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EPT | February 23, 2020

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Lunes 29 de junio de 2009

La hoja en blanco

La jornada electoral del 28 de junio se convierte en prólogo de un nuevo texto a escribir entre todos, ciudadanos y dirigentes. Pero, cuidado, no debemos dejar que nos arrebaten la pluma.

Pocas horas de sueño, y una jornada previa signada por la esperanza y cierto temor a esa apatía que ha venido caracterizando al pueblo argentino sin mucha razón; amén de la gripe que se erigió también protagonista en la elección. No sé si acaso todo ello me absuelve de un análisis profundo y preclaro de los hechos que, apenas abiertos los ojos, esta mañana, se confirma: no ha sido un sueño.

Y no se trata de una postura anti kirchnerista por capricho. Se trata de una necesidad que venía exigiendo la sociedad sin poder quizás manifestarla con suficiente ahínco para que no quedara diluida entre maniobras turbias y un maniqueísmo que dominaba la escena y tratará, ¡cuidado!, de seguir haciéndolo.

Perdió el kirchnerismo. Tal vez basta con esas tres palabras para que el lector comprenda la magnitud de los hechos. No se trata de un fracaso estrepitoso en materia de números. Es decir, Néstor Kirchner sabía de antemano que la mayoría en el Congreso pasaba en breve a ser una utopía. No perdió por un porcentaje apabullante: perdió “por poquito” – dijo. Y hoy, 29 de junio “poquito” parece ser un sinónimo de océano. Es más de lo que puede medirse estadísticamenete, es –como podría decir Aníbal Fernández – una “sensación” más que un porcentaje o un adjetivo. Así se lo vive íntimamente en Olivos. Y así lo vive también gran parte del pueblo argentino.

Es decir, por vez primera quizás, experimentamos idéntica sensación con el gobierno: nada alcanza para explicar lo obvio. Se trató de un “golpe”, como expusimos en este mismo espacio, Kirchner fue contra sí mismo. Se erigió su peor enemigo, y no bastó un burdo intento de cambiar la agresión por un tono suave y bonachón para menguar el hartazgo que había hecho mella en la población.

De ahora en más, vendrán explicaciones para todos los gustos. El matrimonio presidencial ya tiene una nueva dificultad que no es precisamente gobernar, sino leer los matutinos y digerir los títulos que tanto afán pusieron en evitar. ¿Cuánto tiempo demandará ello? Tras seis años de experimentar superioridad, vana o real ¡qué más da!, hpy deberían bajar al llano. No lo harán.

Al menos no tan rápido. El “reconocimiento” del fracaso al borde de la madrugada, con cara desencajada y un rigor mortis dificilmente disimulable, demuestra que el carácter tiene sus resistencias. Un cambio de gabinete será apenas maquillaje. Es sabido que el gobierno ha estado en manos de una sola persona o acaso de una sociedad conyugal estructurada en torno al poder, nada más. ¿Qué trascendencia tiene que el ministro de Economia en lo sucesivo se llame en vez de Fernández, Pérez o García? Graciela Ocaña desde luego deberá pagar el costo de obedecer, pero en esos caso suele haber alguna suerte de recompensa extra o subliminal: el ostracismo político a simple vista como en el caso de Felisa Micelli o por qué no una embajada, un consulado o un cargo de esos que no requieren exposición ni show mediático. Veamos que Sandra Mendoza de Capitanich pasó de echar la culpa del dengue a un mosquito a ser quién ocupe una banca en lo sucesivo…

Todavía esos “deslices” serán algo “común” en un país que recien experimenta cambios o al menos intentos por aprovechar de una buena vez oportunidades que en rigor, nunca le han faltado. El peor error que podría cometer hoy por hoy quienes resultaron vencedores en la contienda es hablar públicamente de sus afanes futuros. El 2011 no está cerca en una geografía donde todo debe rehacerse y más aún dónde todo lo que queda sin destruir tenderá a desaparecer en los próximos seis meses. Los Kirchner se irán con su absurda “venganza” a cuestas: dejar tierra arrasada, está en su naturaleza. No pidamos peras al olmo ni que el mentado “estilo K” -que no ha variado un ápice desde el vamos-, se modifique o mute por una nueva cepa electoral.

Mostrarán los dientes en breve. Al principio habrá una suerte de tregua, breve, efímera y poco creíble. Después harán ‘tronar el escarmiento’ tal como mandaron a avisarle a Luis D´Elía. Es cierto que en la calle se respira un aire diferente y hay muchos que sienten haber consumido la espinaca que le daba a Popeye esas virtudes mágicas para frenar cualquier barbaridad que puedan tener en mente. Pero todavía son los Kirchner los que habitan en Olivos y ocupan, aunque sea de tanto en tanto, Balcarce 50.

Intentarán negociar, no la gobernabilidad sino la inmunidad. Tarea nada sencilla. En una interna del PJ este tema no puede descuidarse ni la gente puede ahora hacer la vista gorda. Si bien, el triunfo fue de ese peculiar personaje tatuado que supo caminar la provincia sin que le importe pisar el barro, si bien Mauricio Macri tratará de sacar rédito de aquello aún cuando la ciudad capital -junto al nuevo guiño de ojos le ha mandado un mensaje bastante claro-, hay una sociedad detrás que ha soportado lo insoportable para que todo esto esté pasando.

La Democracia no terminó ayer a las 18 horas cuando los comicios cerraron. La Democracia si se quiere recién está comenzando. Lo sabe Julio César Cobos que deberá tener el equilibrio de un artista circense, cada uno de sus pasos será una apuesta fuerte. Lo sabe Carlos Alberto Reutemann: la velocidad excesiva no es la causa de un triunfo garantizado, y el ex piloto de Fórmula 1 no debería pretender más que ser lo que le ha tocado en suerte: asumir como senador y dejar al tiempo que le muestre el camino hacia otro lado.

Daniel Scioli podrá intentar lo imposible pero es dificil que pueda salir ileso de una obsecuencia que lo ha cegado. Su definición testimonial no tiene sentido dentro de seis meses: hoy los argentinos, sobre todo los bonaerenses, deberían escuchar de sus labios qué destino elegirá a partir de Diciembre.

Es hora de consensos y sinceramientos. El triunfo ya es pasado. No hay tregua ni veda en un país donde está muriendo gente por una pandemia pero también por hambre… por el ocaso de su sector más trascendente: el campo. Es hora de políticas de Estado que deben dialogarse. Los Kirchner no saben qué es el diálogo, si seguimos creyendo que en ellos operará el cambio volveremos a perder una oportunidad más como nos ha sucedido cada vez que creimos que un punto de inflexión nos estaba dando una mano.

Todo lo que ha sucedido en la jornada electoral del 28 de junio es el prólogo. Nada está escrito todavía y la tinta se seca si no hay una mano que tome la pluma y empiece aunque sea a borronear algo. © www.economiaparatodos.com.ar


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