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martes 28 de enero de 2014

La sopa de Cristina

La sopa de Cristina

“Abandonar la mala costumbre de cometer errores es fácil: todo lo que hay que hacer es dejar de sostener las ideas que los provocaron” (Leo Burnett)
A través de los “tweets” de Cristina, acabamos de enterarnos que deberíamos evitar tomar contacto con quienes desean darnos otra vez “sopa con tenedor” (sic): los Bancos, el capitalismo apátrida, los empresarios inescrupulosos. Todos, menos los ineptos funcionarios que nos explican en un idioma ininteligible cómo es
la vida y qué otro menú nos permitiría alcanzar una felicidad plena.

A ella le dedicamos entonces la reflexión de Burnett con queencabezamos estas reflexiones, porque ni por un momento se nos ha ocurrido que con la metáfora usada haya logrado emular, ni por pienso, la simplificación inteligente de algunos grandes pensadores.

Más bien podría decirse que responde, como siempre, a la práctica de sus inveteradas interpretaciones “unidimensionales” y muy vulgares, por las que se ha condenado a sí misma a rechazar por instinto todo lo que
no responde a las ecuaciones de su ignorancia.

Lo más próximo a la “identidad cultural” de la presidente, corresponde a un constante ejercicio de fidelidad a su folklórica apelación a ciertas franjas del pueblo con las que se siente identificada: los desclasados.

¿Algún complejo de adolescencia quizá?

Nos preguntamos intrigados si un eventual exceso de la temida sopa en su dieta hipocalórica no le habrá hecho perder el buen juicio a ellamisma, por lo que aumenta su presión para que aceptemos el único mundo cuya validez universal intenta imponer a los demás. Ese que construye toscamente en las oscuridades de Olivos y, en los últimos días, en las proximidades del perverso y senil octogenario Fidel Castro.

Fiel a la práctica de sus habituales “purificaciones”, insiste en recordarnos una y otra vez cuan “abominable” es el pensamiento político diferente del suyo.

Mientras tanto, se abrió una semana de “levantamiento de cepo, pero no tanto” y ante las evidencias de lo que comienza a ocurrir, hemos recordado una reflexión del economista y filósofo inglés John Stuart Mill:
“hay gente que olvida que donde no hay competencia, IMPERA EL MONOPOLIO; y que el mismo, en todas sus formas, es un impuesto a los industriosos en beneficio de la indolencia, si no del despojo”.

La gente comprueba que el “monopolio” de un eventual “atesoramiento” (término sutilmente descalificador) de dólares estadounidenses para defenderse de la inflación LO TIENE EL GOBIERNO, que con sus decisiones alocadas solo contribuye al desaliento, haciendo crecer la sensación de que estamos frente a un verdadero
“despojo”: la falta de libertad para disponer del fruto de nuestro trabajo como nos venga en gana.

Los ciudadanos experimentan hoy una sorda rebelión al comprobar la influencia creciente del papel del gobierno en el área de sus preferencias personales y su libertad.

Los próximos días irán mostrando que en este contexto de insensatez, el valor del dólar “blue” ascenderá y el sostenimiento del “oficial” le seguirá provocando una gran pérdida de reservas en divisas al Banco Central.

El sendero se estrecha y las soluciones no aparecen, mientras el gobierno pretende explotar su popularidad mediante el lenguaje poco creativo de “voceros” que cambian de opinión como de camiseta de un día para otro.

Finalmente y por si le sirviera como manual de ayuda al “académico” (¿) Kicilloff le transcribimos la regla VIII del Discurso del Método de Descartes: “si en la serie de cosas que hay que buscar, se presentara alguna que nuestro entendimiento no pudiera ver bastante bien por medio de la intuición, es preciso detenerse en ella y DEJAR DE EXAMINAR LAS COSAS QUE SIGUEN, PARA ABSTENERSE DE UN TRABAJO SUPERFLUO”.

¿Entenderá el mensaje?