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lunes 12 de mayo de 2008

La crisis perpetua

El reclamo del agro es sólo un emergente de todo lo que no se ha hecho en los últimos años en materia de políticas públicas en la Argentina.

“El odio es la venganza del cobarde.”
George Bernard Shaw

Posiblemente sean muchas las lecturas que pueden hacerse de la mentada “crisis del agro”, un eufemismo más porque la crisis va mucho más allá del sector agropecuario. En rigor, hay análisis de todo tipo según quién se encuentra detrás del teclado. Algunos apuntan al ex jefe de Estado que ha comenzado a mostrar un desequilibrio importante en el manejo del poder con resultados impensados. Hay quienes ven la culpa detrás de los grandes monopolios de granos o del grupo Clarín porque fogoneó el paro, pero todos ellos no son sino actores secundarios. La crisis es anterior al reclamo de los ruralistas que sólo son un emergente de todo lo que no se ha hecho en los últimos años en materia de políticas públicas en la Argentina.

Néstor Kirchner posee el monopolio del poder político pero hay un detalle a tener en cuenta: los “dones” del ex mandatario, que sigue mandando, le fueron otorgados por una minoría del electorado y un ballotage frustrado. Eduardo Duhalde, que ahora brega por la bondad de la soja, lo sirvió en bandeja para que Carlos Menem no pueda acceder a otro mandato. Hoy esa “paternidad” no aparece en la memoria de los ciudadanos, y hasta resulta que el jeque bonaerense pudiera ser bien visto como piloto de tormenta… ¡a tal punto estamos desesperados! Cristina Fernández representa casi el mismo caso: puesta a dedo por una sociedad conyugal, y aceptada luego por un porcentaje de votos que sube o baja según quién baraje los cálculos. Pero la realidad es una: ahí están, encerrados en la ofuscación de un rencor que excede los límites del campo.

¿Por qué no hay grandes novedades en la contienda entre el Gobierno y el sector agropecuario? Simplemente porque idénticas afrentas sufrieron antes las Fuerzas Armadas y nadie pestañeó siquiera. Es cierto que los uniformados no podían salir a cortar calles porque conjuntamente a su denigración se vendió una condena generalizada por lo actuado en los 70. ¿Cómo hacer un cacerolazo para que se rescaten las bondades de una institución fundacional de la Nación cuando se instala la idea de que todos sus integrantes asesinaron jóvenes con ideales? No se tuvo en cuenta que en sus filas revestían muchos hombres ajenos a la represión, con vocación de servicio a la Patria. Pero la Patria es un concepto que los Kirchner jamás entendieron de qué se trata. Así, dejamos pasar la patoteada y el desguase de las Fuerzas Armadas. Dejamos que se nos venda, sin ejercer juicio crítico, una historia distorsionada.

A continuación, los empresarios fueron atacados desde el atril y puestos bajo el control del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Hicieron con ellos lo que quisieron porque, a fin y a cabo, los números les seguían cerrando. Dejaron pasar los aprietes y los controles en pro de balances redituables. Si ellos mismos asumieron el papel de rebaño frente al gran pastor, ¿cómo se va a solidarizar la calle? Sumados a la actitud de la “víctima”, se hizo la vista gorda ante aquellas maniobras non sanctas con las que se regula el mercado.

El turno le llegó también al clero. Recuérdese que, por primera vez, un Tedeum no se realizó en la Catedral ya que el entonces presidente, ordenó un sermón a su medida en una provincia para demostrar tener carácter federal. La guerra continuó entre un Obispo y un Ministro de Salud que quiso liberar a la juventud de lo que él consideraba un mal: la ética, los valores, la moral. El desencuentro entre Monseñor Bergoglio y el matrimonio presidencial se perpetúo sin que se sepa demasiado si acaso se les negó la absolución de sus pecados. No hubo grandes voces ni movilizaciones demandando cordura y defendiendo algo que no en vano tiene más de 2000 años.

El periodismo tuvo, tiene y tendrá lo suyo: es el causante de todos los males para la Presidente. El gremio se defendió como pudo aún cuando hay tantos celos y recelos en un ambiente donde debería primar la solidaridad en pro del servicio que se supone debe brindar. Pero la gente no se hizo ni se hace eco de los atropellos que le propina a diario el Gobierno. Es cierto que muchas veces, el mismo periodismo desdeñó el daño infringido a los ciudadanos al silenciarle la verdad o al distraerlo con nimiedades pero aún así podría haber alguna suerte de protección social a quien le muestra cotidianamente qué es lo que pasa, qué es lo que hay…

La oposición con todas sus falencias, algunas imperdonables, fue esmerilada y sus votantes no hicieron nada. El electorado de Luis Patti, sin ir más lejos, no se movilizó ni a Marcos Paz ni a Tribunales. Y así podríamos seguir enumerando maltratos sufridos por una dirigencia que se ensimisma ante la impotencia, y cree que el poder es un arma con el cuál declarar guerras. Si pierden o ganan no tiene importancia, lo que cuenta es que nadie advierta la debilidad de su fuerza.

Si acaso gobernaran de verdad, las crisis a las que asistimos no hubieran tenido ni tendrían lugar. Habría políticas de Estado en vez de confrontaciones y divisiones de la sociedad. Habría acuerdos y pactos, reglas y normas, independencia de poderes y democracia real en vez de un matrimonio que cree ser el Estado y, en consecuencia, se ocupa de lo que no se tiene que ocupar. Despoja así al pueblo y a todos los sectores sin distinción de roles. Ellos quieren el poder divino de los eclesiásticos, quieren los fusiles de los soldados e instaurar la obediencia debida para sus funcionarios, quieren las empresas con sus paquetes accionarios, quieren los medios para acallar sus errores y disfrazarlos. Ellos quieren los campos no para sembrar sino para hacerse de la cosecha y sumar el ganado a su erario.

El pueblo presenció todas las contiendas sin asombrarse siquiera, recién ahora parece percibir que lo han estado estafando porque sintieron la mano en los bolsillos y vieron que sus heladeras no están repletas. “Nunca es tarde cuando la dicha es buena” dice el refrán pero hemos perdido muchos años ya. Hoy descubrimos la crisis del agro pero ésta es una continuidad de tantas otras crisis anteriores provocadas por la soberbia, la ineficacia y el rencor del gobierno nacional. Alguien los puso donde están. Ese “alguien” será quien deba desterrarlos para que dejen de crear contiendas y batallas donde nadie gana. Pero claro… faltan más de 3 años. En el trayecto será cuestión de reflexionar, mostrar el “darse cuenta” el próximo año en los comicios legislativos, aprender a leer entre líneas, y ejercer el derecho a reclamar sin que ello anule los derechos de los demás… Tres años debieran alcanzar para terminar de madurar. Si pasado ese lapso, las urnas no develan cambios, habrá que asumir que los argentinos hemos pasado de ser ciudadanos a ser rebaño y nada más. © www.economiaparatodos.com.ar

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