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EPT | May 23, 2019

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Jueves 23 de noviembre de 2006

Chávez imita a Rovira y puede terminar como él

Sin importarle la ética ni el qué dirán, el presidente venezolano está recurriendo a los fondos públicos para ganar el apoyo popular en las elecciones en las que intentará renovar su mandato.

Venezuela camina raudamente hacia elecciones decisivas. Me refiero a las presidenciales, que tendrán lugar el próximo 3 de diciembre.

Hugo Chávez ya ha dicho (no muy democráticamente, como es su estilo) que “si pierde, habrá rebelión”. Es posible que lo intente. Pero si lo hace, cabe predecir que terminará como López Obrador en México: no solamente derrotado por el pueblo, sino absolutamente desprestigiado a sus ojos.

Mientras tanto, Chávez (un líder claramente autoritario, que practica un populismo torpe e irrefrenable) imita algunas de las “prácticas preelectorales” del gobernador de Misiones en su fallido intento por retener para siempre el poder local, desde que –a solo un mes de las elecciones– adelantó (casualmente, en términos de oportunidad) el pago de tres aguinaldos navideños a los empleados públicos, pensionados y jubilados. Incluyendo, por cierto, a la “clase privilegiada”: esto es a los militares de su país, a los que, desde el bolsillo, mantiene siempre satisfechos. Para evitar sorpresas, seguramente.

Chávez ya pagó dos de los aguinaldos prometidos y una semana antes de las elecciones (como recordatorio) pagará el tercero. Como cuando, en Misiones, se entregaban a los jubilados las partes de arriba de dentaduras postizas, prometiendo entregar las partes de abajo si el oficialismo ganaba. O como cuando, siempre en Misiones, se distribuía una zapatilla, señalando que la del otro pie se entregaría después de los comicios. Bien parecido, entonces.

Para Chávez éste fue el inicio temprano de una Navidad pagana, como él. Los aguinaldos se están pagando desde la administración central y desde las gobernaciones y municipalidades que son del “mismo palo”. Desde las otras, no.

Para el patológico “bolivariano” no parece haber realmente diferencias –ni fronteras– entre un acto público y uno de campaña. Todo es lo mismo. Todo es igual. Todo vale, sin fronteras morales, ni éticas, si de retener el poder se trata.

Y, en particular, de esconder el estrepitoso fracaso que Venezuela acaba de tener en la búsqueda (infructuosa) de un asiento no-permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidos, en la que invirtió muchos petrodólares.

Allí, nuestra administración y, en rigor, el MERCOSUR todo (que tuvo la torpeza de endosar a un claro “perdedor nato”) comparten el fracaso de Chávez, que afecta adversamente la imagen de la región en su conjunto. Y pensar que nuestro curioso Néstor Kirchner creyó que si él le explicaba a los parlamentarios españoles lo “buena gente” que es Chávez, los hispánicos se encolumnarían fácilmente tras él. Solícitamente, suponía. Lo que naturalmente no ocurrió, porque los españoles saben qué puntos calza realmente el resentido venezolano y qué es lo que, con su visión de las cosas y de sí mismo, es capaz de hacer.

Chávez gastará desembozadamente este año electoral nada menos que un 30% más de lo que se había previsto en el respectivo presupuesto de la Nación. Todo un apartamiento de las previsiones legales. No obstante, como sucedió con el gobernador Rovira en nuestra corajuda Misiones, todo “cabe” cuando de buscar un nuevo mandato presidencial de seis años se trata. En la Venezuela de hoy, por cierto.

Pero Chávez se enfrenta a un político de raza. Me refiero a Manuel Rosales, el gobernador del estado de Zulia, quien ya lo derrotó (en su tierra) dos veces y que ahora tiene tras de sí una oposición unificada, que dará batalla. Y que si esta vez las urnas electrónicas no se “cargan”, puede llegar a derrotarlo.

Venezuela dejaría así atrás a lo que también allí podríamos denominar como a la “patria prepotente”. Según ellos, “bolivariana”. Para nosotros, “prepotente”, que no es –para nada– lo mismo. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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