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lunes 22 de febrero de 2010

Llueve sobre mojado

El horizonte político y económico de la Argentina se vislumbra como el clima nefasto que ha estado azotando a los porteños: tormenta a la vista.

Siempre es alentador empezar con una buena noticia. Y es que, finalmente, después de unos cuantos días, y por obra y gracia de la “claustrofobia” presidencial más que por cualquier esbozo de política internacional, parece que Julio César Cobos dejó de ser “destituyente” (o “cuasi golpista”) Eso explica que Cristina Fernández de Kirchner –después de haber desdeñado el viaje a China– haya decidido viajar a México sin que se sancionara siquiera el inefable proyecto de la diputada Diana Conti según el cuál se inhibe, sin eufemismos, al vicepresidente: lo deja literalmente como un jarrón chino.

Hecha a un lado la teoría de la conspiración, al menos por un rato, el gobierno sin embargo, sigue adentrándose en caminos sinuosos, consecuencia de su propia elección a la hora de decidir cómo encarar la gestión. La diferencia es que está vez no se trata simplemente de un auto-boicot como los que experimentaron cada vez que se enredaron con algún obstáculo en estos últimos seis años, sino que ahora se enfrentan a esa oposición -un tanto maniquea- pero aglutinada, aunque más no sea, en el Congreso de la Nación.

Es por ello que el horizonte se vislumbra como el clima que ha estado azotando a los porteños. Los conflictos de la política esta vez desembocan en la economía, y las consecuencias se están haciendo sentir en el órgano más sensible de la ciudadanía: el bolsillo. Con estos vacios, la “jurisprudencia” muestra que la paciencia es escasa, y el humor se hace trizas.

En ese sentido, ya no son dos los “adversarios” que los Kirchner hallan en el camino de la supervivencia. A la Corte Suprema y al Poder Legislativo deben sumar el sino de una población que ha demostrado soportar la mentira y el mal trato pero que no está dispuesta a ajustarse, nuevamente, el cinturón.

La sociedad argentina, en ese sentido, puede dividirse claramente en dos: aquellos interesados por la política, y aquellos que viven el día a día alejados de los detalles aunque deriven en complicaciones para sus propios planes. Los primeros atenderán una semana donde el protagonismo ya no pasará por el Ejecutivo sino que estará dominado por los dos poderes restantes. Los segundos seguirán a pie juntillas los datos de las góndolas y las carnicerías. Ese es el “diario” que ellos leen día a día.

Ahora bien, la reacción de ambos sectores puede unificarse sin que importen las diferencias. Los Kirchner no quieren la gente en la calle. Y las calles han dejado de ser propiedad indiscutida del matrimonio presidencial. Las fuerzas de choque que supieron construir creando las famosas “contra-marchas” cuando se movilizaba en pro de la seguridad, etc., no logran sumar a la hora de contrarrestar el mal humor general.

Si como ejemplo basta un botón, obsérvese las primeras reacciones a los cortes de energía provocados por la última inundación. No importó que la medida haya sido para preservar la integridad física. La furia de los damnificados se hizo sentir en los diferentes barrios. Es un dato.

El malestar ya está. No es sólo contra el gobierno de la ciudad sino contra los políticos en general. Se ha esperado demasiado la reacción de aquellos que resultaron electos el pasado 28 de junio. Hay cansancio y desgano, pero el momento parece haber llegado.

Esta es pues, una semana decisiva para que la representatividad del sistema demuestre que la democracia no ha pasado del todo a ser un anatema. Pero no todo pasa por el Fondo del Bicentenario y las reservas. Hay más problemas en agenda, todos los que se dejaron de lado durante más de seis años.

Así las cosas, la negociación con los gremios, con los grupos sociales, y con los empresarios será más ardua de lo que ha sido antaño. Frente a un gobierno debilitado, todos son guapos. El liderazgo de Néstor Kirchner no ha desaparecido pero ha menguado, no sólo por la sinrazón de crear enemigos por todos lados, sino también por el mal trago sufrido semanas atrás con el colapso de la carótida. El ex mandatario aparece en escena como un hombre vulnerable, antes parecía que no lo era. No es un detalle.

Si algo ha influido en la política argentina de los últimos años ha sido el carácter y la personalidad del ahora diputado. No es dificil prever que su retorno será con una mayor demostración de poder. La ecuación sin embargo es simple: el alarde que se hace de este es proporcional a la carencia que se tiene.

Una última observación: Es cierto que llueve sobre mojado, y la baraja no tiene más que cuatro ases para sacar de la manga. Kirchner, sin embargo, ha salido airoso de un sinfín de bretes y obstáculos El que enfrenta ahora es harto complicado, mas no hay un dato fidedigno ni una oposición con proyección de país y liderazgo que haga pensar que esta batalla, que comienza con la semana, es definitiva aunque el tablero muestre una pérdida de piezas sin parangón, y los movimientos difusos del gran jugador hagan que el “jaque mate” asome en cualquier momento como única opción. © www.economiaparatodos.com.ar

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