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EPT | October 29, 2020

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Jueves 2 de abril de 2009

La paz llegará por contraste

Gran parte de la sociedad argentina, cansada de vivir en la pelea y en el desequilibrio constante, impulsará el cambio.

La Iglesia acaba de mostrar su preocupación por la alteración de la paz social en la Argentina en referencia directa al conflicto que el Gobierno se empeña en mantener con el campo.

El gobierno, a su vez, vía Aníbal Fernández, contestó severamente por la participación del Padre Guillermo Marcó en la concentración de Plaza de Mayo por la inseguridad. Fernández dijo: “no nos ayuden más… seguiremos solos”.

La Iglesia tiene razón en su apreciación, pero no en lo que cree es su único motivo. Es cierto que el conflicto con el campo es un ingrediente de enorme tensión para toda la sociedad, no sólo para los sectores involucrados. Sin embargo, la paz no está alterada sólo por eso y sólo desde que ese conflicto existe. Es más, podría decirse que ese entuerto ha sido la consecuencia y no la causa de la pérdida de la paz.

La paz se ha perdido desde hace mucho en la Argentina. Ese estado de confianza en que el momento siguiente iba a ser mejor que el anterior para todos o para una gran mayoría, empezó a desvanecerse en el país hacia 1998, hace más de 10 años.

La estabilidad, que sosiega los ánimos y permite otro humor, comenzó a perderse en aquel momento. La imposibilidad de recuperarla derivó en el profundo impacto del 2001, en la ruptura del periodo constitucional de De la Rúa, en la pérdida de los ahorros de muchísimo tiempo para decenas de miles –cuando no de cientos de miles-, en la estafa de la pesificación asimétrica y en la llegada al poder de una persona de un espíritu díscolo que ha practicado el deporte nacional del rencor. Esa es la génesis de la alteración de la paz social en la Argentina.

Es cierto que las mismas circunstancias, por lo menos del 2002 para acá, podrían haberse manejado de otro modo si el gobierno hubiera caído en manos diferentes de las de Kirchner. Desgraciadamente una cuestión de odio personal –la de Duhalde contra Menem- encadenó los factores para que el ex gobernador de Santa Cruz fuera presidente.

Es sabido que el odio no es un buen embrión para nada. Y el odio de Duhalde a Menem generó a un odioso en el gobierno; a una persona que siempre ha encontrado divertido el hecho de poner a unos argentinos contra otros. Hoy esa política ha crispado el humor de todos. La agresión es la regla de la sociedad. Pero el campo y sus cuestiones no han sido los generadores de esta deprimente situación, sino más bien la cara más patética de su visibilidad.

La política del rencor y la venganza, empezada con los militares y continuada hoy con el agro y hasta con el Vicepresidente Cobos es la causa principal de la perdida de la paz social.

Una delincuencia rampante a la que seguramente se la considera el vehículo que venga a los pobres de la riqueza de los ricos; una permanente agresión del gobierno a la prensa a la que se considera culpable desde las estrategias de la oposición hasta de la “sensación” de inseguridad que el Ministro de Justicia niega munido de gigantografías de los diarios, completan este panorama que la Iglesia resume en el documento de la semana pasada.

Aún se ignoran las razones por las que Kirchner ha llevado al país a esta innecesaria zozobra, pero cualesquiera fueran están bien lejos de ser las que deberían haberlo animado como presidente y ahora como mandamás del gobierno.

La sociedad ha visto sus reacciones y las ha copiado. Otras veces lo que tomó de las inurbanidades del ex presidente son sus venganzas y su desprecio por la ley. Gran parte de la sociedad se sintió identificada con ese trato despectivo e irascible. La presencia de Kirchner en el poder no podría explicarse si no hubiera unos cuantos iguales a él.

Pero, sea como fuere y al costo altísimo del desasosiego, esa relación ha cambiado y buena parte de la Argentina se ha cansado de vivir en la pelea y en el desequilibrio constante.

La esperanza radica, precisamente, en que a un largo período de paz social alterada siga otros en donde la regla sea la calma del espíritu, el sosiego de las maneras y la educación de las formas. © www.economiaparatodos.com.ar


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