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Lunes 22 de febrero de 2010

Economía II

Si el Gobierno entiende que el capitalismo “no es otra cosa que consumo” es obvio que no logrará solucionar los problemas de la Argentina.

(La columna de la semana pasada se llamó “Economía I”. Pero la presidenta habló de nuevo, así que aquí va “Economía II”.)

No es extraño que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner adopte un tono doctoral para hablar de lo que menos sabe. Ya lo ha hecho otras veces intentado dar a entender que improvisa un discurso económico porque entiende de la materia y no necesita notas que la ayuden a decir cosas con sentido. Pero, evidentemente, la economía no es lo suyo. Tampoco la filosofía política, a juzgar por la definición del capitalismo que dio el viernes pasado en un acto en el Ministerio de Planificación. Resulta hasta irónico: pretender dar una clase de “capitalismo” en un ministerio de “planificación”. Pero, bueno, chistes aparte, la presidente se metió, como de costumbre, en un berenjenal catedrático al afirmar algunos conceptos que no son más que un conjunto de inexactitudes y errores teóricos, por decir lo menos.

Por empezar, Cristina Fernández de Kirchern dijo que “el capitalismo no es otra cosa que consumo”. ¿Así que el capitalismo no es otra cosa que consumo? ¿Y de dónde sacó eso, señora presidente?, ¿quién le acerco semejante definición? Porque si lo conoce podría ir echándolo a patadas del lugar que ocupa.

El capitalismo no es “otra-cosa-que” consumo. Ojo; me pongo de pie ante el consumo y soy el primero en condenar la peyorativa frase “sociedad de consumo” (que por otra parte sospecho que la presidente habrá usado más de una vez en sus contradicciones doctrinales). Sin embargo, el capitalismo no puede definirse por el lado del consumo y, mucho menos decir que “no-es-otra-cosa-que” consumo. El capitalismo es el brazo económico del liberalismo para que, con una eficiente utilización de los factores de la producción, se pueda producir más con menos. Es decir, el acento del capitalismo no es justamente el consumo sino la producción. No es la demanda sino la oferta. El consumo es un subproducto derivado, lógico y bienvenido de las condiciones que el capitalismo creo en el lado de la oferta económica. Pero no es su motor. Si hubiera solo “consumo” (en el entendimiento de la presidente de que “no-es-otra-cosa-mas-que-eso”) y las condiciones de oferta no se dieran, la catástrofe seria el único resultante.

La presidente dijo, entre otras equivocaciones, que el esfuerzo del gobierno se centra en mantener la demanda agregada "a través de infraestructura, del sostenimiento de la actividad económica, de la asignación universal, de los aumentos jubilatorios”, y que se busca sostener “el poder adquisitivo mediante aumento de salarios superiores a la inflación”, porque mantener el mismo salario siempre constituye una “política insolidaria”.

Resulta difícil saber por dónde empezar para poner un poco de orden en tanto error. Pero hagamos el intento.

Ya dijimos que el capitalismo es mas oferta que demanda. Fue la producción masiva de bienes la que posibilito un abaratamiento generalizado de los productos y con ello un acceso de mas y mas personas a mas y mas bienes. Obviamente el circulo virtuoso de una mayor producción a la que pueden acceder más personas produjo un efecto “bola de nieve” que es lo que se conoce como “desarrollo económico” en los países que lo han alcanzado. Pero repetimos, ese círculo virtuoso no es un confuso sinfín que no permite saber por donde empezó todo.

Aquí está muy clarito por donde empezó todo: todo empezó porque en determinados lugares (en los capitalistas) se crearon condiciones según las cuales los agentes tomadores de decisión volcaron sus recursos en un área geográfica determinada que les aseguraba unas condiciones jurídico-económicas (traídas por los principios del liberalismo clásico) en donde básicamente el producido de su trabajo no sería confiscado (en el buen romance Mujiquesco “Jugala acá que no te la van a expropiar).

La presidente podría leer cualquier obra que explique los palotes de la Revoluciona Industrial o el surgimiento de Sillicon Valley para tener un pantallazo rápido de estos conceptos y evitar caer en estas groserías que no le hacen bien ni a ella ni al país.

