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Jueves 5 de agosto de 2004

Argentina y el selecto club del default serial

Reestructurar exitosamente la deuda no asegura dejar de ser un país insolvente. Es más, las naciones que acarrean un frondoso historial de quebrantos necesitarían adoptar una batería de medidas que –a través de los años– hagan posible quitarse de encima el mote de defaulteador crónico.

Los países pueden llegar a caer en cesación de pagos de sus deudas en algún momento de la historia. También es posible que reincidan en el incumplimiento a raíz de factores internos o externos que compliquen la estructura en la que estaban montados los pasivos. Todos éstos, casos aislados en la vida de las naciones. Por el contrario, existen países que recurrentemente entran en default, lo que demuestra que, para ellos, la excepción se convierte en la regla. Claramente, Argentina forma parte del segundo grupo. Según la calificación del ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kenneth Rogoff, el país pertenece al exclusivo –aunque no tan acotado– grupo de los “defaulteadores seriales”, una especie de insolventes crónicos que una y otra vez terminan cayendo al precipicio.

En el informe titulado “Default serial y la paradoja de ricos a pobres flujos de capitales”, el economista y ahora profesor de Harvard, junto a su colega Carmen Reinhart (Universidad de Maryland), señalan que para medir la capacidad de pago que tiene un país es necesario analizar su historial en materia de deuda e inflación. Además, la posibilidad de salir del status de defaulteador o de –como lo llama en el paper– “graduarse” es poco probable en el corto plazo, debido a que la fragilidad institucional deja cimientos para un eventual nuevo default.

“El primer incumplimiento es siempre mucho más costoso que los otros. Los países intentan evitar el primero o segundo, mientras que los “seriales” hacen otros cálculos ya que no tienen reputación que perder”, explican los autores, que a su vez aconsejan disminuir el peso de la deuda para volver a ser solvente. En ese caso, resaltan la labor de Chile, que redujo su endeudamiento del 134 por ciento en relación al PBI en 1985, a un auspicioso 30 por ciento doce años después. Por el contrario, la mayoría de las naciones que impagan sus compromisos poseen un ratio deuda/PBI que supera largamente el 50 por ciento. Con respecto a la situación argentina, y según las estimaciones del Ministerio de Economía, el saldo de una exitosa reestructuración de la deuda más las obligaciones contraídas post default dejaría pasivos a pagar que alcanzarían al 85 por ciento del Producto.

Otro tema que aborda el informe es la actuación de los flujos de capitales y cómo repercuten en los países avanzados y los defaulteadores. ¿Por qué tan pocos capitales llegan a los países pobres? “Sencillamente porque los Estados que no repagan sus deudas tienen dificultades para pedir dinero prestado al resto del mundo. El hecho de que tantos países subdesarrollados estén en cesación de pagos, que tan pocos fondos sean canalizados equitativamente y que el arribo de capitales privados se agrande proporcionalmente al aumento de la riqueza, demuestra que el mercado de crédito y el riesgo político son la causa de que no haya más flujos hacia países pobres”, apunta el documento. Sobre este tema, el paper contrapone visiones de otros economistas que desestiman el “riesgo político” como una causa de la ausencia de fondos. Por ejemplo, relatan el caso de India bajo la colonia británica, que a pesar de estar bajo las leyes de la corona no lograba aumentar la cantidad de capitales que desembarcaban. En caso de arribar, intentaban asegurarse una tasa de retorno muy superior a la pretendida en otros mercados. La respuesta de Rogoff y Reinhart, es, básicamente, que no hay forma de que los capitales actúen en forma uniforme, debido a factores estructurales de cada país. Por el contrario –según los autores– los fondos se potencian en relación al mayor ingreso per cápita de las naciones. “Si vemos el desarrollo de los países que desde 1946 (o desde su independencia) estuvieron más tiempo en default y su ingreso por habitante, es claro el porqué de la escasez de capitales”, resaltan los economistas, que colocan como ejemplo a los estados africanos.

El paper adjunta el ranking de los países más defaulteadores (incluye la cesación formal más reestructuraciones pre default). En el primer puesto se encuentra España (13 veces), aunque vale aclarar que obtuvo el podio por habérsele computado quebrantos desde el año 1500. Hace más de un siglo que no volvió a caer. Le siguen en la lista: Ecuador, Venezuela (cada uno 9 veces); Francia, Alemania, México y Uruguay (8 oportunidades). Continúa con Brasil, Colombia y Perú, entre otros (7). Bastante rezagado, llega Argentina con 5 casos de insolvencia, 3 durante el 1900. Del total, sólo tres llegaron al status formal de default. El primero, en 1828 con el famoso empréstito de la Baring Brothers a la provincia de Buenos Aires (se arregló casi 30 años después). El segundo, en 1988 durante la presidencia de Raúl Alfonsín con un grupo de bancos extranjeros. Por último, el irresuelto –dos años y medio después de declarado– quebranto de fines de 2001, “sincerado” por el efímero presidente Adolfo Rodríguez Saá y aplaudido por los legisladores.

Por otra parte, y como cierre, los autores realizan un punteo sobre lo expuesto en el documento:
– El fenómeno del default serial sugiere que los mercados emergentes deberían disminuir drásticamente la relación deuda/PBI al 15 o 30 por ciento.
– La comparación con los países desarrollados en lo concerniente al peso de los pasivos es irrelevante. No adaptarse a las propias realidades sólo propaga el “síndrome” del default.
– El real problema es lograr que los flujos de capitales no desemboquen en los dafaulteadores seriales –especialmente sus gobiernos que sólo aumentarán la deuda–, por lo menos hasta que logren “graduarse” de ese estadio.

Reestructurar la deuda exitosamente no es condición suficiente para dejar de ser un defaulteador serial. Deben darse otras variables que eliminen la presunción (muchas veces acertada) de que un país, como la Argentina, seguirá siendo crónicamente insolvente. El primer paso, sin embargo, consistirá en convencer a distintos tipos de ahorristas (desde jubilados a poderosos fondos) de aceptar una promesa de pago a 42 años de un país cuyo historial no despierta confianza. Argentina, ¿logrará encaminarse hacia la “graduación”? © www.economiaparatodos.com.ar



Leandro Gabin es periodista egresado de TEA y actualmente se encuentra cursando un Posgrado en Periodismo Económico en la Universidad de Buenos Aires.




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