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Jueves 1 de junio de 2006

El capitalismo japonés

La frugalidad y sentido del deber nipones generan un clima social donde los valores máximos son el honor individual, la armonía social y el gusto por el trabajo bien hecho.

Para comprender las características esenciales del capitalismo nipón debemos saber que para los japoneses la deshonra es una mancha trágica que sólo se limpia ofrendando lo más valioso que se posea.

Un ejemplo servirá para ilustrarnos.

Es conocido el entusiasmo que en Japón despiertan las coloridas pinturas de van Gogh y Toulousse-Lautrec. Por eso, no causó extrañeza que el museo de Kyoto manifestara la intención de organizar una exposición de sus obras. Se dirigieron al ayuntamiento de Toulouse y al museo de Albi y aceptaron todas las condiciones que impusieron los franceses. Aseguraron cada cuadro en el doble del precio de mercado y, como muestra de gratitud, donaron al museo un modernísimo sistema de luminosidad y atmósfera controlada.

Cuando las obras fueron desembaladas en Kyoto, comprobaron que el cuadro “Portrait de Marcelle” había desaparecido. Días más tarde, la embajada francesa en Tokio recibió la visita de una comisión que confirmaba la noticia y le entregaron un cheque con la cifra asegurada, pese a que la compañía de seguros no había liquidado el siniestro. El embajador francés, viendo la humillación y congoja de los japoneses, intentaba aliviarlos, bromeando deliberadamente sobre el asunto y comentando que en realidad Francia había hecho un gran negocio porque cobraba más de lo que el cuadro valía. Pero tuvo que cortar sus palabras al notar que la aflicción de los japoneses aumentaba en lugar de disminuir.

El portavoz del grupo le explicó que el principal mensaje de la comisión no era entregarle el cheque sino comunicarle que el encargado del museo de Kyoto se había suicidado asumiendo su responsabilidad y, de este modo, limpiado su honor por esa mancha. Al retornar los cuadros a Francia, descubrieron que la tela desaparecida se había traspapelado en el depósito de embarque por descuido de los encargados del despacho aéreo.

1. Aspectos culturales

Los japoneses constituyen un grupo étnico inusualmente homogéneo. Más que un país son una nación-familia, con 138 millones de personas donde todos hablan japonés, tienen los mismos rasgos físicos, piensan como japoneses y mantienen una lealtad suprema hacia el emperador.

En la filosofía social imperante todavía perdura el feudalismo de los samuráis (guerreros libres) que se ponían bajo las órdenes de los shogun (señores de la guerra) y cuyo valor fundamental era el kazokushugi (profundo sentimiento familiar). En los japoneses predomina el shintoismo, una creencia moral que impone respeto religioso por los antepasados, veneración a los ancianos y orgullo por la superioridad de su raza.

Japón constituye una de las sociedades más limpias, seguras, prolijas y ordenadas del mundo, gozando del menor índice de criminalidad. Un paraguas o una billetera olvidada en un restaurante permanecen en el mismo sitio hasta varias semanas después cuando regrese su dueño.

Tienen decenas de millones de máquinas de ventas situadas en los sitios más impensados sin temor al vandalismo. Los comerciantes exhiben las mercancías en las aceras sabiendo que nadie tomará nada. En los muros no hay ningún graffiti ni la más mínima rayadura. Tanto el uso de barbijo por quienes están resfriados como la calidad y limpieza de los subterráneos indican el gran respeto por el prójimo y la propiedad pública.

Esas tradiciones se extienden a las empresas. La obligación de los trabajadores es brindarle un fuerte sentimiento de lealtad y la dedicación su máxima preocupación. La responsabilidad social más arraigada consiste en evitar acciones que puedan acarrear la vergüenza sobre uno mismo, humillar la familia o deshonrar al grupo al que están vinculados.

La educación japonesa es muy rigurosa, basada en un duro aprendizaje de las habilidades manuales, el desarrollo de la inteligencia y la formación de la voluntad. Los alumnos practican durante años una caligrafía de ideogramas que requiere el uso de pinceles, estudian a fondo las matemáticas superiores y se comprometen a conservar impecable el edificio escolar. En el calendario japonés, la mayoría de los días están en negro y casi no hay feriados porque predomina la ética del trabajo duro.

