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EPT | September 21, 2020

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Lunes 18 de mayo de 2009

Aquello que la Argentina imita o deja de imitar del mundo civilizado

Lejos de tomar ejemplos positivos, nuestro país copia lo malo, lo extraño o lo mediático.

De pronto, el escenario nacional se convierte en una sala de cine continuado. Nada separa un acontecimiento de otro y aquellos hechos que deberían despertar alguna suerte de reacción social terminan esfumándose entre un sinfín de naderías, aunque todas tengan algún tinte de argucia política.

Recuerdo que la campaña proselitista para entronar a Cristina Fernández de Kirchner al frente de la presidencia se basó básicamente en un discurso que proponía grandes cambios en dos pilares básicos: la consolidación institucional y las relaciones internacionales. Se hablaba de una mayor inserción de la Argentina en el mundo, con lo cual se justificaba –o pretendía justificarse– los enormes gastos que insumían las sucesivas giras de Cristina.

Hoy en día, dos de las más grandes deficiencias de la gestión se hallan, precisamente, en esos ítems. Esta situación torna incomprensible el llamado a “defender el modelo”. ¿Quién quiere un modelo de instituciones vilipendiadas, con la Argentina completamente aislada?

Tal vez sea mejor no tomarse en serio ciertos acontecimientos para no ahogarse en un escepticismo extremo. Los senderos pueden bifurcarse como en el cuento borgeano y, antes o después, terminaremos enfilando por uno más recto, aunque no perfecto, claro. Estamos demasiado lejos de lograr lo que soñamos y no porque las expectativas sean desmedidas, sino porque fueron muchos años transitando caminos errados, a contra mano.

Pues bien, considerando entonces ciertas peculiaridades, es dable admitir que, en medio de tanta ignominia, se imitan algunos hechos bastante similares a los de los países serios.

En primer lugar, en este suelo, no sólo la burbuja también está estallando, sino que hasta podemos encontrar un automovilista cegado queriendo irrumpir en la Casa Rosada. Casi como lo acontecido en Holanda, aunque se esbocen diferentes causas y, desde luego, sin las tristes consecuencias que tuvieron lugar en los pagos de Máxima. Y es que acá todo cuanto sucede, sucede a medias y se tapa. Nadie sabe qué propósitos perseguía el conductor ni por qué su blanco era Balcarce 50, aunque podemos imaginarlo. Es decir, tuvimos un episodio similar, pero bajo el sino indiscutible de la mediocridad. En términos más vulgares: “Ni chicha ni limonada”

Asimismo, de la noche a la mañana, proliferan émulos del monstruo de Austria. No nos privamos siquiera de casos horrorosos que asoman, “casualmente”, en época preelectoral y distraen la atención de la sociedad. Así, hay violadores que afloran por doquier con las historias más suculentas detrás.

Y si acaso Barack Obama se pudo dar el gusto de almorzar en un local de comidas rápidas dejándose fotografiar en medio del pueblo como un trabajador más, por qué no iba Néstor Kirchner a pasearse entre las villas, armando una suerte de álbum fotográfico digno de antología. Poco creíble y efímero por demás porque no hubo ni habrá real cambio en la metodología K.

No. No imitamos otros hechos que también tienen lugar en el primer mundo y que nos otorgarían mejores resultados. Apenas elegimos lo malo, lo extraño o lo mediático. Así es como la Presidente no cesa en ostentar su vestuario siempre renovado, pese a que la propia reina de Inglaterra decidió evitar las joyas y los lujos monárquicos. Son gestos. Pero, a veces, los gestos marcan diferencias importantes para analizar.

Tampoco se les ocurre acá disminuir el gasto público, bajar las tasas y reducir los impuestos como pretende hacer Rodríguez Zapatero. Por el contrario, aumenta desproporcionadamente lo que el Estado gasta y en materia de impuestos quieren gravar aún más, hasta la posesión de un electrodoméstico por considerarlo un suntuario. Claro que eso sucede luego de que la mismísima Jefe de Estado anunciara planes para reactivar el consumo y prometiera, por ejemplo, una notebook por alumno. Y esta semana vienen –¡otra vez! – los anuncios de los créditos hipotecarios tal como en septiembre del 2006.

Por otra parte, el mundo frente a la crisis –que incluso acá ha servido de excusa para “justificar” el adelantamiento electoral– revela las pérdidas que sufre, el estancamiento, y da cuenta de los grados de deflación producto, justamente, de la retracción. Mientras, en casa, el INDEC sigue propagando cifras falsas aunque la inflación aceche con vehemencia y no se debata, en plena etapa electoral, alguna suerte de política tendiente a frenar el alza de precios capaz de acarrear un desborde social.

