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Miércoles 6 de noviembre de 2013

El «ranking» de los ministros de economía latinoamericanos

El «ranking» de los ministros de economía latinoamericanos

Todos años, la plataforma electrónica chilena de «America Economía Intelligence», que comenzara a operar en 1998, publica el esperado «ranking» de los distintos ministros de economía de la región

Acaba de aparecer el correspondiente al 2012. Sin demasiadas sorpresas. Ni en lo más alto, ni en lo más bajo de la tabla.
El listado referido ubica este año en el primer lugar -al tope- al ministro de economía y finanzas peruano, Luis Miguel Castilla, cuya excelente gestión ha mantenido firme el rumbo abierto de la economía de su país, consolidando así el proceso de crecimiento sostenido en el que está inmersa.
En el segundo lugar aparece el ministro de hacienda de Chile, Felipe Larraín, un hombre por todos respetado, partidario de mantener la disciplina fiscal como eje del proceso de crecimiento de su país. En el tercer lugar, aparece el ex ministro de hacienda de Colombia, Juan Carlos Echeverry, que había liderado el “ranking” en cuestión en el 2011, por su coordinación de una reforma tributaria profunda, impulsada por el gobierno de Colombia.
Queda visto que los tres pujantes países del Pacífico, cuyas economías son las más abiertas, modernas y dinámicas de todas las de la región -razón por la cual están sistemáticamente destruyendo pobreza e impulsando el crecimiento- han sido nuevamente reconocidos. No es sorpresivo, naturalmente. Y luce como una conclusión absolutamente correcta.
En el cuarto lugar aparece José Antonio Meade, el secretario de hacienda de México del ex presidente Felipe Calderón. Luego aparecen, sucesivamente, Fernando Lorenzo, el ministro oriental, de andar a veces heterodoxo; Guido Mantega, del Brasil, un hombre del riñón tanto de Dilma Rousseff, como del ex presidente “Lula” da Silva; Frank de Lima, ministro de economía y finanzas de Panamá, uno de los grandes milagros económicos de América Latina actual, promotor entusiasta de la inversión pública en infraestructura; Luis Arce Catacora, de Bolivia, que tiene en sus manos un potro difícil de domar que, no obstante, mantiene con una tasa de crecimiento de algo más del 6% anual del PBI; Dioniso Borda, el ex ministro paraguayo, que puso a su país a crecer fuertemente, “a tasas chinas”, esto es a un ritmo vertiginoso del 11% anual de su PBI; y Édgar Ayales, de Costa Rica, que está corrigiendo con un significativo aumento de la presión fiscal el creciente déficit operativo que afectara a su país.
En el último lugar del “ranking”, como también podía esperarse, aparece el ministro de economía de la República Argentina: Hernán Lorenzino. En el lugar 18°, ubicado entonces en lo más bajo del “ranking”, detrás hasta de su colega venezolano, que hoy tiene un país en estado de caos total y absoluto. El funcionario argentino cayó nada menos que seis puestos en ese “ranking”. De golpe. Todo un récord. Una vez más, desgraciadamente, no sorpresivo.
Ocurre que la situación argentina está lejos de ser la que corresponde a un país cuya potencialidad hasta no hace mucho era motivo de envidia y hoy, en cambio, genera extrañeza, desencanto y hasta depresión, después de una larga década de petulancia y errores cometidos continuamente desde lo más alto del concentradísimo poder político. Proceso que ha desangrado brutalmente a un país a lo largo de una década desaprovechada, que deberá ahora tratar de enderezar el rumbo, regresando a la normalidad, aunque lamentablemente con un altísimo costo.