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EPT | January 19, 2021

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Lunes 26 de marzo de 2007

Efectos macro del nuevo “INDEK”

La burda manipulación que el Gobierno hace de los indicadores económicos que desarrolla el INDEC en algún momento terminará por sincerarse a causa del peso de la realidad. En ese momento, la inflación se disparará, los bonos ajustables por CER se volverán impagables y nuevamente estallarán la pobreza y la indigencia.

Basta con ver el gráfico que acompaña esta nota y que muestra las tasas anuales de variación del Índice de Precios al Consumidor (IPC) para advertir que la política económica del Gobierno está basada en el impuesto inflacionario y que ese impuesto ha venido creciendo sistemáticamente en los últimos 3 años.

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(Clickear en la imagen para agrandar el gráfico)

De una inflación anual del 2,28% en marzo de 2004, la política económica actual la llevó al 12,33% anual en diciembre de 2005, es decir, multiplicó por 5,4 la tasa de inflación anual.

El gráfico también muestra que la batería de controles de precios, subsidios, congelamiento de tarifas, prohibiciones de exportación e intervención del INDEC sólo consiguió reducir la tasa anualizada en 2,3 puntos porcentuales desde su máximo en diciembre del año 2005. Un resultado bastante magro considerando los costos que habrá que pagar por haber seguido el camino de la “mentira inflacionaria”.

La acentuada suba de la curva entre marzo de 2004 y diciembre de 2005 también desmiente que el problema de la inflación tenga que ver con el precio de la lechuga, del asado de tira o la supuesta acción de la oligarquía vacuna que quiere lucrar con el hambre del pueblo argentino, como sostiene el presidente. En realidad, estas excusas populistas suelen esgrimirse cuando los gobiernos empiezan a ver que las variables económicas se les van de las manos con el riesgo político que ello implica. Dicho en otras palabras, comienzan a entrar en pánico y, en vez de corregir el rumbo, adoptan políticas cada vez más primitivas, lo que empeora la situación que ellos mismos generaron y los conduce a seguir caminos de creciente autoritarismo, creyendo que pueden dominar la inflación a las trompadas, con revólveres sobre la mesa y amenazando a los empresarios. Los comportamientos nazi fascistas empiezan a aflorar con toda su crudeza donde la fuerza bruta intenta imponerse por sobre la lógica y la razón. Si uno mira la curva del IPC anualizado desde diciembre de 2005 en adelante y la ve como una foto, puede llegar a tener la ilusión óptica de creer que el problema inflacionario ha comenzado a ser controlado. Como la curva baja levemente, el gráfico queda más prolijo a los ojos del Gobierno. El problema es que, detrás de esa tendencia a la baja, en la curva se esconde una fenomenal distorsión de precios relativos que es como una caldera que está acumulando cada vez más presión y amenaza con explotar en el momento menos pensado. En definitiva, nada nuevo dentro de la historia económica argentina que ha padecido infinidad de veces las consecuencias de políticas que pretenden esconder la realidad a los ojos de la población.

Dentro del desmanejo inflacionario que hemos padecido los argentinos durante décadas y viendo el rotundo fracaso que ha tenido la política de controles de precios, en esta oportunidad hemos llegado a un extremo que nunca antes se había producido: la intervención del INDEC. Ni José Ber Gelbard con sus fuertes limitaciones intelectuales se animó a tanto.

Pero esta intervención ha generado dos hechos nuevos. Uno consiste en que ha logrado reducir artificialmente la pobreza. La semana pasada se informaron los datos de pobreza e indigencia del segundo semestre de 2006. El nuevo “INDEK” dice que en la segunda mitad del año pasado el 26,9% de la población estaba bajo la línea de pobreza, contra el 33,8% del segundo semestre de 2005. Por su parte, la indigencia, siempre según el nuevo “INDEK”, se redujo al 8,7% de la población versus el 12,2% del segundo semestre de 2005.

¿Cómo ha logrado el Gobierno reducir los niveles de pobreza e indigencia siendo que su política económica se basa en castigar a los sectores de menores ingresos aplicándoles el impuesto inflacionario?

El cálculo de pobreza se hace la siguiente forma: el “INDEK” utiliza el método del ingreso para medir la pobreza. Es decir, un hogar es considerado pobre si su ingreso no le alcanza para comprar una serie de productos alimenticios, algo de transporte, medicina y ropa. Un matrimonio con dos hijos menores es pobre si sus ingresos no alcanzan para comprar los bienes y servicios que el “INDEK” establece en la canasta de bienes y servicios que se deben consumir para evitar la pobreza. Por ejemplo, una familia necesita tener un ingreso de $ 950 mensuales para poder comprar la canasta de bienes y servicios mínima que los coloca fuera de la línea de pobreza. Si gana menos de los $ 950 por mes, esa familia es pobre. Para el caso de la indigencia, se utiliza el mismo mecanismo, aunque con una canasta de bienes y servicios mucho más reducida.

Ahora bien, si los precios de la canasta está dibujados y distorsionados por intervenciones del Gobierno, esa canasta tiene un costo artificialmente más bajo. En consecuencia, milagrosamente la gente pasa a tener un ingreso que supera al costo de la canasta de bienes y servicios. Lo que se hace es mentir sobre el costo de la canasta. Al decir que es menor, los pobres e indigentes son menos. Un truco estadístico bastante burdo que queda desmentido con sólo recorrer la Argentina o ver la legión de cartoneros que deambulan por la ciudad revolviendo las bolsas de basura.

El otro hecho nuevo consiste en el default encubierto de la deuda pública que ha iniciado el Gobierno. El 42% del stock de deuda pública está en pesos ajustables por CER (aproximadamente unos $ 160.000 millones). Como el CER (coeficiente de estabilización de referencia) se elabora en base al IPC y éste está dibujado, lo que está ocurriendo es que, al mostrar un incremento menor al real, los tenedores de los bonos ajustables por CER reciben menos capital del que les correspondería. Es como si el Gobierno le dijera al inversor: “tengo que ajustar el bono en un 20% anual, pero como dibujé el IPC te voy a pagar sólo el 9% adicional”. En definitiva, el Gobierno no está pagando todo lo que debería pagar.

Para tener una idea del problema en que nos ha metido el Gobierno con el festival de bonos ajustables por CER que emitió, basta con dar un simple dato. Por cada punto de inflación mensual que se incrementa el IPC, la deuda pública sube en $ 1.600 millones mensuales. Una inflación del 10% incrementaría el stock de deuda en $ 16.000 millones. Ese aumento se comería todo el superávit fiscal.

De manera que la bomba de tiempo inflacionaria que ha desarrollado el Gobierno junto con el creciente endeudamiento en bonos ajustables por inflación nos lleva de cabeza a otro problema de deuda pública. El día que sea insostenible la mentira oficial sobre la inflación, el 42% de la deuda será impagable y caeremos en otro default al tiempo que, nuevamente, estallará la pobreza y la indigencia.

Con la pobreza dibujada en baja, una brutal distorsión de precios relativos y el inicio del default, el presidente Néstor Kirchner ha puesto a la Argentina en un rumbo de crisis social muy grave.

Una vez más, la Argentina será víctima de la impunidad con que actúan sus gobernantes y tendrá que pagar altísimos costos sociales por las ambiciones de poder que los embriaga. © www.economiaparatodos.com.ar


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