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Lunes 14 de octubre de 2013

La otra cara de la misma moneda

La otra cara de la misma moneda

Si acaso el kirchnerismo se hunde frente a este tipo de circunstancias es porque está edificado sobre arenas movedizas

Si bien se mira, no hace falta adentrarse en laberintos endemoniados, ni seguir a pie juntillas todo cuanto acontece en el escenario político para entender qué es verdad y qué es mentira, y comprender por qué no puede hablarse de “década ganada” en Argentina.

La coyuntura suele sacar a la superficie, las raíces mismas de la trampa y la farsa kirchnerista. A tal punto es así que esta vez, es la mismísima Cristina Fernández quien me redime del trabajo, asumiendo el rol inobjetable de analista.

“Hay salud pública cuando los presidentes se atienden en hospitales públicos, lo demás es puro cuento“, dijo la Presidente no hace mucho tiempo.

La síntesis es exquisita. Hoy, la jefe de Estado se recupera en la Fundación Favaloro tras haber vivido los últimos vaivenes de su salud en el Hospital Austral y en el Sanatorio Otamendi. Ahora bien, la primer operación ha sido quirúrgica y fue exitosa según los partes médicos a los que se tiene acceso.

La segunda operación, sin duda, será política, y el éxito de la misma ya no dependerá de la unidad médica ni de la dirigencia. Dependerá pura y exclusivamente de la ciudadanía…

Es por ello quizás, que hay que diferenciar entre la conmoción mediática y la conmoción social. Ambas hayan su origen en causas distintas. Mientras la primera pretende generar desconcierto frente a un hecho pasajero, la otra viene manteniéndose en el tiempo, y se erige sobre algo que está demostrando ser en exceso no perecedero: la insensatez e ineficacia del gobierno.

Así, los únicos que mostraron sentirse “en ascuas” cuando se conoció la noticia de la internación de Cristina fueron sus funcionarios, sus ministros. Una cosa es preguntar o preguntarse qué pasa o cómo sigue la salud de la mandataria, y otra muy distinta es vivir una conmoción como pretendieron graficar la situación. No hubo ni hay confusión generalizada.

Si acaso el kirchnerismo se hunde frente a este tipo de circunstancias es porque está edificado sobre arenas movedizas. Ningún gobierno medianamente serio se agita por una cirugía a la que puede ser sometido un jefe pasajeramente. Lo cierto es que este imprevisto con la titular del Ejecutivo, amén de sacar a relucir el eterno vivir en un “todos contra todos” en el seno del gabinete, ha demostrado nuevamente la inexistencia del trabajo en equipo.

Cada despacho de la Casa Rosada es un fusible, y cada área del gobierno es apenas una unidad comercial donde se tejen y destejen negocios inauditos. Pero eso sucede solamente en una reducida geografía de la Argentina. Más allá, está la gente…

Y la gente, la sociedad, está preocupada por el aumento sostenido de los precios y la violencia indiscriminada que arroja cadáveres como si se tratara de volantes que hacen publicidad. La salud de la mandataria puede leerse como uno de esos imponderables que agitan las aguas del mar electoralista, y hasta quizás, altera intereses de momento de un microclima, pero termina sin modificar un ápice de lo que pasa y no debería pasar.

Los argentinos en general pueden haberse preocupado tal como suelen hacerlo cuando un artista o alguien con reputación en los medios sufre algún imprevisto. No más que eso. La credibilidad perdida, además, hizo lo suyo para que todo el circo armado en torno a una cuestión delicada de momento, no fuese tomada como una tragedia inacabada.

Pero como reza el título de una novela de Milán Kundera, “la vida está en otra parte“, no en la crónica periodística efímera que nace y muere en el día, ni tampoco en la agenda que pretende imponerse desde Balcarce 50. En esa otra parte, la vida sigue y la trama se diferencia notablemente.

Además, el problema no pasa por esconder o no esconder a un vicepresidente. El problema radica en que ese vicepresidente es Amado Boudou y está desde que lo eligiera un 54% del electorado hace dos años. Comprar el relato de la gravedad institucional que implica elevarlo al rol mayor, es decir, situarlo al frente del Estado, no modifica sustancialmente el escenario. El guión sigue siendo el mismo y el elenco no ha variado.

A su vez, quienes se rasgan las vestiduras por el sólo hecho de tener que verlo ‘aquí y ahora’ en lugar de saberlo viajando – con fondos del pueblo – por el mundo entero, no terminan de definir cuales son las reales diferencias entre el “modus operandi” del ex UCeDe y el de la Presidente. A ninguno le cierran los números, a ambos sus patrimonios le hacen mella. ¿Acaso alguno puede tirar la primera piedra?

Ahora bien, si se está en plena lucha por la no modificación de la Carta Magna, si se dice que la letra de la Constitución no puede ser sometida a interpretaciones laxas, hay que dejar pues que sea Amado Boudou quien ocupe la Presidencia y en todo caso, ya que estamos, aprovéchese la oportunidad para darnos cuenta que así como al sol no se lo tapa con una mano, tampoco puede anularse lo malo dejándoselo de lado.

El kirchnerismo no es únicamente Cristina. A esta altura, el kirchnerismo es un estilo de vida determinado. Lo promueven diferentes voceros. Limitarlo a una figura tan mortal como cualquiera es un error que puede acarrear costos serios. Amado Boudou, en definitiva, no es sino la otra cara de la misma moneda.

La conmoción y el problema de la Argentina no pasa sólo por Cristina. El mero cambio de un protagonista nunca significó dar de baja a una obra, apenas si implicó un simple cambio de maquesina. No nos confundamos. Con uno u otro continúa el mismo espectáculo.