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jueves 19 de abril de 2007

Los cuatro “ismos” de la sociedad argentina

La crisis social que atraviesa el país puede resumirse en cuatro puntos esenciales, frente a los cuales es preciso desplegar estrategias que permitan recuperar los valores perdidos.

La Argentina atraviesa una crisis social, fundamentalmente de valores, que podría resumirse en cuatro “ismos”. Relativismo, facilismo, egoísmo y mesianismo. A cada uno de éstos debemos contraponerle un valor y una estrategia.

Relativismo. Cuando el bien es relativo, las normas son todas discutidas y generalmente se aplican para el otro, no para mí. De allí el continuo desorden social que impera en nuestro país, el atropello de los cortes de rutas y de calles, las faltas de respeto de los jóvenes a los adultos y de los adultos a las instituciones. Ahora bien, cuando la verdad es relativa, ¿qué sentido tiene la investigación y la ciencia? ¿Qué valor tiene leer historia, literatura, filosofía, a los grandes autores? La educación y la ciencia se basan en la verdad, en que vale la pena buscarla, discutir sobre ella para encontrarla juntos, respetando siempre otras opiniones, y sabernos humildemente ignorantes frente al enorme universo por descubrir.

Facilismo. Se sigue directamente de lo anterior. Si hay verdad, hay que esforzarse en buscarla. Si hay bien, hay que exigirse para alcanzarlo. Cuando todo da igual, aparecen los títulos “truchos”, la búsqueda del “zafar” o los programas de TV que incentivan la fama por no hacer nada frente a las cámaras. Nos venden recetas para adelgazar rápidamente, para aprender inglés mientras dormimos, todo sin dolor, componente educativo fundamental para el sano desarrollo de cualquier persona. Digámoslo de manera simple: lo bueno siempre cuesta esfuerzo. Cuanto mejor sea lo que se busca alcanzar, mayor el esfuerzo exigido, tanto en el campo de la educación como en la vida diaria. En los colegios debemos volver a la cultura del esfuerzo y premiar no tan sólo los resultados, sino también el sudor y el esfuerzo relativo que cada alumno sacrificó en la búsqueda de alcanzar el saber.

Egoísmo. Si todo es relativo, si pretendemos tener todo a mano y sin esfuerzo, es evidente que primero está uno mismo. Se prioriza el bien individual por encima del bien del otro. Y aquí apareció el valor que hay que promover: el bien común. Respetando siempre los derechos individuales (la libertad, la propiedad privada, el libre pensamiento), implica buscar un bien que sea superior al tuyo y al mío y que nos defina como seres sociales. Desde esta perspectiva, descubriremos el respeto por aquello que es de todos (la calle, la vereda, las plazas) y no algo que no es de nadie. Hay que volver a educar en el sentido pleno y verdadero del bien común. Aquel bien que se asemeja a una orquesta buscando, desde la valoración y el respeto por las diferencias de cada instrumento, hacer sonar en conjunto la misma sinfonía mientras todos la valoran como propia.

Mesianismo. Al país no lo salvará un gobernante milagroso. A la educación no la salvará una nueva ley. Al país lo cambiaremos entre todos, el gobernante de turno tan sólo dirigirá de ratos el barco. A los niños los educarán en especial los padres, los colegios los ayudarán, de a ratos. Sólo podremos cambiar la sociedad si nos involucramos todos en la educación de los valores de la verdad, el bien común, el esfuerzo y la participación ciudadana. La era del mesianismo debe darse por terminada en nuestro país. Las recetas mágicas no han dado resultado. Habrá una Argentina nueva, creciente y solidaria, solamente si la construimos entre todos. © www.economiaparatodos.com.ar

Eduardo Cazenave es profesor de Filosofía, rector general del Colegio San Juan el Precursor y miembro del equipo de profesionales de la Fundación Proyecto Padres (www.proyectopadres.org).

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