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Miércoles 28 de mayo de 2014

La mediocridad suele revestirse de apariencias brillantes

La mediocridad suele revestirse de apariencias brillantes

Muchas ideas superficiales pasan por profundas al ser revestidas de un disfraz grave y filosófico que permiten ocultar su origen plebeyo, ya que si fueran presentadas “al desnudo” resultarían de una vulgaridad insoportable.

Tres buenos ejemplos de lo antedicho: Cristina Fernández, Axel Kiciloff y “Coqui” Capitanich.

Los daños que esto produce son de mucha trascendencia, porque se escucha con un respeto inútil conceptos que causan la sensación equivocada de estar recibiendo los beneficios de un axioma profundo, pleno de eterna verdad.

Es muy común que ocurra esto cuando algunos mediocres se “plantan” frente a un micrófono pretendiendo sorprender adrede la buena fe de sus oyentes. Su elocuencia, adornada con un ropaje lingüístico efectista, permite instalar casi siempre gobiernos que jamás cumplen con sus promesas, afirmando muchas veces con cinismo sin igual que “los grandes intereses de la sociedad exigen sacrificar el prurito de la verdad absoluta” (sic).

En tiempos preelectorales, salen de sus madrigueras estos “profesionales” de la mentira, con discursos parlanchines que jamás dicen cómo nos sacarían de nuestras dificultades.

Así trajinan últimamente Scioli, Domínguez, Randazzo y Uribarri, entre otros “candidatos” a prolongar la agonía del Frente para la Victoria.

Los desengaños sufridos durante el período que termina, han embotado de algún modo la sensibilidad de muchas personas, que quedan fascinadas por piezas oratorias de quienes pretenden disfrazar su muy tibia disposición interior para hacer los cambios necesarios en caso de ser elegidos.

Los argentinos somos muy afectos a aplaudir aquellas cosas que guardan empatía con lo que deseamos que ocurra aunque carezcan de lógica alguna y nos hemos acostumbrado a dejarnos llevar por la solemnidad de ciertas apariencias, sin escarbar demasiado para descubrir su verdadera sustancia.

Con el ocaso del kirchnerismo hemos arribado a una nueva frustración, por haber repetido el error que señalaba Einstein: seguir el mismo camino por el que nos estrellamos, pensando que arribaríamos a una meta diferente.

Las modas se propagan en nuestra sociedad como una chispa, y solemos vivir habitualmente de frases hechas que “suenan” bien. Algunas particularmente huecas, como la que dice que: “la resolución de los problemas económicos urgentes no depende tanto de la recaudación del Estado, sino de reordenar ciertas partidas presupuestarias creando nuevas prioridades (¿)”. Sin admitir que hay políticas simplemente inadecuadas QUE SOLO SIRVEN PARA SER BOTADAS A LA BASURA SIN MÁS VUELTAS.

Dice Balmes que “el entendimiento no se adquiere sino con un hábito engendrado POR EL MUCHO MIRAR. La ojeada rápida, segura y delicada de un gran pintor”, sostiene, “no se debe sólo a la naturaleza, sino también a la dilatada contemplación y observación de los buenos modelos; y la magia de la música no se desenvolvería en la organización más armónica, sujeta únicamente a oír sonidos ásperos y destemplados”.

Como ya hemos sostenido antes de ahora, allí está el tenor del debate que debemos dar entre todos con urgencia impostergable para salir del surco equivocado en el que nos hallamos enterrados hasta las orejas desde hace años.

¿De qué otra manera más efectiva podríamos protegernos de algunas personas como nuestra Presidente cuando nos “regala” su oralidad insustancial?

carlosberro24@gmail.com