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EPT | March 28, 2020

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Lunes 29 de diciembre de 2008

La comunicación con nuestros hijos

La función paterna de la escucha requiere atención y concentración para que el diálogo sea efectivo.

Escuchar pone de manifiesto atender y entender a nuestros hijos, requiere además concentración de nuestra parte. Cada uno en su función donará algo de sí para construir un lazo que se fortificará a través del tiempo, a través de la palabra se desprenderán las formas de comprender y pensar la realidad, nos permitirá establecer relaciones que nos llevarán a entender semejanzas y diferencias con cada uno de nuestros hijos. Resaltando las fortalezas de cada uno; entendiendo, colaborando y acompañando también las debilidades de cada uno.

El escuchar y dialogar implica también silencios, no dar respuesta a todo es válido también. Porque pensar que tenemos que responder a todo, porque no animarnos a devolver la pregunta. El cuestionar es una vía, una posibilidad, es dar lugar al otro a que establezca relaciones, a generar más inquietudes y entender además el discurso del entorno. Es primordial entender el mensaje y la forma que comprende y procesa el otro.

Si realizamos un recorrido acerca de cómo es la comunicación con nuestros hijos nos remontamos a esos primeros momentos de contacto con cada uno de ellos.

Desde que son niños nos comunicamos a través de las caricias, afectos que nutren y fortalecen la relación. Las palabras que el adulto expresa tienen un sentido esencial, dado que hace de intérprete de las necesidades y demandas del niño. Interpreta y codifica ese dialecto desconocido al que le otorgamos sentido.

El vínculo parental se construye día tras día, a través de acciones y funciones básicas como la de alimentar física y psicológicamente, brindándole herramientas y ayudándolo así a creer en sí mismo.

Cada padre transmite un modelo de organización grupal e individual, que estará determinado por las distintas experiencias vividas, estableciendo determinados valores y normas que consideran y desean que sus hijos tengan incorporados.

En todo este camino de relaciones se instauran hábitos y aprendizajes que dan lugar a distintas conductas que generan la independencia del niño dando lugar a la autonomía necesaria para iniciarse en otro espacio: el social.

Cada forma de representación de la realidad llegará al niño mediatizada y procesada a través del discurso parental.

La comunicación actúa en cada momento como un indicador clave para que cada uno de estos pasajes se realicen.

El discurso de los padres acompaña, protege, permite cambios y modificaciones. A través del diálogo generamos el intercambio de ideas, opiniones y diferentes modos de pensar una serie de situaciones posibles y hasta imposibles de imaginar.

El lenguaje y la comunicación corporal nos ofrecen otro tipo de contacto; un abrazo, el tomar a nuestros hijos de la mano, tocarle el hombro; acompañan y sostienen el vínculo colaborando y potenciando la relación de padres e hijos hacia una mejor comunicación.

Pero, ¿qué hacer en estos tiempos?; tiempos posibles de comunicación, donde hasta la palabra escrita muestra demasiada síntesis y en donde la comunicación resulta abreviada.

La comunicación como exprese en el comienzo existe desde los inicios, cada uno de nosotros lo hacemos de diferentes maneras y formas, todas son válidas en la medida que le otorguemos la importancia y relevancia en lo que concierne a la crianza de nuestros hijos.

Crear momentos en donde la familia se reúna, diariamente o semanalmente, instauraría un espacio clave y determinaría un lugar en donde cada integrante podría tener la posibilidad de ser escuchado y valorado por lo que expresa.

Estos “lugares”, “momentos” de encuentro nos permitirán mirar a nuestros hijos, “atender y entender”, intercambiar opiniones, tomar decisiones como padres, escucharlos para brindarles confianza en sí mismos y herramientas para asumir decisiones y valores en su vida adulta.

He aquí una de las grandes responsabilidades de la paternidad, ayudar a nuestros hijos a crecer con firmeza y con confianza en sí mismos. © www.economiaparatodos.com.ar

La licenciada Marcela M. Cordaro es psicopedagoga y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres.


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