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Martes 24 de mayo de 2005

Dos años de Kirchner: Duhalde lo hizo

El balance de los dos primeros años de gobierno de Néstor Kirchner arroja como resultado un país que ha perdido sus sueños de grandeza, que no respeta los derechos de los ciudadanos honestos y que se ha vuelto imprevisible, impresentable y prepotente ante los ojos del mundo.

Es muy probable que algunos sectores de la sociedad se sientan hoy muy contentos con la situación económica que están viviendo. Claro, luego de la brutal devaluación que implementó Duhalde, la transferencia de ingresos y patrimonios que produjo consiguió beneficiar a algunos sectores a costa, obviamente, de hacer estallar la pobreza, la indigencia y generar fenomenales pérdidas patrimoniales.

En estos dos años de gobierno, Kirchner ha mantenido el rumbo económico que le dejó Duhalde, limitándose a sostener esta regresiva distribución del ingreso y a expoliar a los contribuyentes. Sin embargo, esto no es lo más grave de los dos años de gobierno de Kirchner. Lo más grave, desde el punto de vista económico, es la total ausencia de un país con sueños de grandeza. La Argentina ha dejado de ser un país con espíritu de pujanza y progreso, para limitarse a convivir con la permanente decadencia. Es como si los argentinos nos conformáramos con aceptar un constante retroceso hasta llegar a transformarnos definitivamente en un típico país subdesarrollado sin más ambición que la de zafar el día a día.

Claro, esta persistente decadencia es el “paraíso” frente a la locura que vivimos a fines de 2001 y principios de 2002. Si nos comparamos contra ese piso, hoy estamos fantástico, porque, en vez de caer en picada, estamos cayendo más lentamente. ¡Éste ha sido todo el logro económico de Kirchner! Conseguir que nos estrellemos más lentamente.

Finalmente: ¿qué puede esperarse de un país que, para no caer en una crisis energética, debe tener la suerte de que en el invierno no haga mucho frío, que llueva y que, además, las precipitaciones se produzcan donde sea necesario para que las represas puedan generar energía? Hemos llegado al absurdo de que para conocer nuestro futuro económico de corto plazo tengamos que consultar con el pronosticador de turno del Servicio Meteorológico.

Sin embargo, la degradación económica no es lo más dramático de estos dos años, sino la división que ha generado Kirchner en la sociedad argentina. Lejos de venir a construir la paz y la concordia, Kirchner ha volcado todos sus esfuerzos en hacer lo imposible para dividirnos, persiguiendo a todo aquel que tenga un uniforme y mirando para otro lado al momento de recordar los asesinatos, las bombas y el terror que instauraron los supuestos jóvenes “idealistas” de los 70.

Ni qué hablar de sus enfrentamientos con la Iglesia Católica, de sus desplantes a presidentes y reyes y de sus acusaciones a quienes piensan distinto.

Hasta ahora hemos desperdiciado dos años discutiendo lo que ocurrió 30 años atrás en vez de debatir cómo construir el futuro: cómo sentar las bases para que el progreso y el bienestar de la población puedan transformarse en realidad en algún momento.

En estos dos años, Kirchner también ha mostrado una fenomenal rapidez para desaparecer en aquellos momentos en que evaluó que un acontecimiento podía rozarlo políticamente. Desapareció cuando Bloomberg congregó una impresionante manifestación frente al Congreso por la falta de seguridad. Se recluyó en el sur cuando se produjo la masacre de Cromagnon. Lejos de estar junto a la gente que estaba sufriendo, prefirió que su aliado político Ibarra asumiera todo el costo del desastre. Y cuando pocos días atrás, la justicia “garantista”, que él tanto impulsó, generó una fuerte indignación popular al dejar en libertad a Chabán, el presidente dio un triple salto mortal para tratar de caer parado denunciando el garantismo que él mismo había impulsado en el ámbito judicial. Y pensar que había dicho que no llegaba a la Casa de Gobierno para dejar en la puerta sus principios. Rápidamente los repudió cuando vio una reacción popular que le podía restar votos.

En estos dos años, la prepotencia y la falta de respeto por los derechos de los ciudadanos honestos que quieren trabajar en paz han reemplazado al Estado de Derecho. El orden jurídico ha sido pisoteado sin miramientos, prevaleciendo el “derecho” de la fuerza bruta. El que trabaja decentemente no sólo tiene que sostener a los piqueteros y a burócratas incapaces, sino que también tiene que bancarse que le impidan producir.

Por su escaso caudal electoral, Kirchner entró por la puerta trasera a la Casa de Gobierno gracias a los manejos que hizo Duhalde. Más por fruto de la casualidad que por la voluntad popular, Kirchner hoy ocupa el cargo de presidente. Lamentablemente, hasta ahora no ha sabido aprovechar esa carambola del destino que lo puso en el lugar en que está para construir un país.

La dupla Duhalde-Kirchner nos ha quitado el orgullo de ser argentinos. Desde el mundo hoy nos miran como a estafadores, gente que no respeta la palabra, un país que no cumple con los contratos, que no acepta los fallos judiciales a los que nosotros decidimos someternos en caso de controversias. A los ojos del mundo somos un país imprevisible, impresentable y prepotente.

Somos un país con un gobierno que se llena la boca con la palabra democracia pero se abraza con los déspotas del continente como Chávez y Fidel Castro. Mientras se bate el parche de los Derechos Humanos, el Gobierno se junta con un Fidel Castro que en sus décadas de dictadura no ha parado de asesinar y encarcelar a los que piensan distinto.

Somos un país con un presidente que dice sentirse hijo de una mujer que afirmó que el Museo de la Memoria no sirve si no se exhiben los fusiles con que asesinaban los terroristas. Es decir, tenemos un presidente que se siente hijo de una mujer que revindica el odio, la violencia y el crimen.

Kirchner acaba de afirmar que si en octubre la población no lo apoya con su voto, le va a resultar muy difícil gobernar, advirtiendo que los presidentes que perdieron las elecciones de medio término no lograron llegar al final de su mandato.

Señor presidente, por si no se dio cuenta, estamos esperando que deje de pelearse con todo el mundo y empiece a construir las bases para el desarrollo del país. Déjese de revolver el pasado y comience a construir un futuro. Es lo que todos estamos deseando. © www.economiaparatodos.com.ar




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