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Lunes 2 de julio de 2007

En octubre, Kirchner se juega más que el sillón de Rivadavia

La crisis energética, la inflación y los problemas de producción no sólo le restan votos al Gobierno, también apoyo político: son muchos los que comienzan a alejarse y también los que, después de haber sido maltratados, ven la oportunidad de tomar revancha.

La semana pasada, el presidente Néstor Kirchner afirmó que los medios de comunicación lo quieren hacer perder de cualquier manera. Con esta frase pretendió despegarse del “domingo negro” que todavía no pudo digerir el oficialismo.

Por más que Kirchner quiera separarse de la derrota, todavía están frescas sus declaraciones del lunes 4 de junio, el posterior a la primera vuelta, cuando salió con los tapones de punta contra Mauricio Macri y afirmó: “Acá se están discutiendo dos modelos en el país y nos vienen a hablar de las plazas”. Claramente, Kirchner intentó nacionalizar la elección y salió perdiendo. Su embestida inicial lo colocó en el centro de la escena electoral y dejó a Daniel Filmus como un simple actor de reparto. Luego, debió llamarse a silencio ya que, cada vez que lanzaba una diatriba, Macri subía en las encuestas y Filmus bajaba. El kirchnerismo ni siquiera logró la meta del 40%.

Las traiciones políticas en la Argentina –y posiblemente en muchos países del mundo–están a la orden del día. Carlos Menem lo traicionó a Eduardo Duhalde, éste lo hizo con Menem, Kirchner lo traicionó a Duhalde y Raúl Alfonsín a Fernando De la Rúa. El problema de Kirchner no es que traicionó a sus correligionarios, el problema es que, por decirlo suavemente, no despierta ninguna simpatía entre sus propios seguidores.

Kirchner construyó poder en base a la caja. El superávit fiscal le permitía juntar voluntades políticas. Y como para algunos la política es un negocio, la caja mandaba. Sin embargo, en mi opinión, a Kirchner le salió mal el plan. ¿Por qué? Porque creo que, entre otros motivos, el abrumador triunfo de Macri en la Capital Federal se explica por el aumento de la inflación. Por supuesto que la crisis energética, el patoterismo, la soberbia y la grosería también jugaron en contra del oficialismo. Pero, considero que la gente está sintiendo la inflación cada vez con mayor intensidad. Y más se enoja cuando le informan que los precios al consumidor subieron apenas el 0,4%. En conclusión, me parece que tomarle el pelo a la gente de esa manera es pavimentar el camino para perder votos.

Ahora bien, la “bendita” caja proviene, en gran medida, de los derechos de exportación y éstos, a su vez, son hijos del tipo de cambio alto, que es sostenido en base al impuesto inflacionario. Lo que hizo Kirchner fue cobrarle el impuesto inflacionario a la población que lo tenía que votar para poder tener la caja de los derechos de exportación y repartirlo entre sus aliados políticos. Es decir, les cobro a muchos para repartirlo entre pocos. Una matemática electoral muy particular la del santacruceño.

De aquí a octubre, Kirchner tiene enfrente una crisis energética que amenaza el nivel de actividad. Con empresas que no pueden trabajar porque no reciben la energía necesaria dado que no se les puede bajar la palanca a las familias porque se pierden votos, la crisis energética atenta contra las tasas “chinas” de crecimiento. Con inflación creciente, menor producción y suspensiones de personal, el nuevo paradigma de modelo económico que algunos ilusos creyeron ver se cae como castillo de naipes y deja ver que el rey está desnudo en el medio de los escombros.

Dos argumentos se esgrimían para afirmar que Kirchner era invencible en las urnas. El primero, que manejaba una caja fenomenal y, el segundo, que su supuesta incuestionable victoria en las urnas hacía que todos los acomodaticios se pusieran bajo su ala. ¿Quién se le iba a animar a Kirchner con la caja que tenía? La caja demostró no ser suficiente, al punto tal que no hubo ni un solo barrio porteño en donde haya ganado el kirchnerismo. En algunos perdió en forma escandalosa. Creo que ni Juan Domingo Perón llegó a ganar 81 a 19 por ciento, como ocurrió en alguna zona.

Ahora bien, la caja se achicó notablemente por los desbordes del gasto público del Gobierno. Y, al mismo tiempo, el dato relevante es que, para “borocotizar” la política, no sólo hay que tener la caja, sino demostrar que se la va a tener por bastante tiempo.

Y aquí viene el segundo punto. El “Frente para la Victoria” se ha transformado en el “Frente para la Derrota” y, por lo tanto, para que alguien se deje “borocotizar” tiene que tener asegurado que la caja seguirá en las mismas manos después de octubre. Y ya surgieron algunas dudas sobre esa certeza. Al menos, ya no hay un 100% de seguridad de que la caja no cambiará de manos. ¿Cómo hacer para “borocotizar” y conseguir “adhesiones” si no se puede mostrar un horizonte político despejado?

En la Argentina, quien cae en desgracia política pasa a ser un paria. Le pasó a Duhalde que perdió la fidelidad de los intendentes del conurbano bonaerense; a Menem que vio cómo menemistas de la primera hora se transformaban, primero, en duhaldistas y, luego, en kirchneristas. Los ejemplos podrían seguir. Si aceptamos que la traición política es un dato de la realidad, a Kirchner no sólo le pueden tocar las generales de la ley sino que, además, puede sufrir una venganza política, es decir, la reacción de todos aquellos que se vieron maltratados a fuerza de billetazos.

Me pregunto: ¿cómo llegó a los medios la información de que en el baño de la oficina de la ministra de Economía había una bolsa con plata? ¿Por qué Sergio Acevedo, un maltratado kirchnerista de la primera hora, se decidió a hablar recién ahora? ¿Por qué justo en este momento surgen denuncias sobre otro escándalo de corrupción en un gasoducto del sur?

Mi visión es que se ha demostrado que, electoralmente hablando, a Kirchner le entran las balas y, por lo tanto, los que sufrieron el maltrato ayer, hoy empiezan a contar con la posibilidad de vengarse. Podemos llegar a asistir no a un éxodo de kirchneristas, sino a una interminable cola de despechados que esperan su turno para tomar revancha de los agravios.

Kirchner jugó a fondo con su estilo agresivo y autoritario, apostando a que el poder lo iba a tener para siempre. Al igual que los monarcas despóticos, no le interesó el resentimiento que producía en todos aquellos que maltrataba porque creía que tenía por delante décadas de poder. El problema es que, ante la menor flaqueza electoral, se observa un oleaje de denuncias que puede llegar a transformarse en un tsunami si el presidente o su sucesor no llegan a medir muy bien en las encuestas.

En síntesis, me parece que a Kirchner lo están agarrando a mitad del río la crisis energética, la inflación y los problemas de producción. Si a esto se le agregan las derrotas electorales que vienen teniendo y las que se ven en el horizonte, se puede encontrar con un doble frente. Por un lado, el descontento general por la marcha de la economía y, por el otro, un desbande con venganza política que puede llegar a adquirir proporciones bíblicas.

Me parece que, en octubre, el kirchnerismo no sólo pone en juego el sillón de Rivadavia, sino hasta la posibilidad del exilio. Y no justamente en Santa Cruz. © www.economiaparatodos.com.ar


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