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EPT | September 21, 2020

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Jueves 2 de abril de 2009

En Bolivia y Chile agitan el nacionalismo contra Perú

En ambas naciones se han comenzado a remover –peligrosa y abiertamente– algunos viejos sentimientos nacionalistas.

Hace algunos meses ya, Perú inició una demanda conforme a derecho que fuera presentada ante la Corte Internacional de Justicia para que sea ésta quien determine claramente la jurisdicción marítima de Chile y Perú sobre un enorme espacio en el Océano Pacífico que está en disputa entre ambos países.

La referida presentación peruana debiera, en principio, ser aplaudida por llevar el litigio existente hacia su mejor cauce: la vía judicial de solución pacífica de controversias entre Estados que ha sido específicamente prevista por el derecho internacional.

No obstante, tanto en Bolivia como en Chile, con ese mismo motivo se han comenzado a agitar -peligrosa y abiertamente- algunos viejos sentimientos nacionalistas. Las razones de lo que sucede en ambos escenarios son aparentemente algo distintas. Vale la pena, creo, repasarlas.

En Bolivia, su patológico presidente, Evo Morales, que tiene (como su desorbitado mentor, Hugo Chávez) una pésima relación con su colega peruano, Alan García, aprovechó el 130° aniversario de la guerra que concluyera a fines del siglo XIX con la pérdida de nada menos que cuatrocientos kilómetros de costa de mar a manos de Chile, para acusar a Perú de haber iniciado la demanda judicial aludida contra Chile simplemente “para perjudicar” con ella a Bolivia. Una audacia, como tantas, de Evo Morales. Una provocación, más bien. Peligrosa en el plano de la paz y seguridad regionales. Por ello Morales esta ahora retrocediendo y aplicando algunos “paños fríos” al ambiente que el mismo previamente crispara.

Ante las acusaciones bolivianas, la Cancillería peruana, cabe destacar, salió prestamente a desmentir a Morales aclarando que su país “no tuvo intención de perjudicar a Bolivia al interponer su demanda en La Haya”. Asegurando que “no habrá de interferir” en la solución a la que puedan llegar, respecto de su diferendo, Bolivia y Chile, bilateralmente. Aclaración lógica y oportuna, la de Torre Tagle. Es más, casi obligada por lo aventurado de la acusación de Evo Morales, que fuera apoyado enseguida por Cuba, lo que es, en si mismo, toda una señal.

Alan García, en palabras ciertamente algo subidas de tono, comentó -respecto de los dichos del mentado Choquehuanca- que ellos suponen pretender entrar “donde no han sido invitados”. Ingerencia, entonces.

Cabe recordar, asimismo, que Perú, conforme lo dispone expresamente el tratado internacional suscripto con Chile de 1929 -propiciado en su momento por el embajador norteamericano Frank Kellog- debe ser consultado previamente en cualquier posible arreglo entre Bolivia y Chile relativo a la pretensión del país del altiplano de recuperar espacios marítimos o territoriales perdidos a manos de Chile como consecuencia de la desigual guerra de 1879 entre ambos países. Ese tratado ha sido descripto gráficamente como un “candado puesto por Chile a las pretensiones bolivianas, cuya llave además se entregó al Perú”.

Desde Chile -que sabe bien que no es improbable que resulte perjudicada por el fallo que se dicte en La Haya- algunos medios apoyaron “curiosamente” a Bolivia. Desde las páginas de “La Tercera”, por ejemplo, Cristian Leyton Salas salió a tratar de fortalecer a Evo Morales, sugiriendo que efectivamente la razón de fondo por la que Perú iniciara su demanda contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia es efectivamente la de “tratar de perjudicar” a Bolivia.

Concretamente, ese autor se refiere a dos “factores” específicos que, nos dice, habrían impulsado al Perú a promover esa demanda internacional. El primero, para él, sería el “uso electoral” del “factor Chile”. Esto es de la “rispidez” tradicional existente entre ambos países. Con un gobierno liberal, como el de Alan García, que sostiene -desde el vamos- que quiere “ser como Chile” y que busca incrementar todo lo posible el libre comercio entre ambos países, lo de Leyton Salas no se sostiene demasiado fácilmente. A ello, ese autor agrega -atizando sin tapujos el nacionalismo trasandino- lo que llama el “factor Boliviano”, esto es la posible “intención” peruana de “perjudicar” a Bolivia. Lo que es muy diferente a tratar de defender su propio “interés nacional”, cabe presumir.

Su visión de las cosas es que, de esta manera, Perú empuja a Chile hacia una variante de solución con Bolivia respecto del acceso al mar que suponga necesariamente un “enclave boliviano” dentro del territorio chileno, en lugar de una “franja” o “corredor” de territorio extendidos a lo largo de la actual frontera chileno-peruana o de un “enclave” ubicado en algún lugar de la frontera, que es teóricamente otra posibilidad. Si fuera así, Perú estaría en su derecho.

Pero, además, lo cierto es que no hay oferta concreta alguna chilena conocida a Bolivia. Solo se habla (en Bolivia) de gestiones “indirectas” que habrían no hace mucho considerado nuevamente la solicitud boliviana de recibir una franja de 10 kilómetros de ancho, emplazada al norte de Arica, todo a lo largo de la actual frontera entre Chile y Perú. Que se sepa, Chile no habría consentido, en modo alguno, a ese pedido, que tampoco es novedoso desde que reconoce algunos antecedentes a los que nos referiremos mas abajo.

