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EPT | March 24, 2017

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Miércoles 6 de julio de 2016

El renacimiento de Argentina

El renacimiento de Argentina

La magnitud de los hallazgos de corrupción en funcionarios del anterior gobierno y sus grotescas circunstancias superan todo lo que pueda imaginar la mente más excitada y retorcida.

 

DÉFICIT CERO SIN CORRUPCIÓN

La secuencia de multimillonarios descubrimientos, sin solución de continuidad, habilita pensar que no se trataba de hechos casuales ni aislados, sino que eran una deliberada planificación para arrebatar fondos públicos. Para dimensionar la magnitud de esta despreciable corrupción, podemos hacer un rápido cálculo. Teniendo en cuenta los datos de dominio público y que el déficit presupuestario alcanza al 7,5 % del PBI, o sean u$s 30.000 millones, podríamos sospechar fundadamente que Argentina hubiese tenido déficit cero si no hubiese sucedido el robo a mansalva organizado desde el Gobierno. Si no se hubiesen consagrado al saqueo, no habríamos tenido inflación ni el aumento de pobreza que nos avergüenza.

 

En el mundo civilizado los delincuentes son aquellos que “viven fuera de la Ley”, en nuestro desdichado país, los delincuentes eran “quienes hacían la Ley”. Todo el mal fue posible, como si estuviésemos condenados por una maldición. La clase política dominante fue la responsable, porque no gobernaron para la Sociedad sino para el Estado usurpado por ellos mismos.

 

Pero la Sociedad también es responsable porque elige a los peores y abandona en manos codiciosas las cuestiones públicas. Llegan al poder con fantásticas promesas. Pero una vez instalados, caen en la tentación y se transforman como en la metamorfosis. Acumulan poder, se sienten omnímodos y menosprecian la recta conducta. Entonces para sostener su statu-quo comienzan a expoliar a la Sociedad, como si esa entelequia jurídica llamada “Estado” fuese un ente vital distinto del “Pueblo” del cual dependen y gozaren del derecho divino a gastar sin medida. Tan pronto como se consolidan intentan conseguir la complicidad de los jueces para ocultar sus delitos y entonces convierten al Estado en un vasto latrocinio.

 

EL ESTADO TRANSFORMADO EN OGRO INSACIABLE.

Tal concepción del Estado como botín de guerra, ha convertido a la Argentina en un montón de escombros institucionales. Somos el único caso mundial de un país que, en siete décadas, descendió desde el podio de nación desarrollada y culta al nivel subalterno de país fronterizo en permanente decadencia.

 

En los últimos decenios, la devastación moral ha acompañado el saqueo inmisericorde de los fondos públicos, como si modernos vándalos hubiesen invadido todos los rincones institucionales dejándonos en ruinas. Pero a diferencia de la Europa arrasada por los bárbaros, que en el siglo IV provocaron la caída del Imperio Romano de Occidente, nosotros carecemos de las dos instituciones que salvaron la cultura de lo que posteriormente serían las grandes potencias europeas: los monasterios del Cister y las legiones romanas.

 

NO PUEDE ADMINISTRARSE UN ESTADO GIGANTE.

Ahora cometeríamos un tremendo error histórico, que no podríamos saldar por varias generaciones, si se pretendiese administrar este Estado gigantesco, que ha sido mal concebido, peor construido y deshonestamente administrado. Hace poco, la presidencia de la Nación publicó un diagnóstico de la Administración Pública, denominado “El estado del Estado”, con datos demoledores, pero a los pocos días comprobamos que se quedaron cortos.

 

En la historia de la humanidad, siempre hubo una “señal de los tiempos”. La nuestra indica que es ineludible reformar el Estado, porque podemos perecer como una nación fallida. Por eso el Renacimiento. Porque debemos abandonar este envilecido tiempo de rencores, envidias y corrupción para reivindicar nuestra genuina cultura, desarrollando la vuelta a las virtudes que nos hicieron grandes cuando éramos la esperanza de un mundo desesperanzado.

Aquí nuestros padres y abuelos inmigrantes recuperaron la libertad de iniciativas que no tenían en sus países originarios y que nuestro himno canta por tres veces. Por eso el Renacimiento.

 

Hemos pasado más de medio siglo inmersos en modelos insensatos, infectados de utopías demagógicas, queriendo repartir lo que no se había producido, improvisando políticas populistas, destruyendo la economía con medidas disparatadas y gobernados por sujetos detestables. Por eso el Renacimiento.

 

Porque debemos volver a edificarlo todo y recuperar una forma decente y transparente de ver la cosas. Con nuevos enfoques en el campo de las artes, la política, la filosofía, la justicia y las instituciones. Sustituyendo la esclerosis estatista por la espontaneidad privada y abandonando el Estado Servil por una Sociedad libre y abierta.

 

Los estadounidenses llaman a este proceso “el sueño americano”. Nosotros podríamos superar su enfoque. Porque aquí no sería un sueño sino el renacimiento de lo que fuimos y ya no somos.

 

INDISPENSABLE PLAN DE SANEAMIENTO FISCAL.

Pero estamos divididos y enfrentados. Por un lado, un contingente de individuos que buscan firmemente acumular poder intervencionista en manos del Estado y pretenden vivir a costa de los que trabajan. Por el otro lado, aquellos que confían en sus propio esfuerzo y el poder creador de la cooperación voluntaria. Quieren vivir del fruto de su trabajo, progresando y ayudando a los otros pero exigiendo que los demás respeten sus vidas, honor y patrimonio.

 

Por encima de estas posiciones, la verdad se impone por la fuerza de la evidencia. Ya no es posible sostener este Estado depredador, interventor, obstaculizador, arrebatador y expoliador aun cuando los nuevos dirigentes tengan buenos modales y sean personas educadas que brindan conferencias de prensa, sean receptivos al diálogo y organicen apacibles reuniones de gabinete.

 

En esta coyuntura histórica caben sólo dos actitudes: una enroscada en nosotros mismos y ocupada de nuestras pequeñeces; la otra trascendente, abierta a visiones de grandeza y dedicada a construir un país espléndido.

 

Esta Argentina devastada por la corrupción tiene absoluta necesidad de salir de una ECONOMIA INTERFERIDA por funcionarios ineptos que necesitan de permisos, controles y regulaciones para sentirse importantes, a una ECONOMIA ESPONTÁNEA donde la iniciativa de las personas no esté ahogada por medidas absurdas o ridículas y se permita la plena expansión de las potencialidades individuales.

 

Proponemos inspirarnos en las ideas y praxis que desarrollaron dos grandes hacedores: Jacques Rueff y Louis Armand cuando hicieron que Francia saliera del calamitoso estado de déficit e inflación de la IVª Republique para pasar a la Vª Republique del general Charles De Gaulle en menos de 9 meses. En esa época Francia mantenía en Argelia una sangrienta guerra revolucionaria, la Bolsa de París había sido incendiada, huelgas por doquier, el ministerio de Finanzas asaltado y saqueado, los agricultores tirando sus cosechas en las rutas, sin poder exportar sus exquisitos productos de la moda, la cosmética y perfumería..

 

También por eso, necesitamos el Renacimiento con un Plan de Saneamiento Fiscal, con medidas micro económicas que son las únicas que permiten transformar la macro degradada por 12 años de indecente intervencionismo. Al final de este programa quizás podremos reencontrarnos con dignidad y justicia en Unión y Libertad, emancipados del odio, el caos y la corrupción.