Esas cualidades de frugalidad y sentido del deber generan un clima social donde los valores máximos son: el honor individual, la armonía social y el gusto por el trabajo bien hecho.

2. Aspectos económicos

El gobierno promueve los Zaibatsu (agrupamientos de empresas) que a su vez se entrecruzan en grupos mayores con los bancos, proveedores y clientes mediante una cadena de valor llamada Keiretsu. Su finalidad suprema es la búsqueda del diseño perfecto, la mejor tecnología y la conquista de mercados extranjeros. Tales grupos crearon las tecnologías gerenciales que los países más poderosos tratan de imitar: Just-in-time (control de la producción y el inventario para reducir desperdicios y demoras), Kogaisha (flexibilidad salarial para enfrentar imprevistos), Kaizen (mejoramiento continuo de gerentes y trabajadores), Jidohka (sistema de producción robotizado que se detiene automáticamente frente a un defecto), TQC (control total de calidad) y TPS (mantenimiento productivo total).

La empresa japonesa es el máximo capital que dispone un país donde el 80% de su territorio son bosques y montañas, carente totalmente de recursos naturales y que goza de uno de los más altos niveles de vida por contar con un recurso exquisito: la calidad de su población. Por eso cuidan sus empresas como un tesoro esencial y los reclamos de los clientes se atienden con diligencia para no afectar su integridad.

La mayor obligación de la empresa es asegurar la continuidad en el empleo y, para el empleado, entregar un servicio leal y productivo de por vida. Esa es la razón por la cual la política de bienestar social y de seguros sociales no está a cargo de ministerios u oficinas burocráticas del gobierno sino que se desarrolla en el seno de cada empresa.

El salario tiene un altísimo componente de flexibilidad, cinco escalones que se suman o restan según las oscilaciones de la coyuntura del comercio exterior:
1º. el salario mínimo, vigente en cada una de las 47 prefecturas o regiones geográficas, establecido por consejos integrados por empresas, trabajadores y consumidores.
2º. el salario básico que determina autónomamente cada empresa.
3º. el salario opcional según los miembros de familia que el operario tiene a su cargo.
4º. el salario adicional que varía con la tarea asignada.
5º. la bonificación graciable de 4 a 5 sueldos por año si tienen ganancias semestrales

Los trabajadores aceptan desempeñar cualquier tarea que se les indique y son calificados por méritos, no por mera antigüedad, en cuatro categorías: Tanto (necesitan recibir instrucciones), Shumu (son potencialmente capacitables), Shuji (dentro de un equipo realizan labores por sí mismos) y Shukan (hacen trabajos de altísima complejidad sin ninguna supervisión).

3. Aspectos sociales

La fidelidad a la compañía es el máximo valor social vigente. El convenio laboral es un contrato de honor que implica protección por parte de la empresa y lealtad por parte del trabajador. En última instancia, la familia avala la conducta de cada empleado y el ascenso social se consigue con tenacidad, trabajo duro, capacitación permanente y entrega total al servicio de la empresa.

La seguridad social no es función del Estado sino de las compañías. Los sindicatos son departamentos de relaciones humanas dentro de las empresas y brindan recreación, deportes, turismo, vacaciones, atención médica, provisiones, educación de los hijos y alquiler de viviendas dotadas de máximo confort a un costo bajísimo.

El rasgo típico de los japoneses ricos y famosos es el recato y el pudor.

El sistema bancario opera con tasas de intereses cercanas a cero por la enorme cantidad de ahorro acumulado. Los jefes no adoptan decisiones ejecutivas caprichosamente sino que recurren a un sistema de resoluciones consensuales que, ciertamente demoran un tiempo, pero una vez adoptadas tienen la ventaja de convertirse en una eficiente e imparable máquina de progresar.

La vida de los japoneses es un maravilloso equilibrio entre el respeto a la tradición, la innovación tecnológica y el amor a la naturaleza en un marco de altísima exigencia signado por una inmutable y total lealtad hacia el superior inmediato, donde la empresa funciona como una verdadera Kaisha (familia corporativa).

Un apremiante ejercicio práctico que debiéramos hacer los argentinos consiste en comparar el escenario japonés con las demoledoras normas antiempresa que ahora está sancionando nuestro parlamento con total desaprensión de las autoridades y del pueblo argentino. © www.economiaparatodos.com.ar



Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.




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