la que tanto debemos. Pero sin vuestro auxilio sería imposible la mejora que peticionamos.  Nicolás Dujovne, éstas son  las propuestas de millones de honestos contribuyentes y el único medio de restablecer con dignidad propia del carácter de V.E.  los principios de nuestra libertad y de la reparación del Erario Público devastado por la indolencia, la ineptitud y la corrupción. Así sea”.