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EPT | September 16, 2019

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Lunes 26 de abril de 2010

El miedo como factor de poder

El Gobierno utiliza el miedo como un medio para condicionar la conducta de muchos potenciales opositores. Si se lograra desactivar ese mecanismo, la posición política del kirchnerismo resultaría sustancialmente debilitada.

Si fuera posible saber, con certeza incontrovertible, que el kirchnerismo perderá las próximas elecciones, la realidad política argentina sería completamente diferente. La diferencia consistiría en que muchos actores de la vida política dejarían de tener miedo a oponerse a iniciativas y metodologías que repudian pero no se atreven a cuestionar públicamente para no quedar expuestos a las represalias del gobierno. Esto significa, esencialmente, que el miedo se ha convertido en el principal instrumento de poder del kirchnerismo. Si se supiera con certeza que el kirchnerismo dejará el poder el 10 de diciembre de 2011, ese miedo se diluiría o se atenuaría mucho y dejaría de ser un factor determinante de la conducta de muchos actores de la vida política, judicial, empresarial, periodística, etc.

Esta actitud temerosa ante las prepotencias, avasallamientos, aprietes, escraches y/o amenazas del gobierno es entendible. Imaginemos cuál sería la situación de aquellos que osaron oponerse al kirchnerismo (Julio Cobos, por ejemplo) si el actual gobierno encontrara su poder legitimado por las urnas… La venganza del gobierno contra quienes le opusieron obstáculos sería implacable. Por lo tanto, ante la vigencia de esa hipótesis, muchos que estarían dispuestos a repudiar al gobierno se abstienen de hacerlo. El gobierno, en su inescrupulosa abyección, logra que los potenciales opositores se paralicen por miedo a las represalias.

Si esto no es terrorismo de estado, habría que ver de qué manera correspondería denominarlo…

El resultado práctico de este cuadro sociológico es que así se favorecen las probabilidades del kirchnerismo de sostenerse en el gobierno. Es decir, si cada actor de la vida pública se atreviera a expresarse sin temor, el gobierno se encontraría en una abrumadora minoría. Pero como el kirchnerismo, a través del miedo, logra paralizar las expresiones genuinas de muchos ciudadanos y, especialmente, de aquellos que tienen responsabilidades dirigenciales, la posición del gobierno se consolida. Esa consolidación, a su vez, opera como un factor que realimenta el miedo a enfrentarse con el gobierno, lo cual aumenta la parálisis de los potenciales opositores y así se reinicia el círculo que conduce a una mayor consolidación del gobierno.

¿Es posible romper ese círculo vicioso? Indudablemente, ése es el mayor interrogante que la realidad política argentina presenta por estos tiempos. Todas las pulseadas de los últimos meses giran alrededor de esa cuestión. Ha habido avances importantes en relación a la pérdida del miedo al gobierno pero esta guerra aún no está ganada. El gesto de la senadora Adriana Bortolozzi, quien se atrevió a resistir a todas las presiones de los sicarios de Kirchner y se sentó en su banca para facilitar el quórum que el oficialismo negaba, es un hecho significativo pero la negativa de los sectores empresariales de firmar un documento crítico hacia el gobierno promovido por la Iglesia también lo es. Hay quienes logran vencer su miedo y quienes no lo consiguen.

La cuestión clave es la percepción referida al resultado de las próximas elecciones. Si existiera la certeza de que el kirchnerismo perderá, el umbral de miedo bajaría sustancialmente y dejaría de ser un factor determinante de las decisiones dirigenciales. Un gobierno del que se sabe positivamente que se va, se queda sin poder para condicionar las conductas de terceros más allá de la coyuntura. Pero ¿y si el kirchnerismo gana? Hay que tener coraje, convicciones firmes, predisposición al sacrificio y otras condiciones similares para atreverse a mantener una posición de ese tipo en circunstancias que eventualmente pueden tornarse muy adversas y sin garantías para los bienes, los derechos y la seguridad personal de los opositores.

El problema radica en que, para que el kirchnerismo pierda, es necesario que haya quien le gane. Por el momento eso no percibe, lo cual es lógico porque el propio miedo paraliza las iniciativas políticas antikirchneristas. Y el gobierno pone todo su aparato de difamación, agresión, descalificación, apriete, escrache y condicionamiento al servicio de la desactivación de las iniciativas opositoras.

La ventaja con la que el gobierno cuenta es que su accionar es totalmente coherente y su objetivo es claro y definido porque tiene un liderazgo nítido detrás del cual todos se alinean disciplinadamente. En la oposición, los liderazgos están en duda y eso genera un clima de deliberación que favorece los planes y los métodos del oficialismo, el cual se encarga de “enredar” toda la situación para que la oposición caiga en las trampas que el gobierno le tiende. Esa confusión en la que la oposición está inmersa opera como un coadyuvante del miedo que el gobierno siembra entre potenciales opositores y que ejerce un efecto paralizador sobre las tomas de posición de muchos actores de la vida pública.

Pero hay también un factor que opera seriamente en contra de los planes del gobierno y que permite alentar expectativas de que el círculo vicioso creado por el kirchnerismo pueda quebrarse: ese factor es el hecho de que existe una creciente toma de conciencia respecto de cómo el gobierno opera y una rebeldía silenciosa pero que tiende a expresarse de manera cada vez menos solapada… Porque la metodología de provocar miedo para condicionar las conductas de los actores de la vida pública implica humillar deliberadamente a aquellos a quienes se atemoriza. Y esa humillación genera rechazo. Ese fue el sentimiento que expresó –porque se atrevió a hacerlo a pesar del ostensible temor que tenía y que confesó taxativamente- la senadora Bortolozzi. En la posibilidad de que esa ruptura con el temor se extienda radica la posibilidad de quebrar el espinazo del poder kirchnerista. Esta es la cuestión política clave de estos tiempos. El desenlace aún está por verse pero, si se logra quebrar la dinámica que hace del miedo un factor determinante del poder, la suerte del kirchnerismo estará definitivamente echada. © www.economiaparatodos.com.ar


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