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lunes 12 de noviembre de 2007

La fidelidad en tiempos de crisis

El temor a comprometerse para toda la vida, propio de la sociedad actual, crea barreras emocionales que impiden la entrega incondicional y llevan hacia el individualismo y la soledad.

Al presenciar una ceremonia de casamiento, nos emocionamos frente a un hombre y una mujer que se comprometen a ser fieles durante toda su vida.

En estos tiempos en los cuales las palabras parecieran ir perdiendo su significado, los invito a que reflexionemos en el profundo contenido de la fidelidad.

Fidelidad viene del latín “Fidelitas, atis” y significa “lealtad, observancia de la fe que uno se debe a otro”. Ésta es la primera acepción, que no solo se circunscribe al matrimonio, sino que abarca un espectro mucho más amplio: la fidelidad a la amistad, a las propias creencias, a la vocación y al trabajo, entre otras.

La sociedad actual plantea una serie de cambios continuos y constantes, donde las relaciones “tienen que estar abiertas al cambio”. Es aquí cuando se producen los malentendidos: se confunde “fidelidad” con “aguante”. Aguantar es resistir el peso de una carga, propia de los objetos. Esta idea genera el temor a comprometerse para toda la vida, lo que crea barreras emocionales que impiden la entrega incondicional, el “jugarse” por el otro. El resultado es el individualismo y la soledad.

La fidelidad, sin embargo, supone algo mucho más elevado, como la define el filósofo Alfonso López Quintas: “Es crear en cada momento lo que uno prometió en un momento de su vida”.

La fidelidad es un valor basado en la confianza, el respeto y la sinceridad.

La confianza porque es la base para crear un vínculo sólido, que nos permite darnos créditos, es decir, creer en el otro, saber que nos debemos exclusividad.

El respeto porque es el aprecio con que mediante nuestras actitudes y conductas reconocemos la dignidad de la intimidad personal.

Y la sinceridad porque la fidelidad necesita ir acompañada de la verdad. Para una persona fiel, lo importante no son los cambios que se presenten, que de hecho se darán, sino realizar en la vida aquel proyecto conjunto en el cual se comprometieron uno con el otro. Lo importante es la singularidad de la unión y comprender que el matrimonio logra perdurar por la calidad interna, donde el nutriente fundamental es el amor sólido.

Cuando en el matrimonio renovamos día a día nuestro compromiso de fidelidad estamos sentando las bases para ser padres fieles, capaces de comprometernos con la vida de quien elegimos para vivirla y con aquellos que vendrán, nuestros hijos. © www.economiaparatodos.com.ar

La licenciada Andrea Saporiti es psicóloga y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres. Realizó un master en Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra, España.

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