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Jueves 26 de diciembre de 2013

Hablemos con franqueza

Hablemos con franqueza

Las cosas por su nombre. Para la Real Academia Española de la Lengua la hipocresía es  “fingir cualidades que verdaderamente no se tienen”. Tengamos esto presente mientras miramos con  realismo el mundo de los negocios

El conjunto de la economía argentina evoluciona en forma agónica. Las empresas se desenvuelven en mercados con altos niveles de regulación, fuerte presión impositiva, incierto abastecimiento de insumos, importantes niveles de subsidio y distorsiones profundas en los precios relativos. El contexto jurídico no es estable, las reglas de juego pueden cambiar por efecto de una omnipresente “emergencia económica”, que le confiere incertidumbre a las normas.

La “producción nacional” es tal en tanto el país disponga de recursos para importar bienes de capital y sus repuestos, insumos industriales, unidades de transporte y energía, lo cual representa el 75% del uso de las divisas.

La Bolsa de Valores registra operaciones en un orden aproximado a los 12 millones de dólares por día. Ese importe equivale al 1% de la facturación diaria del grupo Royal Dutch Shell o Wal – Mart Stores,  Exxon Mobil o Sinopec en el mundo y es similar al ingreso anual promedio de 200 ciudadanos de Singapur, 400 de Corea del Sur o 1500 de China.

El mundo no está quieto. Crece. Entiende las crisis como un alejamiento circunstancial de una sostenida expansión a largo plazo que no se ameseta ni decrece.  Las recesiones y aún las depresiones son momentos complicados en torno a una tendencia firme de crecimiento. Se superan en base a experiencias de los errores pasados y a una permanente interpretación del signo de los tiempos. Entendiéndolos y desarrollando estrategias adaptativas a las nuevas realidades.

Algunos países no lo logran, se alejan de los autónomamente dinámicos y su evolución es dependiente del éxito y el ritmo de los primeros.

A comienzos de los años noventa del siglo xx el 75 % del potencial productivo del mundo estaba en el hemisferio norte, 59 % en las economías occidentales y 16% en las del Asia del este. Hoy la economía mundo tiene su 83% en el hemisferio norte, 47 % en occidente y 36% en la zona Asia – Pacífico.

De igual modo, algunas empresas no consiguen adaptarse. En el mejor de los casos tienen un destino similar que las regiones o los países: declinan. Pero algunas desaparecen y otras ocupan su lugar. Hace cinco años las diez corporaciones más importantes del mundo, según el informe anual Fortune Global 500, eran estadounidenses. En el informe 2012 tres de las diez empresas son chinas, dos americanas, una holandesa, una francesa, una alemana, una japonesa y una inglesa.

Lo aquí expuesto no es una visión depresiva. Intenta ser un shock de realismo. Mirar un poco más allá de nuestras narices y en todo caso quebrar nuestro narcisismo. Convencidos de  ser similares al resto del mundo y actuando como si estuviésemos al ritmo de la época creemos que gerenciamos negocios, sin darnos cuenta que en realidad jugamos “estanciero o monopoly” y desperdiciamos así la calidad de nuestros talentos humanos.

¿Cuál es el mejor papel posible para las escuelas de negocio en un escenario de este tipo? Hablar con franqueza. Clamar por una dirigencia responsable. Formar a nuestros estudiantes, con el compromiso de nutrir al sistema empresarial productivo de tomadores de decisión con clara visión de las circunstancias, sentido crítico, capaces de ubicarse en el contexto estratégico, hábiles para revertir el sendero de deterioro competitivo y coraje para señalar errores. Directivos capaces para lograr que sus organizaciones se afiancen en su actividad y sean sustentables en el tiempo. Decididos a rechazar la ganancia fácil y no transigir con la que puede resultar ligada a procesos de dudosa transparencia. Idóneos en el uso de herramientas de decisión, pero también hábiles para desarrollar criterios y valores a fin de utilizarlas adecuadamente. Responsabilidad y no juego fácil, porque el futuro de todos va involucrado en ello.

Cornelius Castoriadis dice, reflexionando sobre el ascenso de la insignificancia, “son las crisis de sentido en las sociedades las que permiten que los elementos coyunturales tengan la importancia que tienen”. Suscribo esos conceptos y aspiro a que estas consideraciones sean disparadoras de pensamiento. Creo que las circunstancias lo merecen.

El autor es Economista y Decano Escuela de Posgrado en Negocios , Universidad de Belgrano