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lunes 13 de diciembre de 2010

Los unos sin los otros

Los sucesos que se produjeron en el Parque Indoamericano no son más que una consecuencia lógica y hasta razonable de esa forma de encarar el poder, de concebir el Estado y de des-gobernar que ha inaugurado el kirchnerismo.

“Y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.”
Mario Benedetti

Poco importan los vaticinios cuando la realidad viene mostrándose, sin disimulo, desde hace un tiempo considerable. Al kirchnerismo puede achacársele un sinfín de defectos. Errores han cometido y muchos. La corrupción alcanzó niveles dignos del libro de los récords, y las evidencias de ésta rozaron muchas veces el grotesco y el absurdo.

Basta recordar la famosa bolsa hallada en el placard del baño donde una ex ministra guardaba los ahorros que su hermano le cediera “fraternalmente” para que dispusiera de una vivienda con dignidad. Paradójicamente o no, en estos días, pudo verse a la mismísima funcionaria azorada por los “okupas” en busca de idéntica dignidad, aunque quizás carezcan de caritativos hermanos o no posean placar en el baño…

Sin embargo, hay algo inexorable que debe reconocérsele al mentado “estilo K”, y que por más “gestos” efímeros y negros vestidos no es dable esperar que vaya a cambiar. Y es que la naturaleza tiene una extraña permanencia en ciertos ejemplares de la humanidad aún cuando estos datos lleguen al gobierno americano o perezcan en una simple editorial.

Esta peculiaridad del “estilo K” se basa fundamentalmente en su constancia. Constancia y coherencia que no han sabido demostrar otros “modus operandi” de la política local. En ese sentido, los sucesos que se produjeron en el Parque Indoamericano no son más que una consecuencia lógica y hasta razonable de esa forma de encarar el poder, de concebir el Estado y des-gobernar que ha inaugurado el kirchnerismo desde su irrupción en el Ejecutivo Nacional.

En algunos aspectos, la presencia o ausencia del idolatrado líder enterrado, no aporta demasiado a la continuidad de lo que se ha vivido hasta acá. Las incongruencias se perpetúan con implacable impunidad, y el desentendimiento de las demandas perentorias del pueblo no varía un ápice aunque en la oratoria siga sonando el slogan de los “derechos humanos” y el “todos y todas” como si realmente, para la Jefe de Estado, hubiera alguien más…

Cristina Fernández de Kirchner reitera las conductas que ejecutara su cónyuge en situaciones límites: el síndrome del avestruz no ha muerto con el beato estratega que le legara una herencia de insensatez y ceguera frente a la ley y la institucionalidad. El Estado sigue sin atender las funciones básicas, mas no por eso cesa en su afán de entrometerse en la vida privada o en los mercados donde anida aquello que interesa y es prioridad.

Los ministros ensayan soluciones baratas: o sostienen a la reina o se caen sin piedad. Si no saben prevenir, deben saber curar. La Presidente festeja en nombre de una democracia complicada y descansa. Nada nuevo, algo semejante sucedió cuando ardió Cromañón.

La batalla que se desató en Villa Soldati es apenas una muestra de lo que vendrá. No se trata de pronósticos agoreros ni de pesimismos melancólicos para cubrir el silencio de a quién se acusara de declarar “apocalipsis ya”, y partos, que en lugar de 9 meses parecen que han de durar 9 años sino más…

Las necesidades insatisfechas sumadas a intereses espurios e infiltrados que cumplen la labor destacada por el titular de Télam: militancia por la causa, (cualquiera que sea esta), son un polvorín con fecha de vencimiento incierta. Basta un fósforo para que todo se encienda. Si encima no hay bomberos enviados a cumplir con su misión es dable esperar la hoguera.

En este caso especial, amén de la “hoguera de las vanidades” que presenciamos en sendas conferencias de prensa, el humo no cesa, y no hay voz capaz de hacer aquello que, simplemente, debiera. Un llamado al orden dista considerablemente de la represión a la que aluden los políticos aterrados, no con las muertes incomprensibles sino con los números de aceptación popular que arrojan las encuestas en etapa preelectoral.

Si en lugar de haber usurpado los terrenos lindantes al negocio de las Madres, hubieran ocupado los alrededores de El Calafate, un sinfín de “Varizats” habrían hecho justicia avanzando con sus 4×4 sin que nadie cuestionase su actuar.

En la Argentina no sólo hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda sino también marginales aceptables y otros deleznables según a quién favorezcan o perjudiquen con sus carencias y creencias.

Mientras para la dirigencia la problemática pasa por desligarse de responsabilidades, para muchos otros el conflicto radica en las posibilidades de sobrevivir en una geografía donde se escucha hablar de índices de crecimiento a tasas chinas, reservas magnánimas e intenciones de voto que sabrá Dios de donde emanan. La inflación, por suerte -diría Amado Boudou-, a los “okupas” no les duele; es una enfermedad de clase media y alta no más…

Tal vez sea destacable habitar un país donde la realidad pueda ajustarse a gusto y piàcere de quién lo desee. Lo que se torna innegable es la ausencia de la distribución del ingreso cuya utopía, con los últimos sucesos, ha quedado raída e inocultable a la vista.

No sabemos aún si el espacio verde ocupado por diferentes causas ha de contar mañana con Wi Fi como el resto de las plazas, según el plan del gobierno de la ciudad, tampoco sabemos si las familias allí instaladas hallaran la dignidad en bolsas como la de Miceli o en nuevas versiones oficiales de “cajas PAN”. Si es menester admitir que estos “incidentes” no cesan con prebendas ni se dan por casualidad, y son muchas, demasiadas, las villas que quedan esparcidas por el país sin que sea una excepción la ciudad capital.

Las treguas son comunes en estas latitudes. No debería asombrar que todo lo que comenzara en un santiamén, se frene sin que medie solución concreta ni haya culpables entre rejas. Así es la dinámica nacional: un escándalo sucede a otro, y la memoria a fin de año no da para más, apenas para brindar aunque no se sepa a ciencia cierta cuándo, por qué ni cómo se lo hará.

El deseo de paz, sin embargo, sigue siendo auténtico, a lo mejor -como decía Borges-, porque algo todavía permanece intacto pese a que somos la gota en el río de Heráclito. © www.economiaparatodos.com.ar

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