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lunes 1 de junio de 2009

¡Desagradecidos!

Los argentinos no agradecemos suficientemente la cuota diaria de entretenimiento, grotesco, morbo e incertidumbre que nos regala la dirigencia política.

Nada le interesa tanto a la sociedad que dilucidar el pensamiento oculto de las “patronales rurales” como sostienen algunos kirchneristas desvelados en adivinar si fue Hugo Biolcatti o Francisco de Narváez quien ideó los escraches a los candidatos oficiales. Funcionarios que, a su vez, abandonaron sus cargos para dedicarse al proselitismo: ¡otro de los máximos intereses del pueblo argentino!

También nos atrae muchísimo ver cómo se matan y lastiman hombres, mujeres y niños en una suerte de batalla campal por unos terrenos o algo similar, ya que no ha habido explicación válida para lo acontecido el pasado viernes en Lanús: uno de los distritos que más atrae a candidatos, aunque dicho interés culmine cuando la elección pasa de lado.

Esta escenografía recuerda otras ya vividas, y obra como alerta de lo que vendrá -no si mantiene o pierde la mayoría el matrimonio presidencial-, sino si se continúa en este rumbo de colisión donde, a la sociedad, se la divide en grupos antagónicos, como si el pueblo no tuviera un único propósito: paz y armonía. En rigor, un país mejor. Mejor para la oligarquía y para los marginados, para los residentes en countries y para aquellos otros que aún conservan la ingenuidad haciendo largas filas mientras esperan un crédito hipotecario que es sabido no llegará (como no llegaron los lanzados en el 2006, ni el tren bala llegó a Rosario, o recibió el Club de Paris el pago “cash” de lo adeudado).

De hecho, todo puede reducirse a un recitado vacío del actual gobierno cuando habla de la redistribución del ingreso. Paradójicamente, el slogan más aclamado de los Kichner, es el que no existe tras 6 años de mayoría en el Congreso, es decir: de gobernabilidad según ellos.

Pero continuando con las demandas de la gente que, desde luego, son el ‘leit motiv’ de la dirigencia podemos aducir que nos atrae el lenguaje procaz del ministro de Seguridad que obra como vocero en vez de concentrarse en disminuir el índice o la “sensación” de inseguridad. “Sensación” como la que expresara el mismísimo Jorge Rivas jurando como diputado nacional, ante el responsable de velar por la integridad física de todos, que sólo se limitaba a aplaudir con absoluta desvergüenza e impunidad.

Salta a la vista que, la ciudadanía, requiere espectáculos mediáticos en lugar de políticas de Estado. Eso explica por ejemplo que, el Ministro del Interior -en vez de ocuparse en garantizar la transparencia de los comicios- se dedique a hacer de guardaespaldas del candidato oficial, y se pasee con éste por esa franja del conurbano convertida en la única Argentina que hoy contempla quién establece la agenda política.

Somos tan peculiares que buscamos, control remoto en mano, el canal que enfoque con precisión el beso de Néstor Kirchner con la señora sin dientes, parada en el barro que cerca su rancho, o la transmisión de los discursos de la Jefe de Estado, alias “Presidenta Coraje” (adjetivo atribuido seguramente por el cónyuge que debe soportar a diario) De no ser así, los medios –sin audiencia- apelarían a una programación distinta.

Asimismo, alegra presenciar las disputas entre candidatos -no de distintas fuerzas sino aliados-, tratando de convencernos que están unidos y firmes cuando no son capaces siquiera de acercarse para la foto o la filmación de la propaganda que se supone induce a votarlos. Convendría avisar a sus consejeros de imagen que todos creemos a pie juntillas que comulgan con idénticos propósitos, y los mueve únicamente la necesidad imperiosa de ocupar una banca para luchar por los intereses sociales.

Quizás no sea una mala idea que -aquellos que votamos- también protagonicemos un comercial donde gritemos a cuatro voces: “Les creemos”, para que no se esfuercen más en explicar hasta qué punto están unidos y pensando en el bienestar social.

Nos encanta, entre otras cosas, que pasen desapercibidas las violaciones, los asesinatos, los asaltos, y enterarnos posteriormente que quienes los perpetraron eran ex convictos con vastos prontuarios o en situación de libertad ‘condicional’ con “derechos humanos” que los protegen de la discriminación a la que son sometidos si se los llega a encarcelar por hechos mínimos. Total, ¿cuántas víctima hay ya? Una más o una menos lo mismo da.