Obviamente, aunque Leyton lo silencie, no es esa ciertamente la única opción respecto de las pretensiones bolivianas, ni la única posibilidad. Es quizás la más “cómoda” o “digerible” para Chile, lo que es bien distinto. Por esto Leyton dice -presuroso- que la opción del “enclave boliviano” en territorio chileno “no es factible” en el Chile de hoy. Ni tampoco en el de mañana, seguramente; pero éste es otro tema, distinto. Y es, en todo caso, un problema del y para el país que en su momento se quedara (por la fuerza) con la tierra y la costa del mar sobre el Pacífico que fueran de Bolivia y, además, con parte de lo que perteneciera al Perú.

No puede olvidarse tampoco que -más allá del aprovechamiento político de la cuestión- la Corte Internacional de Justicia no ha dado aún a conocer su parecer, lo que es esencial para determinar cuales serán, luego, las alternativas disponibles. Lo mas probable es que ello no ocurra hasta el 2011.

Lo que sucede, según Leyton, “no ayuda” en momentos en los que Chile y Bolivia están recomponiendo sus complicadas relaciones bilaterales, aprovechando la circunstancia de que ambos tienen, por ahora, administraciones socialistas. Se dice que habría, por ejemplo, una razonable solución cercana respecto del uso de las aguas del conflictivo río Silala, ubicado en la frontera con Bolivia, que Chile aprovecha desde hace años sin compensación alguna para Bolivia. Veremos si esto termina siendo efectivamente así, esto es encontrándose un acuerdo en ese particular tema fronterizo que finalmente equilibre las cosas, lo que sería para aplaudir.

Bolivia, recordemos, no tiene relaciones diplomáticas normales con Chile desde 1962, salvo un pequeño paréntesis allí por la década de los 70. Hoy discute cansinamente una agenda compuesta de 13 puntos con el país trasandino, que incluye ciertamente la demanda marítima, camino a lo que luce como una voluntad común de “normalización” de la relación bilateral.

De todas maneras, agitar los nacionalismos y encender las pasiones no es nunca lo ideal. La historia de los tres países involucrados tiene demasiadas instancias de desencuentros y roces como para dejar de advertir que serenar los ánimos es y debe siempre ser la prioridad. Encender las pasiones es, en el tiempo, siempre peligroso y con frecuencia, además, un mal negocio.

Lo de Leyton puede terminar siendo sido un “boomerang” para Chile. No querido, ciertamente. Porque el muy poco experimentado Canciller de Bolivia, David Choquehuanca, acaba de afirmar que su país “no descarta llevar a Chile ante la Corte Internacional de Justicia, en La Haya. Como Perú, entonces. Por el camino del derecho. El más seguro. El definitivo.

Mientras tanto, los “progresistas” Evo Morales y su mentor ideológico, el ex guerrillero Álvaro García Linera (una suerte de Horacio -“El Perro”- Verbitsky boliviano, experto entonces en sembrar odios y rencores, alimentar resentimientos, impulsar a la “lucha de clases”, desprestigiar gratuitamente y poner en marcha algunas otras “picardías” sociales similares) han lanzado su campaña para obtener la codiciada reelección en diciembre próximo.

Ambos creen que ellos son los únicos “pilotos de tormenta” que pueden “conducir” a Bolivia, país al que han -en rigor- sumergido en un enorme caos, comprometiendo su futuro. Y suponen que la democracia (forma de gobierno que ciertamente ellos no suscriben) no supone alternancia. “Primero yo”, dirían los chicos. Y es así. Primero ellos. Después el país.

Para “ganar puntos” en su multiforme escenario local, Evo Morales aprovecha la “cuestión del mar” entre Chile y Perú para hostigar -desde la insolencia- a Alan García, señalando: “la mucha gordura lo está afectando”. Una verdadera grosería, ciertamente. Peor, lo ha llamado también “vende patria”, lo que es un feo insulto que solo perjudica a quien lo lanza.

Por lo demás, como el 2009 es un año electoral tanto en Bolivia como en Chile, la solución de la muy dilatada y ríspida “cuestión del mar boliviano” deberá presumiblemente esperar hasta más adelante.

Bolivia y Chile han negociado, sin resultados, la “cuestión del mar” en varias oportunidades. En 1920, cuando se habló de ceder a Bolivia (contra algunas “compensaciones territoriales” por parte de Bolivia) una zona al norte de Arica, pero no se llegó a nada. En 1950, cuando Chile buscara ser compensada con agua proveniente del lago Titicaca. En 1975, cuando -en tiempos de gobiernos militares- en ambos países se volviera a hablar activamente del “corredor” al norte de Arica, de unos 3.000 kilómetros cuadrados de extensión, incluyendo entonces el aeropuerto de Chacalluta y el ferrocarril de Arica a La Paz, aunque -una vez más- a cambio de recibir una compensación territorial concreta por parte de Bolivia. Esfuerzo que fuera reiterado en1987, aunque también sin éxito.

Muchos intentos, queda visto, sin resultados respecto de un viejo conflicto. Pero no hay peor esfuerzo que el que no se hace. De allí que haya que aplaudir todo nuevo intento de resolver una dilatada cuestión que, desde el plano de la justicia al menos, clama al cielo por una solución sensata. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).


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