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jueves 24 de agosto de 2006

El difícil papel del inversor extranjero

América Latina continúa siendo un territorio arriesgado para los inversores extranjeros que se animan a realizar operaciones comerciales en la región.

El mundo cambia rápidamente y los países de origen de los inversores extranjeros, hasta ahora tradicionalmente norteamericanos y europeos, se están diversificando en forma acelerada. Las inversiones chinas e indias y las de otras potencias intermedias emergentes están creciendo a lo largo y a lo ancho del mundo.

Los viejos problemas, sin embargo, se mantienen. Y los “izquierdistas” de siempre, acostumbrados a atacar al Tío Sam o a John Bull, pronto empezarán a atacar al Tío Hu o al Tío Lula, en su caso. Así por lo menos lo sugiere la experiencia que van acumulando los inversores chinos en América Latina.

El caso de la minera Shougang Hierro Perú es paradigmático. Esta empresa china, que trabaja en el país de los incas extrayendo mineral de hierro y exporta entre 3 y 4 millones de toneladas de hierro al año, es una de las inversiones más problemáticas y convulsionadas de China en Latinoamérica.

Shougang Hierro Perú ha enfrentado -y sigue enfrentando- toda suerte de problemas gremiales y ambientales. Cuando adquirió el yacimiento, invirtió unos 120 millones de dólares. Desde 2001, ha sufrido al menos una huelga sustancial por año, toda suerte de conflictos laborales y numerosos cuestionamientos y ataques de los “ambientalistas”.

Además, acaba de superar una huelga de trabajadores subcontratados que le dejó pérdidas por unos 400.000 dólares diarios, en sólo una semana. Fue la segunda desde fines de junio. La empresa vende el 53% de su producción a China y exporta el resto a Corea del Sur, Japón, Trinidad Tobago, México y otros destinos. Asimismo, un pequeño porcentaje del hierro que extrae es vendido en el mercado interno de Perú.

La huelga reciente, como tantas, fue violenta: los trabajadores subcontratados bloquearon los accesos a la misma y se enfrentaron reiteradamente con la policía, que los reprimió, con el saldo habitual de heridos y detenidos.

Pese al “arrachado” viento en contra, los chinos -sin embargo- no se arredran y siguen tratando de concretar opciones de abastecimiento en nuestra región para calmar su sed creciente de energía y recursos naturales.

En el campo petrolero, China y la India han concretado una alianza estratégica, en virtud de la cual convinieron en no competir (lo que normalmente aumenta el costo de las inversiones) sino en tratar de cooperar.

La primera muestra de ese andar conjunto externo fue una inversión, realizada en febrero de este año, por la Corporación Nacional de Petróleo y Gas de la India y por la Compañía Nacional de Petróleo China en Siria, de unos 580 millones de dólares.

Una segunda inversión conjunta acaba de concretarse, esta vez en América Latina, como veremos enseguida. En efecto, dos empresas estatales, una de China y otra de la India, acaban de pagar 800 millones de dólares por el 50% de Omimex, una productora de petróleo en Colombia, subsidiaria de la empresa norteamericana Omimex Resources.

La inversión referida se materializó pese a los notorios riesgos del narcotráfico, la guerrilla marxista y el terrorismo que ella practica. Seguramente los inversores extranjeros occidentales habrán, en más, de analizar de cerca las estrategias y el manejo chino-indio de la nueva inversión.

Por ahora, las inversiones conjuntas han sido oportunistas. En el futuro, si las partes desarrollan confianza y mecanismos eficientes para administrar las inversiones comunes, es posible que veamos inversiones de mayor envergadura.

La izquierda radical seguramente mirará con preocupación que, en la inversión en Colombia, los asesores de los inversores fueron -como es habitual- dos conocidos bancos de inversión. Para la empresa india actuó el UBS, de Suiza. Para la china, Citigroup, de los Estados Unidos. Ni los chinos, ni los indios dejan de utilizar el mejor talento disponible, cuando lo necesitan.

Seguramente en el futuro, pese al cambio de origen de las inversiones, las habituales tensiones entre los inversores y el país que los recibe o sus “organizaciones sociales” no cambiarán demasiado. Así lo sugiere lo sucedido en el caso de la inversión china en hierro, en Perú, al que nos hemos referido más arriba. Ésta ha resultado ser una experiencia no demasiado diferente a la de otros inversores extranjeros no estatales. En rigor, muy parecida. Nada cambia demasiado, entonces. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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