Por poner un ejemplo, en España, la actividad económica cayó un 2,9% durante el primer trimestre, en comparación con el mismo período del año pasado. Ese número lo anticipó el mismísimo organismo estadístico oficial… No ocultaron ni le dieron un giro copernicano al dato. Acá, Néstor Kirchner se regodea declamando que sigue el crecimiento. ¿No provoca, de pronto, cierta semejanza con aquellos “comunicados” o portadas donde se leía: “Vamos ganando”…?

Una situación similar se vivió con el tema sanitario: mientras el jefe de Estado mexicano dio la cara advirtiendo sobre la peste de la influenza A y luego lo hicieron todos los mandatarios de los posibles países afectados, en la Argentina se ocultó el dengue hasta que llegó a ser epidemia y no se habla siquiera del chagas, que hace estragos contabilizándose 10 muertes por semana.

Únicamente se sabe del tema gracias a que el pasado 15 de mayo, el Ministerio de Salud porteño realizó un acto de homenaje al médico Carlos Chagas, quien hace 100 años descubrió la enfermedad transmitida a través de la vinchuca, una suerte de insecto que radica en las zonas más pobres de Argentina. Deducir, pues, que la pobreza se extiende no es un sofisma: es más bien un dato empírico, fáctico.

Aún así, siguen sin aparecer políticas de Estado sanitarias y ningún país del mundo ha cancelado los vuelos hacia ésta, nuestra realidad tan distante del relato oficial. En ese desorden de cosas, los funcionarios responsables no sólo no renuncian sino que, cuando lo hacen, es para enlistarse en nuevos cargos como si la ineficiencia fuera para premiar. Los castigos sólo los sufren las víctimas en el seno de la sociedad.

Evidentemente, las giras de Cristina Fernández se limitaron al turismo y al consumo, en vez de haber adquirido experiencia para obrar en consecuencia. Sólo se ha aprendido a ver la paja en el ojo ajeno. La viga en el propio sigue ignorándose, impidiendo un ángulo de visión que vaya más allá de la próxima elección.

Finalmente, cabe analizar los discursos de los presidentes del resto del planisferio donde cada palabra que esgrimen apunta a llevar paz y calma al pueblo. Por el contrario, por estos lares, las oratorias del oficialismo vaticinan caos y estallidos sin aludir los motivos e infundiendo –o pretendiendo infundir– miedo en una sociedad que no les cree ya.

Lo malo es que ese descreimiento se ha esparcido a la política en general. Basta observar que, hoy por hoy, ante un cruce verbal entre un narcotraficante y un juez –por un suceso que ahora no vamos a analizar– termina resultando más creíble la palabra del delincuente que la del magistrado. Con eso se sólo hecho puede darse por culminado el análisis de este escenario…

Sin embargo, nadie parece espantarse, así como tampoco hay un “darse cuenta” cabal de lo que implica esto de las “candidaturas testimoniales”. Lisa y llanamente: un fraude. Lo trágico es que el 80% de quienes habitan los sectores marginales, “asistidos” por el aparato clientelista de oficialismo, no tienen noción de aquello. Y el discurso prefabricado de Kirchner candidato les llega en forma más directa que el de las alternativas.

Quizás por eso, la campaña oficial tiende a reforzar esa prédica en el segundo y tercer cordón del conurbano donde seguramente ha de ganar, mientras reaviva la apatía para que aumente el ausentismo a la hora de votar o se incremente el voto en blanco: dos actitudes que dañan aún más la crisis que atravesamos por haber permitido la destrucción del sistema democrático y republicano. Bien autóctono y actual es el caos, nada poselectoral ni foráneo.

No vale la pena analizar con detenimiento una campaña donde no se tienen en cuenta los reclamos ciudadanos y donde cada día se suma un nuevo desatino. Si el Gobierno pudiera exportar absurdos, burlas y maniqueísmo, el enriquecimiento argentino sería magnánimo.

Está visto que no hay, todavía, miras de seriedad en estos pagos y que el mundo al que aspiran los Kirchner tiene más sinonimia con el del líder bolivariano que con la conducta de los países que han hecho de la democracia y las instituciones algo digno de respeto y cuidado. Hasta tal punto lo han logrado que los gobernantes de turno pueden, en algunos casos como el italiano incluso, darse el lujo de hacer escándalos sin que eso altere un ápice la convivencia social y las pautas de juego donde el derecho de unos termina donde comienza el de los demás. © www.economiaparatodos.com.ar


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