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EPT | November 20, 2017

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Jueves 22 de marzo de 2007

El factor Scioli

El vicepresidente Daniel Scioli se prepara para disputar las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires, en las que tiene buenas perspectivas para ganar. Un triunfo le significaría poder disponer, por primera vez en su trayectoria política, de un espacio de poder propio.

El ex motonauta Daniel Scioli es un personaje muy peculiar de la política argentina. Sin estridencias, bajo una aparente intrascendencia, hace diez años que ocupa un lugar significativo en el escenario político y se apresta a competir por un “fierro caliente”: la gobernación de la provincia de Buenos Aires.

Scioli desembarcó en la política en 1997, cuando accedió a una banca en la Cámara de Diputados en la época en que el menemismo comenzaba a declinar. Es éste, el momento y el camino de su llegada a la política, un dato significativo. Scioli está relacionado con el menemismo; sin embargo, no está identificado con la “pizza y el champán” de los años de apogeo del gobierno encabezado por Carlos Menem.

Ayudado por la popularidad que obtuvo a través de un deporte tan poco masivo como la motonáutica –lo que de por sí habla de algún tipo de carisma personal– Scioli logró hacerse notar en el escenario político mucho más que cualquier otra figura llegada desde el deporte o el espectáculo. Con una oratoria trabajosa y monocorde, un discurso superficial pero una imagen que no genera rechazos, quizá porque no tiene matices destacables ni él intenta imponérselos artificialmente, Scioli se las ingenió para seguir vigente políticamente y no quedar desacreditado en ninguna de las cambiantes instancias de la vida política de nuestro país. Aparenta no tener talento alguno y quizá ese sea su mayor talento: parecer menos de lo que es… Porque alguna aptitud hay que tener para iniciarse en el menemismo, identificarse con Adolfo Rodríguez Saá, ser ratificado por Eduardo Duhalde, devenir en vicepresidente de Néstor Kirchner y, finalmente, ser ungido como candidato a gobernador de Buenos Aires por el peronismo. No cualquiera logra todo eso en diez años.

Scioli tiene, además, una razonablemente buena imagen pública. No despierta, por cierto, adhesiones calurosas –que suelen también traer aparejados rechazos enconados–, aunque tampoco genera cuestionamientos airados. Parece intrascendente y en esa apariencia radica su fortaleza. Nadie lo considera tan significativo como para dedicarle esfuerzos a oponérsele y por eso neutraliza cualquier cuestionamiento a su figura. Hay que ser sutilmente hábil para lograr esto. Por otro lado, Scioli mantiene un perfil político propio, independiente, no está “atado” a ningún proyecto ajeno, lo cual le ha ido permitiendo formar parte del menemismo, el adolfismo, el duhaldismo y el kirchnerismo y seguir siendo Scioli, con su nombre y su perfil personal.

Con su presumible llegada a la gobernación bonaerense, Scioli dispondrá, por primera vez, de un espacio de poder político propio. Este hecho va a modificar el escenario político. La aparición, en un cargo de semejante relevancia, de una figura como Scioli, hará que se produzcan alteraciones en el conjunto de factores que determinan la marcha de los acontecimientos políticos y, por ende, en el rumbo general de la sociedad. No es posible predecir ahora cómo la presencia de Scioli podría llegar a incidir en el contexto político general porque los demás elementos que se sumarían al cuadro son aún desconocidos y, por lo tanto, no cabe deducir cómo el factor Scioli puede llegar a interactuar con los demás actores políticos. A pesar de esto, el hecho en sí de que Scioli será una figura significativa de la vida política es un dato del que se debe tomar nota y prestarle la debida atención.

Scioli es un político al que se podría denominar “de centro”. No reivindica el liberalismo expresamente, por supuesto, pero es un hombre cuya llegada al primer plano político sería considerada una buena noticia por parte de los mercados. Al mismo tiempo, sin ser de izquierda, no es cuestionado por tener un perfil supuestamente “antipopular”, aunque cabe imaginar que, si crece políticamente, estará más expuesto y comenzará a recibir algunos cuestionamientos. No es, asimismo, una figura a la que se identifique con la “derecha”, estigmatización que se ha puesto de modo últimamente para denostar a quienes reivindican posiciones cercanas al liberalismo. ¿Cómo se podría calificar de “derecha” al vicepresidente de Kirchner y a quien fue elegido por el propio presidente para ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires? Por cierto que, si Kirchner resulta reelecto, las relaciones entre Kirchner y Scioli podrían tornarse tensas, ya que al “pingüino” no le gusta que haya nadie con protagonismo propio a su alrededor. Sin embargo, todo esto son especulaciones que no vienen al caso en el momento actual.

El hecho, el dato es que Scioli se apresta a desembarcar con peso propio –y no “prestado”, como hasta ahora- en el escenario político. Esto modificará la situación política general. No podemos predecir cuánto y de qué manera, precisamente por eso es un tema al que corresponde prestarle atención. Se está por producir un cambio importante. No está de más tenerlo en cuenta. Es una de las tantas cuestiones apasionantes que ofrece como interrogante el devenir político argentino. Y no se trata de un hecho meramente formal. Hay muchas cuestiones prácticas que están relacionadas con el hecho de que Scioli acceda a la gobernación. Cabe presumir, por ejemplo, que nada menos que la política de seguridad bonaerense sufrirá modificaciones, quizá graduales aunque sustanciales. Es poco probable que Scioli persista en la política de permisividad y “mano blanda” que se aplica actualmente, sin que eso implique, naturalmente, que se bandee hacia la “mano dura” y el “gatillo fácil”. Scioli, lo dijimos, es un hombre “de centro”. Y es probable que aplique, conforme al perfil político que él ha diseñado, una política de seguridad razonable, donde los delincuentes no cuenten con la impunidad que el “progresismo” les ha venido garantizando, pero tampoco la policía tenga impunidad para avasallar derechos de los ciudadanos y aun de los propios delincuentes, como ha sucedido en otras etapas.

Se trata, en definitiva, de un fenómeno político novedoso que, como toda novedad significativa, genera expectativas e interrogantes. En el análisis previo, el advenimiento de Scioli a la gobernación de Buenos Aires parece ser un dato auspicioso. Con el tiempo, podremos saber con nitidez si estas perspectivas favorables se han cumplido o es “más de lo mismo”… © www.economiaparatodos.com.ar


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