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jueves 2 de septiembre de 2004

Chechenia elige autoridades en medio de una renovada violencia

En unas elecciones no del todo libres y luego del atentado contra dos aviones rusos –del que todavía no hay muchas precisiones–, el pueblo chechenio eligió a su nuevo presidente. El futuro luce complicado, tanto en los aspectos políticos como económicos.

Como cabía suponer, las recientes elecciones en Chechenia consagraron a Alu Alkhanov como presidente de la devastada república rusa. Así lo dispuso el voto popular, al que tuvieron acceso mas de medio millón de chechenios, pese a que el ejercicio -apadrinado visiblemente desde el Kremlin- estuvo lejos de ser democrático.

Alkhanov sucederá así a Akhmed Kadyrov, quien fuera asesinado por el terrorismo separatista local, en mayo pasado. Pero poco habrá de cambiar políticamente, desde que Alkhanov –que responde a Vladimir Putin– era nada menos que el ministro del Interior del fallecido Kadyrov. Del “mismo palo”, entonces.

Alu Alkhanov nació en Kazakhstan, en 1947. Se graduó en la Academia Soviética de Policía y, desde 1996 al año 2000, estuvo viviendo en Rusia, en carácter de refugiado, por su abierta enemistad con los separatistas.

Una tarea compleja

Las elecciones realizadas en la convulsionada Chechenia no fueron realmente libres. Pese a lo cual, proyectan alguna legitimidad mínima sobre la figura del nuevo presidente, que no aparece entonces como un “títere” obvio de los rusos, desde que algo de apoyo ciudadano local ha obtenido.

Alkhanov deberá ahora gobernar –desde Grozny, la asediada capital de Chechenia– a un país altamente peligroso, sumido en el caos económico y social, y como si eso fuera poco, con el propio hijo de su antecesor, Kadyrov (jefe de una dura milicia local), quien endiosara abiertamente a Vahu Visaev, su rival en las elecciones, ubicado políticamente “en la vereda de enfrente”. Complicado.

La propuesta central de Alkhanov es de contenido económico. Bien simple: la prioridad absoluta debe ser la de esforzarse –todos juntos– en la tarea de reconstruir a Chechenia: fomentar la inversión, crear oportunidades de trabajo, normalizar la vida cotidiana y ordenar la explotación de los recursos naturales del sufrido país, empezando por los hidrocarburos.

Para tener éxito, deberá atraer –de regreso– a la extendida diáspora chechenia, que emigró como consecuencia de la tremenda inseguridad que se ha apoderado de su país. Lo que no será nada sencillo.

La permanente cuestión de la representatividad

Necesariamente tendrá también que enfrentar el gran problema político chechenio: el de la representatividad.

El primer paso apunta a materializar la varias veces demorada elección del parlamento local. Lo que supone asegurar la presencia, en su seno, de los muchos clanes en los que se divide su sociedad.

Para esto, el diálogo con el actual jefe del movimiento nacionalista e independentista, esto es con Aslan Maskhadov, que alguna vez fuera presidente de Chechenia, es indispensable. Sin él, que considera que las elecciones han sido tan solo una farsa más, no habrá reconciliación factible.

Alkhanov ha anunciado que está abierto a ello, lo que es positivo e inteligente. Pero para bailar un tango hacen falta dos y el popular Aslan Maskhadov, que encarna la resistencia violenta de los chechenios, todavía no ha hecho señal alguna acerca de una posible reconciliación, en el corto plazo.

Chechenia se declaró independiente en 1991, pero ello se tronchó en 1994 con una invasión violenta del ejército ruso, que continuó hasta 1996 y culminó con la humillante retirada del invasor.

No obstante, en 1999 Rusia volvió a implementar una cruenta ofensiva militar. Con éxito esta segunda vez, la que está aún en curso.

Una región que es un tembladeral

En materia de relaciones con sus vecinos, las cosas para el nuevo presidente lucen especialmente difíciles.

En efecto, al oeste Chechenia linda con dos regiones también muy conmocionadas por el fundamentalismo, que ha encendido también allí los esfuerzos separatistas: Ingushetia y Kabardino-Balkaria.

Al este está, en cambio, Dagestán, también dividida en una dura lucha interna entre los clanes que la componen, con importante influencia del terrorismo.

Para peor, al sur está Georgia, país que ahora trata de recuperar rápidamente su integridad territorial. Lo que supone, entre otras cosas, volver a ejercer su autoridad sobre Ossetia del Sur. En este último caso, para complicar más las cosas, cabe destacar que el rival de Alkhanov, Aslan Maskhadov–, está allí aparentemente activo, con apariciones en la televisión en las que llama a la rebelión contra los rusos, lo que desestabilizaría rápidamente a ese complicado rincón de la renovada Georgia. Y generaría otra “intervención” armada, bien compleja.

Mientras tanto, a la manera de cruel “recordatorio”, el terrorismo fundamentalista chechenio acaba de consumar dos nuevos atentados contra dos aviones comerciales de línea, provocando casi un centenar de víctimas civiles inocentes. Sus autoras han aparentemente sido dos mujeres (las llamadas “viudas negras”) que viajaban envueltas en explosivos, que habrían hecho detonar en los baños de las aeronaves. El mensaje de terror está claramente dirigido a las autoridades rusas que –con un nuevo tinte autoritario– sigue encabezando Vladimir Putin. Porque se oponen a los esfuerzos secesionistas que alienta el fundamentalismo chechenio.

Mientras tanto, Chechenia debe dejar de ser lo que es hoy: el epicentro de la violencia regional. Este es, en rigor, el gran desafío. Sin alcanzar un ambiente mínimo de paz y tranquilidad todo lucirá frágil y endeble y serán pocos quienes estén dispuestos a apostar a favor del futuro del país. © www.economiaparatodos.com.ar



Emilio Cárdenas es ex Representante Permanente de la Argentina ante las Naciones Unidas.




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