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EPT | June 20, 2018

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Domingo 3 de abril de 2016

Endeudamiento para no emitir ¿Cuál es el plan de gobierno?

Endeudamiento para no emitir ¿Cuál es el plan de gobierno?

De a poco, se van develando las intenciones del presidente Macri. Ha desistido reducir el gasto público porque teme provocar un escenario de paralización en la actividad. Trata de endeudarse en dólares  para no verse forzado a emitir dinero falso que le  conduciría a una incontrolable  hiperinflación.     PIEDRAS EN EL CAMINO.   Esa decisión explica las razones de sus prioridades: primero destrabar el cepo cambiario, luego liberar la cotización de divisas, después arreglar con los hold-outs, enseguida derogar la ley cerrojo y de pago soberano, inmediatamente  sancionar la ley para emisión de nueva deuda y  finalmente el gran acuerdo con gobernadores y legisladores para que la clase política pueda endeudarse sin apretarse el cinturón. El propósito de esta estrategia pareciera ser: “prodigalidad para todos y todas”.   Como el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones,  aparecen muchas piedras que impiden a Macri la marcha triunfal. La herencia del anterior gobierno le han minado el campo: una inflación galopante que desarticula la economía, un inaguantable gasto público, un déficit fiscal fuera de control, una antinatural distorsión de precios relativos,  un perverso sistema impositivo confiscatorio, una ley de lavado de dinero que sospecha de los justos y encubre  a los perdularios, un enorme hueco de ahorros e inversiones  y un airado reclamo social por el “buen vivir” que ignora la ecuación costo-tiempo para logarlo.   LAVADO DE DINERO Y OCULTAMIENTO.   Este es un tema de gran importancia. Surgió al descubrirse las artimañas de funcionarios que se apoderaron  del dinero público, usurparon empresas privadas y se blindaron para el ostracismo  político.  Consistió en tejemanejes  para ocultar o disimular el origen, ubicación, propiedad y control del dinero obtenido por delitos infames y aberrantes.   En sí mismo, el lavado de dinero es una operación inocua. Son los “delitos previos” o “delitos precedentes”  los que justifican la acción de los jueces para sancionarlo. Y ellos son: el narcotráfico, la venta clandestina de municiones y armas, el tráfico de influencias para otorgar privilegios exclusivos, la trata de personas para explotación sexual, la malversación de fondos públicos, las coimas obtenidas por funcionarios corruptos, el fraude informático, los actos de terrorismo y los secuestros extorsivos seguidos o no de muerte.   Desde este punto de vista no habría nada que cuestionar sino aprobar las investigaciones administrativas de la UIF y los procesos judiciales para dilucidar esos repugnantes “delitos precedentes”, que atentan contra la condición humana.  Pero están  claramente diferenciados del mero “ocultamiento de dinero” efectuado por alguien para prevenir su arrebato, impedir un embargo injusto, evitar la confiscación de bienes, eludir la expropiación sin causa de utilidad pública o defender el patrimonio familiar de una persecución política camuflada como inspección impositiva.   DESVIRTUACION POLÍTICA.   Es importante preguntarse  ¿porque el “lavado de dinero” se fue desvirtuando y transmutó su naturaleza?  Fueron la retórica política y los medios de prensa quienes alimentaron la envidia social. Comenzaron a presentarlo independiente de las maquinaciones que le daban origen. De este modo quedó estereotipado como nuevo delito, sin vinculación con el “delito precedente”. La confusión del lenguaje, se trasladó al ideario de los legisladores y ciertos avispados políticos vieron la oportunidad de aprovechar el desconcierto lingüístico para aumentar el saqueo fiscal a los ciudadanos-contribuyentes.   Como si fuesen austeros senadores romanos  dispusieron considerar  la evasión impositiva como “delito precedente” para el lavado de dinero.  Así podrían recaudar más dinero eludiendo los límites fiscales.   La teoría del lavado de dinero aplicado a las leyes impositivas  ha generado una monstruosa equiparación entre dos clases de personas.  En un lado, están los ciudadanos  honestos que ahorraron dólares con su trabajo personal  y los pusieron a resguardo de gobernantes codiciosos;  unos  en cajas de seguridad, otros en escondrijos domiciliarios y el resto en cuentas bancarias.   Por el otro lado, están aquellos perdularios  que consiguieron  dólares traficando drogas o  aprovecharon del cargo público para enriquecerse  a costa del dinero de los contribuyentes.   