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lunes 12 de enero de 2009

Lo grave de la enfermedad

Con un vicepresidente alejado de la cadena de mando y un ex mandatario que ejerce el poder en las sombras, una mera lipotimia presidencial pone en jaque la estructura institucional del país.

“No hay enfermedades como sí hay enfermos.”
Refrán popular

La descompostura que sufrió la Presidente en los últimos días obligaría en cualquier país medianamente serio a repensar la figura del vicepresidente; es decir, el rol del vicepresidente obtendría un protagonismo mayor. De hecho, éste concurriría a los actos previstos en agenda y hasta posiblemente pudiese reemplazarla en alguna gira. En la Argentina, sin embargo, una mera lipotimia de la jefe de Estado pone en jaque la estructura institucional misma.

El reemplazo en los actos de inauguración o anuncios de obras ya anunciadas y también denunciadas, ha sido llevado a cabo por Néstor Kirchner: una confirmación más del modelo político de los K. Modelo político que puede ser instrumentado gracias a la benevolencia de la sociedad y de los demás poderes, base del sistema constitucional argentino que nada hacen al respecto ni se inmutan al menos. Desde el vamos, se les ha permitido a los Kirchner obrar y maniobrar desde el Ejecutivo a sus anchas. Hoy no parece haber modo de modificar esa realidad.

El vicepresidente Julio César Cobos es apenas una figura representativa en la estructura democrática actual aún cuando se erija fuente de conjeturas varias, y paradójicamente surja como un opositor. Este tipo de imponderables como lo es una enfermedad, suelen obrar cual espejos donde el poder queda reflejado sin titubeos. La ausencia en acciones de política interior de la Presidente no genera ningún inconveniente, la figura del cónyuge viene a suplantar su lugar. No deja de ser sorprendente, desde ya.

En cambio, ante el mundo, Cristina debe mostrarse sin posibilidad de reemplazo alguno. La causa es simple: el mundo, aún cuando se trate de Cuba o de Venezuela no espera al artífice de los negocios sino a la emisora de los mismos. Ese rol lo tiene Cristina Fernández desde la asunción de Néstor Kirchner.

Ahora bien, ni los cubanos ni los venezolanos se han de rasgar las vestiduras por la postergación del viaje presidencial. Lo que no parece muy sensato es que la Presidente vaya a realizar esas giras justo cuando en los Estados Unidos esté asumiendo Barack Obama y los ojos del mundo se centren en ese punto. Que la mandataria argentina se pasee con Raúl Castro por la isla caribeña mientras, en Washington, Obama entra a la Casa Blanca parece ser un despropósito más de la política exterior argentina que no ha tenido en la etapa kirchnerista un ápice de cordura o de organización capaz de sacar al país del ostracismo en el que se encuentra.

De Egipto trajimos solamente la promesa de la visita de Tutankamon a la Argentina. De China, inversiones ficticias Y así se han sumado millas sin que los capitales foráneos encontraran un ápice de seriedad en las ofertas que se les ha llevado. La confianza está rota hace años, no hay modo de recuperarla por más imaginación que se ponga en la oratoria improvisada. ¿Qué puede traer Cristina de Cuba cuando el universo todo apunta a dos polos totalmente distintos como ser Estados Unidos y en todo caso, el conflicto entre Israel y la Franja de Gaza? ¿Qué postura coherente tuvo o tiene nuestro país respecto a la guerra de Medio Oriente? El repudio a la guerra es lícito desde el punto de vista humano pero nada tiene que ver con la actitud política.

Opinar como opinan los demás ciudadanos en mesa de café es poco serio, mantener el silencio cuando el mundo todo reclama paz, es inaudito. En ese sentido, puede suponerse que la dirigencia política en ejercicio del poder ha oficializado su opinión en la voz de uno de sus funcionarios más intrincados: Luis D’ Elía. De ese modo, se puede entender que hay un apoyo implícito o explícito al grupo Hamas sin que se comprenda siquiera que éste no es sino un grupo terrorista por antonomasia. Una cosa es apoyar la liberación del pueblo palestino y otra muy distinta apañar el terrorismo.

Pero así funciona la política exterior en la Argentina donde jamás se ha podido siquiera lograr que se junten, como en América del Norte, los ex mandatarios como símbolo de unidad o mínima y respetuosa convivencia. Por el contrario, acá no hay modo de unir a la Presidente con el vice ni siquiera en una misa.

Mientras este tipo de situaciones se suceden, en lo cotidiano la inflación dejó de ser tema aún cuando todo aumente: peajes, pasajes de trenes, colectivos, prepagas, agua, luz, gas… El INDEC ni siquiera necesita esforzarse en mentir porque la gente esta veraneando aún cuando el veraneo se traduzca en un regateo de precios ante una realidad inevitable: la fiesta K se acaba, pero esta vez se acaba para tanto para el pueblo como para los propios Kirchner ensimismados en un relato oficial cada vez más divergente con la realidad. © www.economiaparatodos.com.ar

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