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EPT | June 22, 2017

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Martes 4 de abril de 2017

Marcos Peña tiene que reformar el Estado para no aplastar la vida privada

Marcos Peña tiene que reformar el Estado para no aplastar la vida privada

Mauricio Macri está frente a una encrucijada decisiva. Debiera darse  cuenta que no puede seguir manteniendo el Estado elefantiásico -fruto del peronismo kirchnerista-  porque está arrasando la vida privada de la Nación.

 

DESILUSIÓN

Los votantes de este Gobierno lo hicieron esperanzados de que iba a liderar un CANOA (Cambio Administrativo de Notable Amplitud)  para volver a ser ciudadanos de un país normal.

Pero varios de ellos perdieron el ánimo y están decepcionados. Los abruma el monstruoso gasto público, perciben la falta de autoridad para reprimir el salvajismo callejero,  sienten hartazgo por los impuestos abusivos, sufren el agobio de una inflación que no se contiene  y se espantan por un nuevo endeudamiento que todos vamos a pagar.

Estas cuestiones se explican por  el desquiciamiento que el Estado provoca en la actividad económica, con la apropiación desmedida de  los recursos privados, el despilfarro sin prioridades del dinero público y la barahúnda  de ridículas regulaciones o trámites insensatos que traban la vida diaria y paralizan el entusiasmo de los más pintados.

 

DILEMA MITOLÓGICO

La disyuntiva que enfrenta el presidente Macri pareciera formar parte de la mitología griega.  Recordemos que ella era un conjunto de mitos y leyendas que trataban de dioses y héroes, de la naturaleza de la polis, de los orígenes de la dēmokratía, y del significado de la res publica para distinguir lo justo de lo injusto.

Macri y su equipo ministerial, continúan ejecutando el mismo modelo keynesiano-tardío del peronismo kirchnerista. Lo hacen sin corrupción, es decir sin  robar, tratando de arrebatar  a las clases medias y pudientes mayores porciones de renta para  repartirla  entre  los pobres. Por eso, están fracasando al igual que el populismo de la década pasada.

Pese a todo,  y al mismo tiempo, los cabecillas del delirante modelo de despilfarro justicialista, están acusando a Macri de seguir un esquema neoliberal. Lo cual es absolutamente falso e injusto.

Porque en el fondo,  el intento de Macri y su joven equipo se parece más al esquema de la Sociedad Fabiana  (formada por John M.Keynes, George Bernard Shaw, Sidney & Beatrice Webb, H.G.Wells, Virginia Wolff,  Bertrand Russell y William Beveridge) para avanzar en la aplicación del socialismo democrático mediante reformas graduales pero  dirigido por aristócratas de cuna. Eran millonarios vergonzantes.

Los populistas que acusan a Macri de neoliberal están consiguiendo convencer a una parte del pueblo que  gobierna para los ricos, cuando en realidad intenta hacer todo lo contrario. De este modo, provocan el empecinamiento del gobierno en un diagnóstico equivocado y consiguen que cometa el error político de querer exasperar la demanda agregada. Por eso tenemos los intentos de estimular el consumo con cuotas a largo plazo  y al mismo tiempo la pretensión de cebar la bomba hidráulica de la inversión con una gigantesca política de obras públicas financiada mediante deuda externa. En definitiva, por los unos y los otros, hoy  el país está sobrecargado y exhausto. No da para más.

 

RESPONSABILIDAD.

Por eso el jefe de gabinete  Marcos Peña, “ojos y oídos del presidente”, debiera  cuidar y preservar la honra y  prestigio de quien le ha delegado tanta confianza.

En los tres años que le restan, tendría que  enfocar toda su energía en un solo propósito: reformar el Estado para que su desmesura no termine arrasando toda forma de vida civilizada en nuestro desdichado país.

Al acecho y para  impedirlo están guarecidos los nuevos bárbaros que quieren volver para incendiar  Roma y que a diario tratan de crear la inquietud social promoviendo la confusión y el desorden callejero.

Las buenas intenciones del Gobierno sólo servirán para empedrar el camino del infierno, si su praxis carece de una buena teoría  que le asegure la coherencia de todo el equipo,  la unidad de mando en el presidente, un único ministro de economía  y la eficacia en la acción mediante un plan de saneamiento.

Nada de esto podrá conseguir el Jefe de Gabinete  si insiste en mantener el modelo keynesiano-tardío implantado a los tumbos por el peronismo kirchnerista.

 

 

DOMINAR EL MONSTRUO.

La primera y casi excluyente tarea de Marcos Peña tendría que ser la organización de un Nuevo Estado que no siga oprimiendo a la Sociedad, sino que la estimule y anime para que pueda  obrar en libertad, con orden, equidad  y justicia.

Si persistiese en querer gestionar este monstruo,  fruto de la demagogia y la corrupción populista, nuestra patria terminará siendo gobernada por  oleadas de políticos desaprensivos, quienes pronto la convertirán en un vasto latrocinio.

Para Cambiar hay que Organizar  y organizar  implica establecer una  estructura intencionalmente eficaz (un buen organigrama)  para que no haya funcionarios ni  empleados públicos que ocupen cargos inútiles  y puedan llevar a cabo las tareas necesarias  con el menor costo posible. Lo mismo debiera ocurrir en las provincias y municipios.

Con el actual organigrama de gobierno, hoy eso es imposible. La burocracia del Estado ha convertido al Gobierno en un mastodonte de torpes movimientos que sólo es eficiente para cobrar impuestos. Por eso fracasan sus mejores intenciones y tienen que estar corrigiendo y emparchando las decisiones cotidianas.

