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EPT | July 16, 2018

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Jueves 5 de marzo de 2015

El síndrome de la “encuestitis”

El síndrome de la “encuestitis”

Un síndrome es un “Conjunto de síntomas característicos de una enfermedad”. La “encuestitis” es una enfermedad que afecta especialmente a los políticos y pese a que fue descubierta por los estudiosos hace ya varios años aun se ignora cómo tratarla.

Lo que se supone en esta etapa de las investigaciones científicas es que esta enfermedad, muy contagiosa, curiosamente el contagio solo se da entre políticos, podría terminar con la política lo que llevaría a que las elecciones se reemplacen por encuestas, lo mismo que la sanción de las leyes o los veredictos de la justicia.

No todos comparten este pronóstico tan pesimista, para otros el fin de la política podría alumbrar otro sistema de gobierno de características aun desconocidas, pero esto ya es ingresar al terreno de lo fantasioso o lo desconocido.

La “encuestitis” es una suerte de neurosis que convierte al político en un ser absolutamente dependiente de lo que se supone piensan o creen los demás.

Ese afán por saber lo que la gente quiere o desea lo va “hipocritizando” porque debe comenzar a fingir lo que no es y eso se manifiesta de una manera negativa “oculta sus convicciones”, como si sus “convicciones” lo avergonzaran.

En la medida que este proceso patológico transcurre, se agudiza, y en vez de buscar un liderazgo, el político ingresa en su proceso de “masificación “y se convierte en un difusor de buenas intenciones y de meras generalidades, en otras palabras busca el apoyo de las llamadas “coaliciones negativas”.

Éstas en el decir de Pierre Rosanvallon son más fáciles de organizar que las mayorías o coaliciones positivas ya que este tipo de colaciones suelen acomodar muy bien sus contradicciones. “Su heterogeneidad es lo que explica la facilidad de su formación y éxito·”, sobre esto ultimo diría que este tipos de coaliciones son siempre circunstanciales y quizás nuestro último gran ejemplo fue la Alianza que consagró presidente al Dr. De la RUA en 1999. Estas colaciones se sustentan en el “anti”, en cierto modo son anárquicas pero a la vez son las suelen rendir frutos inmediatos porque en la política de hoy día el “descontento” puede ser mucho más lucrativo que la satisfacción.

En ese sentido el “kirchnerismo” siempre se comportó como una coalición negativa y vamos en camino que también en las próximas elecciones deba competir con otras coaliciones negativas. Es decir el próximo presidente y la camada de nuevos legisladores podrían surgir de una cadena de equívocos y ambigüedades.

Precisamente esto se debe en parte a la fiebre que causa el síndrome de la “encuestitis”.

Las coaliciones positivas o “mayorías de acción” son muy difíciles de constituir porque presuponen acuerdos explícitos sobre propuestas concretas que contengan no solo fines sino los medios adecuados para alcanzarlos y esto es muy difícil de medir en las encuestas ya que la gente expone los problemas que le preocupan pero obviamente desconoce cómo resolverlos.

La constitución de coaliciones positivas o de acción exige la existencia de una dirigencia política profesional, con ello quiero decir que reúna las condiciones de idoneidad que exige la Constitución Nacional.

Padecemos varios problemas que el próximo gobierno deberá resolver, pero para ello no solo es necesario que aparezcan “otros políticos”, no me animo a decir “nuevos políticos”, capaces de restituirle su sentido a la política que es esencialmente la de promover permanentemente el “bien común”.

Hasta ahora aparecen “otros políticos” pero no se avizora una nueva política.

Esta nueva política exige que los postulantes para la próxima elección se presenten en sociedad con sus equipos, que simulen reuniones de trabajo y expongan sus políticas y como serían aplicadas.

En sentido figurativo tendrían que comenzar a gobernar desde ahora, porque además si sus ideas resultan consistentes y entendidas por las mayorías servirían de freno para las barbaridades que el gobierno “k” podría implementar de aquí al 9 de diciembre próximo.

Se deberían tomar casos puntuales tales como, educación como se hará para que el gasto educativo contribuya a mejorar la calidad de la educación; comercio exterior y todo lo relacionado con las múltiples trabas existentes; sobre política fiscal, el modo en que se aliviará la presión ya insostenible que cuando menos exige el reconocimiento de la inflación pasada; el cepo cambiario; cómo será el proceso para restablecer la certeza de las estadísticas nacionales; como se pagarán los juicios pendientes de pago; que pasará con los subsidios existentes desde el boleto del transporte público hasta las compañías petroleras para “compensarles” (sic) la caída del precio del barril en los mercados internacionales; como será nuestra política exterior.

Los ejemplos podrían seguir pero solo hemos tomado algunos casos que consideramos esenciales.

Hoy en estas democracias del descontento y el reclamo, de plena desconfianza sobre las dirigencias políticas, es necesario crear nuevos “usos” políticos si realmente queremos encontrar un rumbo para la Argentina.

El síndrome de la “encuestitis” conspira contra esta necesidad de una nueva política ya que la mentalidad existente sigue siendo la de ganar una elección antes que de explicar para que se quiera el gobierno y como se gobernará.

Creemos aquello de Menen, si hubiera dicho lo que iba a hacer no me hubieran votado y la duda que nos queda es si realmente Menen tenia alguna idea en su cabeza, porque las buenas transformaciones que se efectuaron no fueron consecuencia de un programa sino una imposición de la realidad, por eso la mayoría de las privatizaciones se hicieron mal con lo que buenas ideas fueron destruidas por una mala praxis.

Necesitamos políticos que no callen sino que nos propongan como ser mejores cada día de modo que el esfuerzo diario no sucumba por la inflación, la korrupción, la desidia y la mentira, y a propósito de esto último también se miente callando.

Debemos dejar la dependencia del sendero como dijo Juan J Llach, creo que es la única forma de curar el síndrome de la “encuestitis”.