Ese proceso de acumulación de capital -porque con lo que se necesitaba invertir para producir un bien o un servicio se obtenía un resultado que cubría la inversión y generaba un sobrante- permitió (en los lugares en donde el capitalismo rige) reinvertir ese sobrante en más y mejores formas de utilizar los factores de producción, con lo que el proceso de producción masiva y de abaratamiento relativo del valor de los bienes, elevaba el nivel de vida medio de la población.

Decir que ese nivel de vida se mejora con aumentos nominales de salarios por encima de la inflación es una barbaridad económica de una magnitud tal que la presidente debería ahorrarse, primero para no pasar un papelón académico severo y segundo para no seguir insuflando la misma mentalidad inflacionaria que arruino este país desde que el peronismo lo adopto en la década del 40.

Todos esos “esfuerzos” que según la presidente hace el gobierno para hacer que se mantenga el nivel de demanda y el poder adquisitivo de los salarios producirán los efectos directamente contarios si no se advierte, justamente, que el capitalismo no es consumo sino “producción”, oferta, en otras palabras. Dicho esto de nuevo con ironía, ¡que paradójico que los defensores de la “producción y el trabajo” de repente endiosen la sucia mentalidad consumista!

Si las condiciones para que los tomadores de decisión, decidan, justamente, invertir recursos en la Argentina no cambian, para que, donde antes se hacían dos unidades de un bien ahora se hagan cuatro, y, al contrario la masa de bienes y servicios producidos se mantiene constante o incluso decrece, porque los estímulos a la inversión caen o no existen, todas aquellas políticas de insufle artificial de papeles pintados en los bolsillos de la gente, generara una inflación y una caída en el nivel de actividad que terminara por destruir a aquellos a lo que, según la presidente, mas se quiere ayudar.

La economía (e incluso, diría yo, los países mismos) no deben responder a la solidaridad o a la insolidaridad. Esos son saludables (o insaludables, según el caso) inclinaciones privadas de las personas (entre paréntesis me gustaría conocer la lista de contribuciones solidarias o “probono” del matrimonio Kirchner en su vida privada a instituciones de bien público o de caridad para medir esas calidades, según los bolsillos propios) pero no deben convertirse en patrones de decisión de las políticas públicas.

Las políticas públicas, justamente, deberían estar dirigidas solamente a garantizar la vigencia de un orden legal que asegure la propiedad, la independencia de la justicia, la perdurabilidad de las normas y la no confiscatoriedad de los impuestos. Una política económica (que mas que económica constituye la prevalencia de valores filosóficos no-económicos) de esa inclinación provocaría una inundación de inversiones de tal magnitud que el factor de producción nacional se multiplicaría varias veces. Eso aumentaría la producción, bajaría los precios, aumentaría el poder adquisitivo, fortalecería la moneda y generaría un clima de inversiones aun más propicio para que el espiral virtuoso siga profundizados.

Los salarios aumentarían no por ajustes decretados por el gobierno sino por una mejora en la productividad y en la eficiencia en el uso de los recursos disponibles y, con perdón de la palabra, las personas serian mas libres y mas independientes del gobierno para decidir por si que quieren hacer de sus vidas en lugar de andar deambulando en la dependencia de un plan de limosna gubernamental cuya parte del león ya sabemos en los bolsillos de quienes terminan.

Ya que la presidente -y los empresarios lo han confirmado- ha invitado a los tomadores de decisión en la Argentina para una reunión en Olivos esta semana, podría hacer un curso rápido, ayudada por su indudable inteligencia, y hablar de estos temas en lugar de insistir en obtener de ellos el apoyo para el uso indiscriminado de reservas utilizando el típico argumento prostibulario de ofrecerles plata y créditos baratos –como consignaron el viernes los medios de información- a cambio de que le den su “si” a los fondos del BCRA. Sería una buena oportunidad para hablar de economía con propiedad y evitar seguir alimentando una mentalidad de “compra de voluntades” con la plata ajena, que todo el país agradecerá. © www.economiaparatodos.com.ar


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