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Jueves 3 de enero de 2008

Corea del Sur, cansada, se saca de encima a la izquierda

Tras una década de sucesivos gobiernos de izquierda, los surcoreanos acaban de elegir como presidente al candidato conservador.

Hace ya cinco años, un “progresista” de izquierda, Roh Moo-hyun, era elegido por su pueblo como Presidente de Corea del Sur. Alcanzó entonces la primera magistratura de su país impulsado por el voto de un electorado fácilmente cautivado por su avalancha de promesas populistas y por su encendida retórica anti-empresaria, que no cesaba de castigar a las llamadas “chaebols” (nombre con el que se conoce a los conglomerados surcoreanos), culpándolas de todos los males que describía.

Hoy, tras una década de sucesivos gobiernos de izquierda, los surcoreanos, cansados y frustrados, acaban de rechazarlos, en lo que luce como un giro político realmente dramático. El conservador Lee Myung-bak, con casi la mitad de los votos -esto es el 48,6%- derrotó ampliamente a su rival, el candidato de la izquierda, Cheng Dong-Young, que logró el 26,2% y a otro oponente, el también conservador, Lee Hoy-chang, que obtuvo el 15,1%.

El ganador es un empresario. Nacido en Osaka, Japón, Lee fue, sucesivamente, empleado de Hyundai (grupo al que ingresó en 1965, cuando tenía 24 años), para alcanzar luego la presidencia de su brazo siderúrgico, en 1978, y la de su enorme unidad de construcción, en 1988. Desde 1992 está en política, habiéndose desempeñado como legislador desde 1992 a 1998. Asumirá la presidencia de Corea del Sur el 25 de febrero de 2008.

Su mensaje electoral no anduvo con medias tintas, fue claro y rotundo: “Yo me desempeñé en la economía real, en consecuencia no digo pavadas con sentido político”. Como tantos.

En lugar de amedrentar e intimidar a los empresarios, como si estos fueran todos pusilánimes, pensando que así se alienta a la inversión (lo que ha quedado demostrado que ciertamente no es así), Lee propone, en cambio, bajar la carga impositiva y des-regular profundamente el funcionamiento de las empresas, especialmente de las del sector financiero, lo que por supuesto no es lo mismo que dejar de controlarlas.

Para que nadie se equivoque, la presión impositiva sobre las utilidades de las empresas surcoreanas es del 25%, la propuesta es reducirla al 20%. Qué distinto a lo que ocurre en la Argentina, donde la presión impositiva es sustancialmente mayor, y sin embargo nadie se preocupa por ello, quizás porque así se da de comer (y engordar) a una clase política (y a su correlativa burocracia) que castra efectivamente al crecimiento del país.

Además, Lee propuso mejorar sustancialmente la inversión en infraestructura, para modernizar definitivamente a un país que está ya entre los más poderosos del mundo.

A la gente le prometió lo que el populismo es incapaz de hacer (y el socialismo, mucho menos, como enseña la experiencia de Cuba, cuyo pueblo vive sumergido en la miseria y en el atraso), o sea mejorar su ingreso per cápita. Llevarlo de los 18.000 dólares actuales a unos 30.000 dólares promedio al final de su mandato de cinco años.

Para ello, Corea del Sur (que crece a un 4,5% por año) deberá crecer a tasas del orden del 7% anual (como ocurre con otros países de Asia).

Hasta ahora el principal obstáculo han sido (cuando no) los sindicatos y sus intereses. Curiosamente una de las dos centrales obreras apoyó a Lee, ante la evidencia de que el populismo había esclerotizado a la economía de Corea del Sur. Pese a que ha prometido flexibilizar las normas laborales, ha dicho que procurará hacerlo por consenso, lo que sería todo un milagro. Para mejorar el empleo Lee ha prometido incentivos tributarios a aquellas empresas que creen nuevos puestos de trabajo.

Corea del Sur nos hace soñar con que, en política no hay mal que dure cien años. En todo caso, más concretamente, que el mal del populismo se destiñe (o puede eliminarse a través de las urnas) en el plazo de una década.

Pero cuidado, para poder librarse de él, la gente necesita de un mínimo de democracia real que garantice el buen funcionamiento de las instituciones, incluyendo el de un Poder Judicial independiente; una prensa realmente libre; que no haya ingerencia directa de Estados extranjeros (como Venezuela) en los asuntos internos del país; y que no se recurra solapadamente al autoritarismo, que no se abuse del poder de policía administrativo; que no se siembren arteramente resentimientos de modo de despedazar el plexo social; y que el gobierno no sea solo una mafia más. No es poco. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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