Como si esto no fuera suficiente, también disfrutamos pegarnos a la radio para escuchar los descargos de ciertos jueces que dan interpretaciones en sánscrito de leyes preclaras para el común de la gente. Es decir, para aquellos que no tuvieron la gracia de estudiar en los claustros donde ellos se graduaron.

Y, más aún, debe agradarnos que sea la “justicia” quien defina hechos que deben resolverse en el Congreso, o incluso en las urnas en virtud de esa “democracia” que se jactan en defender, cuando no es más que un eufemismo que se justifica convocando, cada tanto, a votar por ellos o el caos…

Sería injusto no agradecer que se nos recuerde, una vez al mes, hasta qué punto estamos creciendo puesto que eso avala la necesidad de tener que canjear electrodomésticos cuando dice la Presidente, en vez de comprarlos voluntariamente, cuándo y cómo queramos. Si no tuviéramos el INDEC no habría motivo para descorchar alguna botella y encender velas al “modelo”, porque consumimos por menos plata, más de lo que antes, consumíamos en un año entero.

¡Y no saben hasta qué punto nos regodeamos cuando todos los que pagamos los impuestos leemos que les conmutan las multas a quienes no lo han hecho! A veces es increíble escuchar a los argentinos quejarse, de la noche a la mañana, cuando poseen una dirigencia que no hace más que pensar en ellos, y resolverles, rauda y eficazmente, sus problemas y deseos.

Quisimos que se vayan todos… ¡y todos se fueron! La culpa es nuestra si no aclaramos que no sólo debían irse de sus cargos, razón por la cual únicamente se fueron de un despacho a otro, del peronismo obsecuente al disidente, del alfonsinismo al radicalismo K, o de la alianza frepasista al ARI o a la Coalición Cívica.

No valoramos siquiera que, por ejemplo, Daniel Scioli haya huido de las huestes menemistas, duhaldistas, para inclinarse ahora ante las kirchneristas bastante extinguidas. Pero nosotros le pedimos que se fuera, y él se ha ido: dejó el Abasto y se instaló en provincia.

Está claro que nada nos convence, que somos insatisfechos natos: si tanto nos molestan, de pronto, los candidatos ‘testimoniales’, ‘eventuales’ y hasta algunos reales, ¿por qué no se oyeron las cacerolas, como sí se escucharon cuando molestaban las retenciones móviles, por ejemplo? La clase urbana es extraña: se enfada cuando gravan a la soja pero ni se inmuta cuando se le burlan en la cara proponiéndole votar a fantasmas.

Eso sí, protestamos en casa y deben soportarnos cónyuges, hijos, hermanos, y hasta taxistas o efímeros compañeros de fila en el supermercado. Lástima que ellos no puedan solucionar esa indigestión que provoca ser eternos incomprendidos por los políticos que nosotros mismos, o nuestros conciudadanos, votaron.

En definitiva, hasta debemos alegrarnos pues, ante este comienzo del mes electoral, nos hallamos sin saber todavía quiénes son candidatos aptos ni qué pretenden hacer si llegan al recinto. ¡Nos están convocando a participar en una suerte de sorpresa! ¡Nada tan divertido! En otro país no se consigue tamaño entretenimiento gratuito…

Mismo, ¿cómo no maravillarnos cuando nos sacan de la rutina para adentrarnos en un laberinto mágico? Hay que sortear obstáculos para poder llegar al trabajo. ¿O quién se anima a predecir que no habrá piqueteros, gremialistas, encapuchados cortando calles e impidiendo la llegada o la salida de la ciudad en esta previa electoral? Ni pensar en la ayuda de algún Teseo o Minotauro porque ni policía hay para defender el derecho soberano a transitar libremente por el territorio que habitamos.

Tal vez, cuál infantes caprichosos, pedimos tanto que no valoramos la enormidad de bienaventuranzas que nos dan las autoridades a diario. No agradecemos la dicha de la gripe porcina que nos quitó el dengue y el Chagas de encima, ni admitimos que todo cuánto pasa es lo que nosotros permitimos que pase por seguir en el hastío observando como los funcionarios juran cumplir con su deber porque “si así no lo hicieran Dios y la Patria” los demandarían.

En una de esas, todavía no nos quedó claro qué papel jugamos en este escenario, y estamos creídos que el Estado es Néstor y Cristina, y la Patria una entelequia ciega, sorda y muda como Shakira.

PD: Lamento defraudar a quienes esperaban un análisis con datos de quién ganará, pero a esta altura está visto que aquello que emerge de la realidad es un pueblo adormecido capaz de soportar hasta lo insoportable con tal de que haya pan y circo. © www.economiaparatodos.com.ar

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