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EPT | November 26, 2020

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Jueves 6 de septiembre de 2007

Capacidad operativa

La candidata Cristina Fernández de Kirchner debería exponer con claridad cuál es su posición frente a los grupos que movilizan fuerzas de choque con el objetivo de obstruir el trabajo de los que han arriesgado capital en la Argentina.

La noticia de la retirada del país de la compañía petrolera Esso más las ambiguas declaraciones del presidente de Shell en el sentido de que, en otras ocasiones, había desmentido una posibilidad similar para su empresa, pero que “hoy nadie puede estar seguro del futuro”, le han impreso velocidad a un proceso que todo el mundo teme: que la Argentina y su mercado queden definitivamente aislados del mundo, flotando en una órbita diferente a la del resto del planeta y en manos de una casta local confundida con los colores del poder.

La imagen de la provincia de Santa Cruz en donde todo ha sido copado o bien por el Estado o bien por “privados” amigos del presidente (que se han convertido en millonarios de la noche a la mañana) se trasmite sin esfuerzo a todo el horizonte argentino. La imagen de Varizat atropellando gente en Río Gallegos es el ejemplo físico de lo que sucede todos los días con miles de “camionetas” imaginarias que son conducidas desde la Casa Rosada o desde sus bocas “franquicidas”.

Una de ellas es la del inefable Luis D’Elía, el piquetero devenido a loro revolucionario, que advirtió que si Shell sigue “jorobando” al pueblo argentino él y su gente tienen “capacidad operativa” para bloquear las 700 estaciones de servicio que Shell tiene en el país.

¿Quién es según D’Elía el “pueblo argentino”?, ¿acaso es el mismo que ni de casualidad entra en estaciones de PDVSA-Enarsa aun cuando su tanque de combustible esté exhausto y acude por millones a las dependencias de Shell a consumir sus productos?, ¿es el mismo que ignoró olímpicamente la recomendación presidencial de no comprarle a Shell “ni una lata de aceite”?

¿Qué representación se arroga un señor que cada vez que se presento a elecciones con su nombre y su cara sacó menos votos que Cherasny (el periodista devenido a político) en las últimas elecciones a Jefe de Gobierno de la ciudad?

La Argentina tiene una larga experiencia en materia de lo que pueden hacer los grupos privados con “capacidad operativa”. El pasado histórico desde las Montoneras hasta los Montoneros habla por sí solo. Es mucha la sangre inútil que se ha derramado en aras de proclamas vacías y de gallitos de cuarta que imaginaron divertirse mientras jugaban a los soldaditos con personas de verdad.

¿Qué mejora de su nivel de vida puede esperar el ciudadano medio de las actividades y de los procederes de D’Elía?, ¿acaso su actividad agrega una infinitesimal dosis al producto bruto?, ¿acaso su diatriba contribuye a generar el clima que la Argentina necesita para atraer las inversiones que terminen con la miseria y la pobreza?

La candidata del gobierno a las elecciones presidenciales, Cristina Fernández de Kirchner, debería definir clara y rápidamente de qué lado se encuentra en esta disyuntiva que enfrenta el modelo que propone D’Elía y aquel en el que deberían desarrollarse proyectos como los de Shell y Esso. El tema no es menor porque hay una platea argentina que necesita saber a qué atenerse: si este será el país de los D’Elía o el país en donde compañías del porte de las mencionadas pueden apostar a un futuro de crecimiento y de desarrollo.

Cristina Kirchner ha dicho que su modelo es el de la “acumulación”. Ese es un concepto interesante pero que se suena a repetición simpática de términos “económicamente correctos”. Así como existe lo “políticamente correcto”, también surge, en épocas electorales, el uso de términos y conceptos que “quedan bien” en determinadas tribunas. Pero el uso vacío de contenido y sin explicación debería no engañar a nadie. ¿A qué acumulación se refiere Cristina?, ¿a la del país?, ¿o a la de un grupo de amigos y allegados tocados por la extensión de la misma varita mágica que ya se encargó de enriquecer al círculo propio? Si se refiere a la del país, ¿acaso piensa, por ventura, que con adláteres como D’Elía, los que podrían contribuir a ese proceso llegarán al país o, incluso, permanecerán en él?

La candidata debería, de una vez por todas, (si fuera cierto que representa un giro civilizado a las crispaciones de su marido) hablar claro y enviar a estos aprendices de revolucionarios de segunda categoría a ocupar el lugar que nunca debieron dejar: el de los charlatanes de feria, el de aquellos que no saben hacer otra cosa que insuflar odio y envidia a las ya suficientemente atribuladas mentes argentinas.

Si la senadora Kirchner está dispuesta a aceptar que un ignorante publicite su supuesta “capacidad operativa” para movilizar fuerzas que obstruyan el trabajo de los que han arriesgado capital en la Argentina, habrá dado una señal inicial inequívoca: que ella es más de lo mismo. Es más aislamiento, es más pobreza, es más resentimiento, es más injusticia, es más fuerza y menos Derecho, es más bananerismo y menos civilización, es más pasado y menos futuro.

La concentración de la riqueza en pocas manos ha tenido en los últimos años el proceso más fantástico de profundización que se recuerde en la historia económica argentina. Los nombres de los cinco o seis bendecidos son siempre los mismos. No hay rumor de “negocio” que no cuente con sus ruidos. La salida de Esso, una compañía con más de 90 años de historia en el país y que emplea a más de tres mil personas, seguramente iniciará otra especulación sobre quien se alzará con los beneficios de esta victoria sobre las huestes del imperialismo de la CIA. El botín volverá a repartirse entre los de siempre, mientras la melodía de la mentira nacional y popular volverá a atronar los oídos impávidos de los argentinos que, a lo mejor, seguirán creyendo que D’Elía y la silente Cristina los defienden de las garras insaciables del capitalismo. © www.economiaparatodos.com.ar


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