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lunes 12 de enero de 2009

Los políticos siempre cuecen habas

Incluso en Estados Unidos, donde los demócratas están a punto de asumir la presidencia envueltos en varios escándalos.

Desgraciadamente, en el escenario de la política transitan algunos personajes que dan pena. O, más bien, vergüenza ajena. Con excepciones, ciertamente. Pero demasiado pocas.

Por ello no nos extraña demasiado que, en nuestro ámbito, un ex presidente pueda designar -a dedo- a su propia esposa como su sucesora en el cargo, así como financiar su campaña electoral con dineros chavistas, esto es extranjeros, que llegaron en valijas transportadas en aviones fletados en la oscuridad por empresas del estado, sin preocuparse demasiado porque esta circunstancia pueda eventualmente minar la legitimidad de la elección. No convocar, jamás, a reuniones de gabinete. Y nombrar a su propia hermana como integrante de su gabinete ministerial. Ni que existan los Borocotós. Ni tampoco que la repulsiva obsecuencia de algunos legisladores -y hasta gobernadores- se exhiba ante todos, a la luz del día, en la puja por “comer de la mano” de aquel que tiene el monopolio de la distribución de lo sustancial de los recursos financieros nacionales: el matrimonio Kirchner.

Pero las cosas son también así en muchos otros lares. Hasta en los hoy devaluados Estados Unidos, donde -después del desastre producido por la gestión republicana que está culminando- los demócratas llegan ahora al poder envueltos, también ellos, en una nube de escándalos digna de la política criolla.

Veamos que es lo que sucede en el país del norte en torno a un Obama que sigue su camino hacia la Casa Blanca en un tránsito, hasta ahora, impecable.

El escándalo de Illinois

En primer lugar, asistimos al el espectáculo bochornoso que ha explotado en torno a la designación del reemplazante de Barak Obama en la banca que éste ocupara en el Senado federal. Conforme a la ley, esa designación es responsabilidad del gobernador del Estado de Illinois. Hablamos del demócrata Rod Blagojevich, cuya apariencia personal (con una toca y una “carmela” fuera de lo común) no desmerece a la de muchos de nuestros rejuvenecidos políticos vernáculos. Lo primero que aparentemente se le ocurrió a Blagojevich es que tenía una buena (e inesperada) posibilidad para hacerse personalmente de algún dinero, rematando la banca al mejor postor.

Desgraciadamente para él, los agentes federales lo descubrieron y grabaron sus intentos telefónicos “non santos”. Los fiscales están ahora promoviendo acciones penales en su contra, que debieran terminar en su destitución. La legislatura estatal está caminando lentamente en dirección a destituir a Blagojevich. El Presidente electo y los Senadores federales demócratas se pronunciaron públicamente contra cualquier designación que pudiera intentar Blagojevich.

No importa, pese a todo y con total descaro, el Gobernador Blagojevich designó públicamente al sucesor de Obama en la Cámara Alta norteamericana: un poco atractivo ex Procurador General del Estado, un político de color, Roland Burris. Es poco probable que esa designación sea reconocida, pero el daño está hecho. Y no es menor. Dentro y fuera de los Estados Unidos.

Intrigas en Nueva York o la reaparición del clan Kennedy

Mientras tanto, algo parecido sucede también en el Estado de Nueva York con la banca que correspondía a Hillary Clinton, que se encargará a partir del 20 de enero de la política exterior de Barak Obama.

La principal aspirante a ocuparla es Caroline Kennedy, cuya principal (y casi única) credencial es la de ser hija de John Fitzgerald Kennedy y sobrina del Senador Ted Kennedy. Lamentablemente, cada vez que aparece en televisión la joven proyecta una imagen una absoluta falta de idoneidad, realmente pavorosa. No obstante, tanto el alcalde de Nueva York, Mike Bloomberg, como el propio Barak Obama, están apoyándola, créase o no.

Lo que sucede está amargando la vida del Procurador General del Estado de Nueva York que (¡oh, sorpresa!) es Andrew Como –alguna vez casado él mismo con una Kennedy- el hijo de quien fuera -tres veces- gobernador del referido estado, que aspiraba a que la breva cayera, de pronto, en su derredor.

Quien debe hacer la designación es, una vez más, el Gobernador del Estado. En este caso, David Paterson, que reemplazara -de apuro- a Eliot Spitzer, que debiera renunciar al aparecer en la lista de clientes de una prostituta de alto nivel. Es poco posible que el cargo secretarial pase a alguien que no pertenezca a las dinastías políticas locales. De allí que las chances de Caroline sean altas, pese a su aparente incompetencia.

El coto de Joe Biden

Está, además, el caso del vicepresidente electo, el senador “eterno” por Delaware, Joe Biden. Este acaba de maniobrar para que un aliado y colaborador íntimo ocupe “fielmente” su banca senatorial. Se trata de Edward Kaufman, por años su asesor inmediato.

La idea es que él se desempeñe como senador hasta que el hijo de Biden, Beau Biden, regrese del servicio militar activo en Irak y pueda presentarse en las elecciones nacionales del 2010, de manera de no arriesgar perder lo que se maneja como si fuera una suerte de patrimonio político familiar.

“Cosas de hispanos” en Colorado

Finalmente está lo que sucede, siempre en el universo de los demócratas, en el Estado de Colorado.

El senador nacional por ese Estado, Ken Salazar, ha sido designado por Obama como Secretario del Interior. Por esto deberá, naturalmente, “dejar” -también él- su banca.

Su reemplazo en este caso será su hermano, John Salazar, quien con su presencia aparentemente cuidará el lugar de la familia en la poderosa Cámara Alta del país del norte.

El flagelo del nepotismo -queda visto- parece haber dejado de ser condenable aún más allá de nuestras propias fronteras. Una pena, por cierto. © www.economiaparatodos.com.ar

Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

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