Ahora bien, invariable la tradición del mundo civilizado nos enseña que “lo que es justo según la naturaleza es superior a lo que es justo según la ley hecha por los hombres” . Por eso no puede ponerse  a todos en un mismo hoyo, ya que implica una indebida igualación entre el derecho elemental de preservar el patrimonio con el vicio deleznable de enriquecerse mediante delitos aberrantes. Utilizar  la calificación de “lavado de dinero” como sinónimo de “ocultamiento del patrimonio” en materia fiscal es adulterar la realidad y travestir la virtud en vileza.   EL AHORRO EN DÓLARES: UN PULMÓN EXTRACORPÓREO.   Estimaciones confiables, han calculado que el atesoramiento en dólares fuera del circuito económico alcanza la magna cifra de u$s 248.000 millones. Casi la mitad está invertida en casas o departamentos de Miami, New York,Punta del Este, Madrid, París y otros lugares del mundo. La otra porción es mantenida en estado de liquidez bancaria. Gran parte de esta impresionante masa de dinero, ha tenido un origen legítimo, fruto del temor de los argentinos por las confiscaciones de fondos privados, los corralitos y corralones que impedían disponer del dinero propio, las pesificaciones asimétricas que mochaban los depósitos en dólares,  los impuestos compensatorios por simples tenencias en divisas, las salvajes devaluaciones de fin de año,  el apropiamiento sin indemnización de ahorros jubilatorios, los sucesivos cambios en el signo monetario, la eliminación de trece dígitos en el valor de la moneda en menos de tres décadas, la adulteración de reglas monetarias y el persistente déficit público financiado con inflación.   En ciertos círculos financieros, se calcula que dentro de la masa de dólares líquidos atesorados, la parte que corresponde a transferencias de capitales fruto de la corrupción habida en los últimos doce años, equivale casi exactamente al 15 % del gasto en obras públicas.   Según declaraciones oficiales del gobierno de Cristina,  el ministerio de Planificación que centralizaba  las obras públicas, desembolsó la cifra de u$s 127.150 millones entre 2003/2015, de los cuales el 15 % eran sospechosos sobreprecios pagados por adelantado y que, ahora, estarían refugiados en cuentas del exterior. Si así fuese,  el saqueo fruto de la corrupción durante 12 años pudo haber llegado a u$s 19.072 millones.     EMISION DE DEUDA O REPATRIACION DE AHORROS.   En la mente del presidente Macri, está presente la idea de conseguir préstamos internacionales por u$s 35.000 millones para encarar un gigantesco plan de obras de infraestructura como nunca se hizo en nuestra historia.  Así piensa financiar  el inexorable  ajuste  que debe realizar en el gasto público, evitando la emisión de falsos títulos de crédito con las efigies de Evita, del malevo gaucho Rivero y de la tosca imagen de la ballena austral.   Como los inversores extranjeros se han quemado con leche, ven una vaca argentina y lloran. Están cautelosos por la estabilidad institucional del  país y no desean ser protagonistas de un reiterado proceso de estafas: endeudamiento, default, reestructuración, incumplimiento, amenaza política, cerrojo y cepo cambiario. Entonces, para llevar adelante sus buenas intenciones, el presidente Macri no tendrá más remedio que echar mano a un proceso de inversiones genuinas, llamado “Repatriación de ahorros en dólares”.   En esto podría consistir el milagro económico argentino. Terminaríamos con el éxodo bíblico de nuestros ahorros, iniciado en la lejana fecha del 25 de marzo de 1946 con la estatización y nacionalización de los depósitos bancarios.  Porque el gobierno de Cambiemos, en lugar de tomar deuda externa para conseguir los dólares que demandará su colosal plan de obras,  no podría recurrir a una emisión inflacionaria de dinero que terminaría dinamitando su  propio futuro.  En su lugar, el reingreso de cuantiosos dólares, honestamente ganados pero mantenidos al margen del circuito económico  por residentes argentinos, le permitiría al presidente Mauricio Macri  aumentar el nivel de actividad, acelerar los planes de inversión, modernizar el país, mejorar sustancialmente la productividad y hacer realidad las pretensiones de un mejor nivel de vida con abolición de la pobreza extrema y brindando oportunidades para todos.   Para conseguir este milagro económico, Mauricio Macri sólo necesitará decidirse y disponer de un sistema de moneda de libre uso, libertad para contratar en esa moneda aún los contratos laborales, derogar los distorsivos  impuestos a los cheques y depósitos bancarios y el absurdo impuesto a los bienes personales comprados con ingresos ya gravados, así como eliminar la sospecha de lavado de dinero por los dólares honestamente ganados y que reingresen al país mediante simples y documentadas transferencias  bancarias.  Parecería algo sencillo, pero así son las cosas trascendentes: simples, generosas, claras, prácticas y sin lugar a confusiones.