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Lunes 12 de enero de 2015

Charlie Hebdo. (Incultura contra cultura)

Charlie Hebdo. (Incultura contra cultura)

Hechos trágicos como el atentado contra la revista humorística ‘Charlie Hebdo’, sirven para poner de manifiesto las diferentes reacciones de la gente, de las sociedades y de los países

Florencia Saintout, decana de la Facultad de periodismo y comunicación social de la Universidad de La Plata intentó conceptualizar el hecho para encontrarle algún tipo de comprensión en un contexto de conflictividad. Sin embargo comparto su opinión, pero con otros fundamentos, cuando dijo que &"Decir que es un atentando a la libertad de expresión es un reduccionismo interesado&".

En mi opinión se trata de crímenes que si bien en este caso se cometieron contra periodistas de un medio humorístico, se podría haber atentado contra cualquier persona que estuviera leyendo ese medio o contra pasajeros de un medio de transporte, como ya ha ocurrido y me viene el caso del 11M en Madrid o el de las torres gemelas el 11S en el que un medio de transporte se usó como arma fatal.

Creo que la cosa es diferente estamos en presencia de hechos “contraculturales”.

No me parece serio decir que los “terroristas” era musulmanes fundamentalistas o creyentes fanáticos, ni que se comportaron como “nazis” o “fascistas”, ese razonamiento me parece un “reduccionismo interesado”.

Este atentado, como otros ocurridos y los que vendrán, porque desgraciadamente en la vida sencillamente no existe “lo último”, decía que a este atentado lo ubico en otra perspectiva que es la lucha, por darle un nombre, entre la “cultura” y la “incultura”.

La cultura, y en cierto modo la “incultura” es una forma, diría errónea, de la “cultura”, es un sistema de convicciones que guía nuestra existencia como lo decía Ortega en “Misión de la Universidad”. Opúsculo que debería ser de lectura obligatoria en todo establecimiento educativo.

Continuando con Ortega, “cultura es un sistema vital de las ideas en cada tiempo”, y estas son o deberían ser “convicciones positivas sobre lo que son las cosas y el mundo”

La vida no se vive sin ideas, pero las ideas deben responder a ciertos valores, siendo quizás el esencial “la defensa de la vida”.

Cuando las ideas se enferman, porque quizás más que “incultura” deberíamos pensar en una “cultura enferma”, el hombre, mas allá de las creencias que crea practicar o en las que deposite su fe, pierde el “sentido de las cosas y del mundo” y pierde lo que llamaría “el sentido de la vida”

La cultura debería salvarnos del “…naufragio vital, lo que le permite al hombre vivir sin que su vida sea tragedia sin sentido o radical envilecimiento…”

El terrorista o el subversivo o el fanático o fundamentalista, como quieran llamarlo, es una persona cuya vida tiene un sentido trágico y un contenido envilecido, por eso, aunque parezca un oxímoron, se considera a la vida, sin valor “vital”.

Hoy como también lo insinuaba Ortega en la década del 30 del siglo pasado, estamos dominados por los “sabios bárbaros”, que desde su especialidad o conocimiento desafían y menosprecian a la “sabiduría” o a eso que llamamos “CULTURA”.

Pasa con los economistas que como escribió Edgard Morín, hicieron de su saber una ciencia casi perfecta, sin contenido social. Las personas pasan a ser un número de una estadística y ciertos “quintiles” de la población estarán mejor y otros peores. Este éxito del razonamiento “frío” enferma a la verdadera “cultura”, la del sentido y la de los valores.

Creo que la cuestión del “aborto” es emblemática. Si se lo considera un “derecho”, como se reclama y como lo han consagrado algunas legislaciones, se acepta la aplicación de la “pena de muerte” contra alguien absolutamente indefenso. Pues bien si se admite legalmente que se puede matar a un ser en gestación, ¿porque no se podrá matar a una persona cualquiera, sea periodista, médico, político o pordiosero…?

Hablamos del derecho al “escrache” como Miguel Bonasso, relata en su último libro el modo en que lo preparó en Pinamar contra el famoso “tigre Acosta”, que aunque fuera el criminal más perverso, tiene derecho a un juicio justo y el “escrache” es una expresión de venganza personal y facciosa. Es lo “anti institucional” y el anti derecho. Recordemos que no hay persona sin derechos.

Parecería que nuestra “cultura” la “cultura enferma” generó un derecho al terrorismo, pero el combate contra el terrorismo sería ilegitimo.

Los autores del atentado contra “Charlie Hebdo”, como los de las torres gemelas, como el de la AMIA y tantos otros, son personas fruto de nuestros desvaríos, de nuestro desprecio por ese sistema vital de ideas que nos guía para evitar que la vida sea una tragedia y un envilecimiento.

El atentado en verdad, como todos los atentados, los estamos causando “nosotros”, porque son fruto de nuestra enfermedad cultural.

Dejémonos de hipocresías y con Lady Macbeth podríamos decir “…Quisieras conseguir por medios lícitos un fin injusto y coger el fruto de la traición sin ser traidor…”

Así es nuestra sociedad universal, estamos traicionando a nuestra cultura y con Macbeth admitamos que ocultamos “…con traidora máscara, nuestro semblante, lo que maquina el alma”, diría nuestra cultura enferma.

Este mundo líquido hace que de lo mismo hacer una cosa que otra, vivir o matar…por eso la “cultura enferma” está ganando…y como decía aquel “western” italiano “Donde la vida nada vale, la muerte tiene un precio…”.

Es la “cultura enferma” ¿no nos damos cuenta….?