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Miércoles 5 de noviembre de 2014

¿Cualquier ‘pilcha’ le queda bien?

¿Cualquier ‘pilcha’ le queda bien?

Como en la anécdota del borracho, la Presidente no parece estar dispuesta a cambiar su esencia y solo intenta que sus fanáticos admiradores piensen que cualquier ‘pilcha’ le queda bien, para seguir aplaudiéndola con fervor

Cuenta el imaginero popular que un alcohólico concurría a un mismo bar diariamente para efectuar sus libaciones. Frente a él y tras el mostrador en el que se acodaba, el dueño del negocio había colgado una foto ampliada de Carlos Gardel.

A medida que el licor le hacía efecto, el beodo consuetudinario alzaba su copa y elevando la mirada hacia el retrato del ídolo popular exclamaba con unción: “Macho, ¡qué grande sos!”, para expresar así su admiración sin límites por el difunto artista.

Esto ocurrió al parecer durante muchos meses, hasta que el propietario del lugar, harto de este incómodo “festejo”, decidió reemplazar el cuadro. Al revisar el desván de su cantina, encontró entonces otro retrato en el que aparecía Napoleón con tricornio y uniforme de guerra, que decidió ubicar en el mismo sitio.

Al día siguiente, llegó el borracho como siempre y pidió su habitual copa de ginebra. Al alzarla y mirar el nuevo cuadro, titubeó un instante como dudando, tras lo cual exclamó, con la misma unción de siempre: “Macho, ¡que grande sos! ¡cualquier “pilcha” te queda bien!”

Esta anécdota refleja con bastante precisión a quienes, aún hoy, siguen “festejando” a Cristina Fernández cuando se planta frente a un micrófono y hace alarde de una “universalidad” cultural que espanta.

No obstante ello, y como el bebedor compulsivo del cuento, sus admiradores alzan su copa y aplauden, creyendo tener al frente al mismo Luis XIV en su apogeo, sin cuestionar las mutaciones de la “festejada” que luce alternativamente como estatista o privatista, retadora o seductora, historiadora o abogada exitosa, arquitecta egipcia o émula de Napoleón Bonaparte, alimentando de tal manera la fantasía de quienes la idolatran ciegamente.

Solo la necesidad de mantener un status de privilegio en la “corte imperial”, puede explicar el servilismo de quienes aún “baten el parche” en honor de alguien que sigue pintando la naturaleza de las cosas según se lo sugiera el humor que la acompañe cada día.

Ya no se viste de luto como lo hacía después de la muerte de Néstor, sino que exhibe un extenso vestuario –un conjunto diferente para cada día-, que parecería ser la verdadera razón de sus apariciones ante un público adicto y servil, mientras ataca con furia a todos aquellos que no participan de los “contenidos” de sus ¿brillantes? alocuciones. La gran mayoría de ellas son para festejar hasta ¡SIETE y OCHO VECES! el comienzo de una misma obra pública que aún hoy permanece inconclusa; como ha ocurrido, por ejemplo, con el gasoducto del norte argentino.

Como en la anécdota del borracho, la Presidente no parece estar dispuesta a cambiar su esencia y solo intenta que sus fanáticos admiradores piensen que cualquier “pilcha” le queda bien, para seguir aplaudiéndola con fervor.

No sabemos si es abogada o no. Por los indicios que van apareciendo y las fechas que se manejan respecto de su “huída” presurosa a Santa Cruz siendo una jovencita, parecería que no lo es. Pero eso no le importa a nadie dentro del Frente para la Victoria; porque si no tiene el título lo fraguará algún día, sin que esto consiga disimular la liviandad de sus juicios de abogada “sui generis”, que dan motivo para pensar que solo un alcohólico podría confundirla eventualmente con un letrado.

Al respecto de la insoportable levedad de Cristina, nos viene a la memoria una frase de Balmes, que juzgamos sumamente oportuna para ella: “el saber es muy costoso y la vida muy breve; y, sin embargo, vemos con dolor que se desparraman las facultades del hombre hacia mil objetos diferentes, halagando a un tiempo su vanidad y su pereza. La vanidad, porque de esta suerte se adquiere la reputación de sabio; la pereza, porque es harto más trabajoso el fijarse sobre una materia y dominarla, que no el adquirir nociones superficiales sobre todos los ramos”.

Palabras del siglo XIX dedicadas premonitoriamente a la “universalidad” de algunas ¿personalidades? del siglo XXI.

En eso estamos, mientras el país se inunda hasta la cintura cuando llueve por la inacción hidráulica del kirchnerismo y su gobierno nos sigue ganando enemigos internacionales de cara al futuro. Porque quieran cobrarnos lo que debemos, O POR LO QUE SE LE OCURRA A CRISTINA.

“Sé gual”, diría el inolvidable Minguito Tinguitela.