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Lunes 27 de junio de 2011

Gente como uno

La fórmula kirchnerista para octubre ofrece el combo de un economista inescrupuloso y obsecuente junto a una Presidenta que relata un país inexistente.

Cristina Fernández de Kirchner decidió que Amado Boudou fuera su compañero de fórmula. Misterio develado como si se tratase de un remedio contra el cáncer por la trascendencia otorgada… Pompa y circunstancia, la conocida parafernalia de micros ungidos por sindicatos e intendencias necesitadas, farándula, aplaudidores incondicionales y otros condicionados en demasía. En definitiva, la Biblia y el calefón convocados para completar el espectáculo del sábado.

Ahora bien, la Primera Mandataria tenía todo el derecho de elegir su compañero. Nadie esperaba a esta altura que la reforma electoral, surgida del Congreso Nacional, priorizara un régimen democrático en el mecanismo de elección de candidatos. En ese sentido es justo admitir que oficialismo y oposición comulgaron con el principio de conveniencia, oportunismo y capricho para conformar sus ofertas con miras a la próxima elección.

Sin embargo, aquello que bien podría haberse evitado es dar explicaciones que en lugar de echar luz a las causas resultaron una burla grotesca para el electorado. Según las propias palabras de la Presidenta, el actual ministro de Economía merecía la distinción por la lealtad que le propiciara, la confianza, y la capacidad de decodificar lo que se necesita… “Gente como uno”, sostuvo entre líneas.

Paradójicamente o no, mencionó como destacables palabras que si en alguien están ausentes es en la cabeza del Poder Ejecutivo. Quizás ello sea una muestra de sinceramiento, puesto que ha optado por buscar en un posible vicepresidente aquello de lo que adolece.

Si hay un gobierno que ha usado a la gente e incluso a muchos de sus funcionarios deslealmente es éste. La nómina de personajes que pasaron de ser claves en las decisiones oficiales durante años a ser material de descrédito y descarte es innumerable. Hasta es justo reconocer que a la gran mayoría ya se los ha olvidado.

¿Cuántos recuerdan la inseparable relación que mantenía el matrimonio Kirchner con Sergio Acevedo allá lejos y hace tiempo? ¿De qué modo se le pagó? ¿Y cuántos conocen qué pasó con funcionarios que consideraban “hombres de su riñón” y desaparecieron por arte de magia cuando sus imágenes –tras cumplir la obediencia debida que se les exigía– quedaron inexorablemente desgastadas?

Extrañas lealtades las de la Jefa de Estado, quien ocho años atrás cantaba la marcha peronista con la mano en el corazón y luego pasó a endiosar a los transversales, hasta el punto de terminar asumiendo la presidencia con Julio César Cobos al lado. “Cristina, Cobos y Vos”… ¿Quiénes quedaron pisoteados?

Por lo demás, es rara la manera de interpretar a la sociedad que tiene Amado Boudou si cuando la gente opta por un sistema jubilatorio privado, éste la confisca para trasladarla al Estado.

Encima, escuchar hablar con tanto desparpajo del valor de las instituciones cuando no ha quedado en pie ni un solo poder independiente de Balcarce 50 es una afrenta que únicamente un pueblo muy anestesiado puede dejar pasar por alto. En rigor de verdad, detenerse minuciosamente a analizar el último circo en Olivos no aporta demasiado para comprender el escenario en el cual nos hallamos.

Puede gustar más o menos el candidato, se puede estar de acuerdo o no con el armado de listas pero, en definitiva, lo que cuenta es la actitud de Cristina Fernández y su modus operandi autoritario y contradictorio con lo hasta ahora obrado.

Si acaso la Presidenta hubiese destacado del economista sus dotes de hombre proactivo, permeable al cambio, entre otras, no habría forma de contrarrestarle; pero destacarlo por ser el artífice del saqueo de los fondos de los jubilados es como destacar el respeto del “Gordo” Valor por la propiedad privada, o mismo la democracia cubana… Hay situaciones que no se pueden comprender a la luz de la razón y ésta es una de ellas. Por ende, ¿para qué perder tiempo lastimosamente?

Digamos que lo que tiene para ofrecer el oficialismo es eso: un economista inescrupuloso y obsecuente junto a una Presidenta que relata un país inexistente. No hay sorpresa, pues, en lo que puede deparar tamaña conjunción de seres. De ese modo, aguardar algo diferente a lo que hay es como esperar que el Riachuelo luzca celeste y transparente.

Quienes por otra parte fueron realmente leales a los Kirchner, aun en los momentos más difíciles, cosecharon desdén e indiferencia. Algunos ejemplos bastan para ilustrar con vehemencia el concepto de confianza y lealtad que se maneja.

A Agustín Rossi –que puso la cara para cubrir hasta intereses matrimoniales disfrazados de proyectos de ley en los debates más candentes del la Cámara Baja– se le vació la lista de legisladores que esperaba llevar con él en Santa Fe.

A la CGT –que fue el brazo sobre el cual comenzaron a construir poder los Kirchner– se le ofreció los espacios más relegados. ¿Dónde quedó, sin ir más lejos, Julio Piumato?

A las organizaciones de derechos humanos que les dieron razón de ser para conquistar izquierdas huérfanas que sumaran a sus apetencias se les dejó apenas el pañuelo blanco… y encima manchado.

A Daniel Scioli –que rifó hasta su dignidad para no enfrentarlos cuando lo obvio no podía ser disimulado, soportando todo tipo de zancadillas y humillaciones– le impusieron un compañero capaz de continuar con la tarea, es decir: humillarlo y desestabilizarlo.

Incluso al inefable “vocero” que no duda en negar a Dios, desmentir a Galileo, tapar el sol con un dedo, comparar a Cristina con Atenea y a los demás con “mamarrachos”, o describir a la Argentina como la nueva Suiza, se lo aleja de la Rosada hacia una banca en la Cámara Alta. A muchos otros ni siquiera eso. Su suerte sigue en stand by sin que haya garantía de nada. Y la desesperación revuelve el avispero porque el destino para ellos puede ser aún más complejo.

En fin, la Presidenta quiso a alguien decodificador, leal y confiable. Encontrarlo entre sus huestes era impensable. No tuvo entonces otra salida que inventarlo con el recurso de describir lo bueno como malo, lo negro como blanco. O casi como un Dios, creando un hombre a su imagen y semejanza… ¿Cómo negarlo?

Tampoco es tan grave, porque lo que en realidad cuenta lo define cada uno dentro del cuarto oscuro cuando decida completar el slogan: “Cristina, Boudou…..” ¿Y vos…? © www.economiaparatodos.com.ar


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