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Lunes 8 de junio de 2009

La tarea de ser padres

Claves de una responsabilidad difícil, exigente y demandante, pero que gratifica y reconforta.

Educar a los hijos no es tarea fácil. Educar es criar; y criar significa nutrir emocional, afectiva y espiritualmente; crear y asegurar las condiciones para que la semilla, nuestro hijo, pueda alcanzar su desarrollo íntegro.

Educar significa transmitir valores a través de las conductas, enfatizar a través de estímulos, actividades compartidas y diálogos, el valor único de la vida de ese hijo, para que él/ella se sienta querido por lo que es antes que por lo que hace.

Educar es vivir de tal manera que el hijo que nos observa descubra al vernos, que hay un sentido en cada vida y se sienta estimulado y acompañado a explorar la suya. Los hijos crecen seguro de sí mismos y con buena personalidad cuando los padres han logrado transmitirles esa seguridad y confianza que les va a permitir entre otras cosas, asumir la responsabilidad de sus actos. Es fácil coincidir con esta conclusión, que es simple de expresar, pero difícil de poner en práctica. Los buenos resultados en la formación de los hijos se obtienen aplicando una actitud coherente y educando con personalidad.

¡Hijos con personalidad! ¡Hijos que conquisten su libertad porque han aprendido a ser responsables! Estas metas son posibles para padres que ejercen de padres y que conciben que la autoridad bien entendida es el mejor servicio que pueden prestar a sus hijos.

El arte de ser padres quizás consista en saber poner tutores, como aquel que ponemos a una planta cuando sabemos cual es la dirección en que queremos que crezca, buscando la luz y teniendo seguridad al ser sostenida y saber cuando y cómo quitarlo. Significa establecer límites, sostenerlos, mantenerse presente emocional, física, espiritual y moralmente en la vida de los hijos, ser guías y referentes. Y sobretodo serlo a través de las conductas más que de los discursos. Saber que seremos confrontados por nuestros hijos, pues no se crece sin cuestionar. Y que debemos responder a la confrontación con serenidad, con constancia, con firmeza y con ternura.

Las funciones educativas de los padres no se pueden delegar a otras instituciones. La familia, los padres, educan siempre, aún cuando crean que no lo hacen. La responsabilidad reside en comprender que nadie hará por los hijos aquello que es función paterna y materna. Se puede pedir colaboración pero no ser sustituidos.

El mayor éxito de la paternidad y de la maternidad, es haber criado personas autónomas, con capacidad de autoapoyo, responsable de sus acciones, personas que saben convivir con los límites lógicos de la vida y, al hacerlo eligen, son libres. La libertad consiste en asumir la responsabilidad de elegir “bien”.

Nuestros hijos necesitan y merecen padres, adultos responsables, amorosos y dedicados que disfruten y vivan la hermosa, apasionante y desafiante tarea de educar. © www.economiaparatodos.com.ar

Viviana Gallo es orientadora familiar, madre de cinco hijos y profesional de la Fundación Proyecto Padres.


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