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Jueves 22 de noviembre de 2007

Apuntes para el cambio (Nota III)

La necesidad actual de crecer exige la derogación del rígido control de cambios instaurado a principios de 2002 y la recomposición del sistema financiero, junto con la adopción de medidas tendientes a la apertura al comercio internacional.

En la última carta de intención firmada por la Argentina con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el 10 de septiembre de 2003, se afirmaba –en el punto 25– que después de la flexibilización de las restricciones y controles introducidos en 2001-02, “con la estabilidad financiera afianzada, se planea eliminar gradualmente la totalidad de los controles cambiarios restantes durante el período del programa”. Y en el punto 26 del documento, el gobierno de nuestro país asumía el compromiso de que “a fin de fortalecer el potencial del sector exportador, procuraremos eliminar los factores que desincentivan a los exportadores, por ejemplo mediante la eliminación gradual de los impuestos a las exportaciones y la eliminación de las demoras en los reintegros del IVA”.

Por supuesto, y tal como casi siempre ha ocurrido, esta vez nuestros gobernantes han vuelto a ignorar olímpicamente los compromisos contraídos, ya que se mantuvo el cada vez más complicado y ridículo control de cambios y las retenciones a las exportaciones no solo no fueron rebajadas, sino también aumentadas, como se dispuso recientemente.

Tras cinco años de controles y fuerte intervención en el mercado, resulta evidente que la necesidad actual de crecer tiene como camino más directo comenzar por la derogación del rígido control de cambios instaurado a principios de 2002, junto con la adopción de medidas tendientes a la apertura al comercio internacional que incentiven la inversión directa en proyectos fundamentalmente asociados a la exportación. Asimismo, es impostergable replantear totalmente el rol del sector público en la economía, reducir sustancialmente su peso e impulsar una rebaja de impuestos y la eliminación de las retenciones y del impuesto a los créditos y débitos bancarios, con el propósito de aumentar la competitividad y el ingreso de capitales productivos.

Para que todo esto realmente ocurra, necesitamos que funcione en la Argentina un mercado de cambios en las condiciones normales requeridas. Primero, tendrá que ser amplio y profundo, es decir, deberá tener muchos participantes y liquidez permanente. Es, además, esencial que su funcionamiento sea totalmente transparente, con la utilización de los medios de comunicación tradicionales e información sobre los tipos de cambio en tiempo real. Al mismo tiempo, es preciso que exista un positivo control de los riesgos transaccionales y crediticios, que los precios se coticen con un spread razonable y que las operaciones se puedan efectuar con costos cada vez más reducidos.

En ese sentido, habrá que realizar un tremendo esfuerzo para convencernos de que la flotación de nuestro peso –en un escenario de plena libertad cambiaria, dentro de un sistema inteligentemente administrado y que respete las reglas del juego aceptadas en el mundo civilizado– es el único camino posible para lograr la ampliación y modernización de nuestro aparato productivo, aumentar nuestro comercio con el exterior y asegurar el crecimiento futuro.

Sería hoy totalmente inútil y mucho más costoso todavía intentar una vuelta al pasado, con alguna variante basada en un tipo de cambio fijo que, por otra parte, ya ha demostrado su ineficacia e incapacidad para solucionar nuestros problemas. En la actualidad, de implementarse un sistema similar, todo el mundo comenzaría a apostar sobre cuándo se produciría su inevitable derrumbe. Y esto terminaría con la repetición de otro tremendo fracaso.

Por supuesto, el objetivo propuesto de crear confianza en el nuevo sistema deberá ir acompañado de la recomposición de todo nuestro régimen financiero para volver a tener un robusto mercado de dinero, con tasas de interés realistas que sean capaces de atraer a los inversionistas de aquí y de afuera.

Recién entonces podremos tener un mercado de cambios en donde el peso pueda lograr la estabilidad necesaria como para que se comience a apostar sobre su futuro. Y aquí es oportuno recordar la importante función que cumplen los especuladores en los mercados, fundamentalmente en lo que hace a su liquidez y transparencia, y la necesidad imperiosa de lograr su activa participación en el nuestro.

Esta posibilidad nos permitirá construir un mercado de cambios que pueda insertarse en el mercado global, para acceder a todos los productos cambiarios que han sido creados para posibilitar nuevas fuentes de financiación internacional y transferir el riesgo de cambio derivado de las fluctuaciones de los precios de las monedas. En este sentido, también haremos realidad la posibilidad de que podamos operar con todas las monedas de los países de Latinoamérica, siendo necesario para que ello se concrete, simplemente, la firme decisión de ponernos de acuerdo para hacerlo entre todos.

Todo ello resulta fundamental para el normal desarrollo de nuestros negocios relacionados con el comercio de bienes y servicios con el exterior. Sin embargo, hay algo más para hacer en el mismo sentido. Hay que tener en cuenta que, en el mundo civilizado, quienes se dedican al comercio internacional nunca corren el riesgo de cambio: siempre, al mismo tiempo que cierran cada negocio comercial, fijan el tipo de cambio que corresponderá a la transacción.

Y aquí cabe recordar que el producto financiero más utilizado con ese propósito es el que se denomina operación a plazo o forward contracts. Se trata de una compra o venta de una moneda extranjera para ser liquidada en una fecha cierta en el futuro, siempre a más de una semana, y que necesariamente debe coincidir con el vencimiento exacto de la obligación correspondiente.

El costo de la operación a plazo o forward se basa en el precio de contado de las monedas al día de cierre, con un premio o descuento a futuro que tiene directamente que ver con el nivel de las tasas de interés que rijan en los países de las dos divisas involucradas. La que tenga mayor tasa costará más, mientras que la menor valdrá menos a futuro. Dadas las condiciones actuales, este producto tiene un costo relativamente bajo y es accesible para casi todos los exportadores e importadores.

Por eso, el Banco Central no debería demorar más la autorización para que quienes comercian con el exterior puedan realizar operaciones a plazo y los bancos tendrían que estar en condiciones de ofrecer a sus clientes este producto, muy útil por ser over de counter, es decir, hecho a la medida de las necesidades. De esa manera, tanto el que vende como el que compra productos fuera de la Argentina se asegurarían el precio final y evitarían el riesgo por la alta volatilidad de los tipos de cambio.

Entonces sí, realmente, estaremos preparados para competir y crecer. © www.economiaparatodos.com.ar

José Alfredo Nogueira es corredor de cambio y autor del libro “Las Reglas del Juego. Mercado de Cambios y Operaciones con Divisas” (Editorial Argenta). Para comunicarse con él: josenogueira@fibertel.com.ar.


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