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Jueves 15 de febrero de 2007

Cristina presidenta

Las recientes declaraciones de la senadora por la provincia de Buenos Aires acerca del Holocausto y la década del ’70 no sólo son inesperadas, sino que causan temor porque revelan la exageración y la falta de contacto con la realidad de la persona que podría llegar a convertirse en presidenta del país en las próximas elecciones.

Las declaraciones de Cristina Kirchner en Francia, equiparando la lucha antiterrorista de los años ’70 en la Argentina con el Holocausto perpetrado por el nazismo, son asombrosas y, al mismo tiempo, atemorizantes. La señora de Kirchner no es “alguien cualquiera”. Es, según todas las informaciones disponibles, la más probable presidenta de la Nación desde el próximo 10 de diciembre. Que la futura presidenta incurra en semejante dislate es sumamente preocupante, no por el alcance de las declaraciones en sí, sino por lo que esas expresiones implican en cuanto a concepción intelectual.

No vamos aquí a abrir un debate acerca de la represión al terrorismo durante los años ’70. No ha llegado aún el momento oportuno para desmitificar las falsedades que se han instituido como “la historia oficial” sobre ese tema. Las pasiones que la cuestión despierta son todavía demasiado intensas como para tratar de presentar una versión de esa historia que se ajuste a la verdad. Pero la pretensión de asimilar la Argentina de los años ’70 al Holocausto es un disparate tan desmedido como podría ser, por mencionar un ejemplo absurdo, intentar cruzar el Atlántico en canoa.

En el Holocausto se calcula que murieron unas seis millones de personas y la guerra que la locura hitlerista desencadenó costó aproximadamente 50 millones de vidas. Cualquiera sea la versión que se quiera dar sobre lo sucedido en la Argentina en la década del ’70, la falta de equivalencia con el Holocausto es tan abrumadora que resulta increíble y a la vez sumamente peligroso que alguien en condiciones de acceder a la presidencia de la Nación establezca un paralelismo entre ambos hechos.

Una persona que incurre en semejante exageración, situada ante la perspectiva concreta de tener que gobernar el país y hacer frente a las cuestiones conflictivas que el ejercicio del gobierno implica, presumiblemente actuará con un grado de descontrol que provoca mucho temor en razón de las consecuencias que de ello seguramente se derivarán. Las declaraciones de Cristina Kirchner reflejan un tan alto grado de falta de contacto con la realidad que provoca verdaderamente miedo. Si la señora de Kirchner fuera simplemente un ama de casa, el tema no tendría mayores consecuencias que un problema familiar. Pero si quien se “bandea” de ese modo accede al Poder Ejecutivo de la Nación… estaremos verdaderamente en problemas.

Cristina Kirchner siempre fue una persona con una personalidad impulsiva, vehemente, agresiva y con nítidos perfiles autoritarios. Cuando su marido accedió a la presidencia, por razones que no se conocen públicamente, “bajó su perfil”. Ahora que está lanzada a la carrera presidencial, está nuevamente elevando su presencia pública y, además, envanecida por la relevancia personal que se encamina a obtener, está incluso más avasallante de lo mucho que ya lo era previamente.

El porvenir de nuestro país está empezando a ponerse verdaderamente oscuro y las consecuencias de todo esto son imprevisibles. No es el propósito de estas líneas bajar un discurso irracionalmente alarmista. Pero las informaciones disponibles llevan, inexorablemente, a percibir el futuro con una mirada de mucha preocupación. La situación política, económica y social podría volver a desestabilizarse. La alternativa de que surja una fuerza de oposición en condiciones de competir electoralmente con el kirchnerismo no ha prosperado, no se ha concretado, aunque se trata de una hipótesis que no está absolutamente descartada. Por el momento, sin embargo, no hay datos apreciables de que esa iniciativa vaya a prosperar. En ese contexto, la candidatura presidencial de Cristina Kirchner se perfila como la perspectiva más verosímil en cuanto a la continuidad política del país.

El paso del tiempo aclarará cómo puedan desarrollarse los acontecimientos. Sería de desear que las visiones pesimistas que estamos obligados a ofrecer desde estas líneas no se cumplan. Nadie –y menos que nadie quien escribe– desea que el país se desbarranque. Nadie se beneficia con eso, salvo –quizá– algunos especuladores inescrupulosos. El problema es que no aparecen argumentos para tener una visión positiva del futuro. Si todos los caminos que se siguen, si todas las decisiones que se toman son desacertados, es inexorable que el efecto final sea una catástrofe. Quienes hemos visto ya muchas veces la forma en la que terminan los procesos políticos en nuestro país –en particular ese tipo de procesos políticos que tienen una cierta cuota de éxito inicial, como característicamente lo es el que estamos transitando– no podemos menos que expresar una preocupación basada en las experiencias anteriores. Por supuesto que no hay razón alguna por la cual las experiencias pasadas deban repetirse inexorablemente. La historia nunca se repite por completo y bien podría suceder que, antes de que el colapso se produzca, haya un cambio de rumbo que corrija los errores y evite que desemboquemos en el caos. Pero ese cambio de rumbo, que es la condición inexorable que debe producirse para que el país despegue, aún no se ha producido y no se vislumbra cómo podría producirse. Por eso no nos queda más alternativa que lanzar esta visión pesimista y esta expresión preocupada.

Ojalá el rumbo de los acontecimientos se modifique y encontremos argumentos para fundamentar una visión más optimista y esperanzadora. Por el momento, esos argumentos son inexistentes y sería una irresponsabilidad –una más– no hacer una descripción objetiva de la realidad, aunque esa descripción nos obligue a trazar un cuadro de colores sombríos. Serán los hechos los que determinarán si las circunstancias ameritan la pintura de un cuadro con matices más agradables. Por ahora, nada de eso es posible. © www.economiaparatodos.com.ar


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