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Viernes 20 de diciembre de 2013

¡Es el Gobierno, romántico!

¡Es el Gobierno, romántico!

En medio de los cortes de luz, una clase de precios relativos a los mozos del Florida Garden lleva a una reflexión sobre por qué el capitalismo encuentra obstáculos en Argentina.

Todos los días, a eso de las 5 de la tarde, me corro hasta el Florida Garden a tomar un café en la barra. Adquirí esta costumbre en mis años de universitario en La Plata. Me gusta airearme unos minutos; me parece una costumbre productiva. De vuelta en mi oficina, veo más simple el problema que me ronda la cabeza.

Ayer no pude tomarme el café. El Florida Garden estaba cerrado al público. Les pregunté por qué motivo a unos mozos que parecían hacer guardia resignadamente en la puerta que da a la calle Paraguay. Me respondieron que no tenían luz desde las 3 y media de la mañana y que habían perdido las propinas del día. Para un mozo, las propinas son parte importante del ingreso mensual.

Les pregunté a qué causa atribuían el desperfecto. El mayor de ellos me dijo que era el destino. Le respondí enfáticamente que no, que era el Gobierno. Un mozo joven que estaba a su lado me miró extrañado. Sin pretenderlo, les di una lección de precios relativos.

Les informé que, en 2001, el café que sirven en la barra costaba $1,20 y que hoy cuesta $14. Un aumento de 1067%.

Les dije que si el sueldo de ellos aumentó como el promedio del sector privado, entonces, hoy ganan un 864% más que en 2001.

Les informé que el dólar paralelo ha aumentado un 900% desde 2001. Luego, les pregunté si sabían cuánto aumentaron las tarifas de energía desde 2001.

Tuve la impresión de que no lo sabían. Arriesgué que habrían aumentado no más de un 100%. Y les aclaré que no habían aumentado en línea con el costo de vida o el dólar porque el Gobierno no lo había permitido. No quise hablar de populismo tarifario. Quería hablar de cosas concretas. Les dije que la brutal caída del precio relativo de la energía, por un lado, había elevado mucho la demanda porque ahora los consumidores tienden naturalmente al despilfarro y, por el otro, había limitado la oferta porque las empresas de electricidad y gas no han tenido incentivos para invertir. Les reconocí que las empresas privatizadas reciben subsidios del Gobierno, sin los cuales no podrían pagar los sueldos del personal hace rato. Pero agregué que con subsidios, que son volubles como los favores, nadie en su sano juicio invierte un peso.

Estoy seguro de que o no entendieron lo que les dije o no me creyeron. Es posible que piensen que les hablé así porque debo ser un representante o asesor de una empresa eléctrica. La verdad es que les hablé por impulso, ya que no creo en la claridad de la opinión pública en materia de organización económica.

Hacia el final de su vida, el sabio James Buchanan estableció que el capitalismo florece cuando en un país se cumplen tres condiciones:

a) que una buena mayoría de sus habitantes confíe en sus propias fuerzas, es decir, que no se piense débil y busque la protección del cacique, el Estado o la Iglesia;

b) que una buena mayoría de sus habitantes sea honesta, es decir, que no observe un comportamiento oportunista, que cumpla la ley aun cuando la probabilidad de ser descubierto en infracción no sea muy alta, que pague lo pactado y no embrome a sus empleados o proveedores;

c) que una buena mayoría de sus habitantes no esté formada por tontos románticos en materia económica y cívica, es decir, por gente que cree que la inflación es un fenómeno atmosférico, que el libre comercio es un genocidio o la independencia de poderes, un prejuicio burgués.

El pueblo argentino no cumple esas condiciones. Buchanan sugería que se impulsara la enseñanza de Economía Política y de Educación Democrática en las escuelas. Valoro su opinión. Creo, sin embargo, que la enseñanza de estas asignaturas aumentaría las chances de cumplir la tercera condición, si bien en el largo plazo, y que no ejercería impacto alguno sobre las chances de mejorar el cumplimiento de las dos primeras condiciones. No obstante esta desalentadora visión, permítanme desearles una Feliz Navidad.

Fuente: http://www.jorgeavilaopina.com/