Durante 12 años se ha montado un caleidoscopio irracional  no un organigrama sensato. De 2.387.410 cargos públicos existentes en 2003 hemos  pasado a 4.232.030  en 2017. El 72 % corresponde a las provincias, el 18 % a los municipios y el 10 % a la Nación.

Para intentar administrar este monstruo, el gobierno de Cambiemos se ha llenado de ministerios: Jefatura de Gabinete;  Coordinadores de la Jefatura;  Interior, Obras Públicas y Vivienda; Relaciones Exteriores y Culto; Defensa; Hacienda; Finanzas; Producción, Turismo; Modernización; Seguridad; Justicia y Derechos humanos; Trabajo, Empleo y Seguridad Social; Salud; Desarrollo social; Educación y Deportes; Ciencia, Tecnología e Innovación productiva; Cultura, Agroindustria; Transporte; Energía y Minería;  Medio Ambiente y Desarrollo sustentable; Comunicaciones; Agencia Federal de Inteligencia; Secretaría Legal y Técnica; Secretaría General; Sedronar.

Al presidente le es imposible coordinarlos y controlar si están haciendo bien las cosas. Demasiados caciques siquiera para convocar una simple reunión  de gabinete.  Cuando los reúne debe emplear enormes espacios para concentrarlos en un recinto más parecido a una tribuna de futbol que a la Casa de Gobierno.

 

PLAN DE REFORMA DEL ESTADO.

La responsabilidad de Marcos Peña es muy grande,  pero  su capacidad intelectual y la excelente preparación política que tiene,  le hacen apto para iniciar y poner en marcha un impostergable plan de Reforma del Estado como tarea esencial de su Jefatura de Gabinete.

 

Organización, Organigrama y Plantilla de personal.

Organizar el Estado es la tarea prioritaria de un buen gobernante. Consiste en diseñar una estructura de roles intencionales para que sean ocupados por funcionarios idóneos y eficaces. La organización hace que el Estado funcione sin sobresaltos y no sea una carga insoportable para la población. Por eso su diseño debe respetar la inexorable “Ley de Graicunas” que dice que un superior sólo puede controlar un número limitado de 5 a 8 áreas subordinadas, ya que cualquier cantidad que exceda ese límite es de imposible coordinación y control. Por lo tanto, para que el presidente pueda conducir con solvencia deberá limitar estrictamente el número de sus ministros.  En lugar de la actual multitud, el gabinete podría quedar agrupado en  8 áreas o ministerios: Relaciones Exteriores;  Interior y Seguridad;  Defensa Nacional;  Justicia;  Economía;  Educación, Ciencia y Técnica;  Salud y Servicios Humanos; Infraestructura.

 

2° Tareas, Misión y Funciones.

Todos los ministros, sin excepción,  debieran tener mando directo sobre los funcionarios de carrera desterrando los gabinetes de asesores y secretarías privadas. Las funciones de los ministros debieran ser operativas es decir de planeamiento y ejecución.

La administración pública tiene que reorganizarse en  sólo 4 o 5 tramos de niveles jerárquicos. Quedarían eliminados los cargos políticos rentados, sin autoridad ejecutiva o sin incumbencia en temas específicos.

 

3° Manual de procedimientos.

En cuanto a los trámites de cualquier índole o naturaleza se debiera disponer de Manuales de Procedimientos simples, claros, concisos y de cumplimiento universal, so pena de merecido despido.

Debieran eliminarse miles de trámites sin sentido,  de reparticiones inútiles y de innecesarios pasos administrativos. Los tiempos procesales tendrían que acortarse  para evitar que la burocracia parasitaria demore las decisiones y haga maniobras elusivas para justificar sus privilegios.

 

4° Manual de Funciones.

La asignación de tareas y funciones, la delegación de la autoridad y la exigencia de responsabilidades individuales, serán la fórmula básica para el personal del Estado y la manera de conseguir que los empleos públicos sean necesarios  y estén ocupados por individuos idóneos, útiles y eficientes. Como los empleados públicos tienen estabilidad garantizada, la huelga tendría que serles prohibida.

 

5° Gastos políticos en el Parlamento.

El número máximo de secretarios, asesores o colaboradores de cada diputado o senador nacional o provincial tendría que limitarse a 3 personas por el período de su mandato.

Al personal excedente que no pueda ser encasillado en la nueva grilla presupuestaria, se le aplicarían las mismas normas de bajas, retiros activos y retiros pasivos que rigen para el personal militar.

Si el argumento político para justificar el  exceso de un millón doscientos mil  empleados públicos es que representa un subsidio al desempleo, no habrá mejor forma de blanquearlo que convertirlo en auténtico seguro de desocupación para la función pública.

 

6° Límites constitucionales.

Progresivamente y en el lapso de 2 a 3 años, ninguna jurisdicción de las administraciones (nacional, provincial o municipal) podrá disponer de una dotación de personal (de planta, contratados, pasantes y supernumerarios) que exceda el número de 10 funcionarios por cada 1.000 habitantes de su jurisdicción según el último censo de población.

Sólo quedarán exentos de este límite los cargos activos asignados a tareas de seguridad policial, defensa militar, salud y educación pública,  siempre y cuando  se trate de personas que están al frente de tareas concretas.

 

SUGERENCIAS.

Si no pareciera una muestra de jactancia profesional, nos animaríamos a proponerle a Marcos Peña que para adentrarse en la teoría y la práctica de la gestión del Estado mediante la Administración Pública, tenga en cuenta el imprescindible librito de Federico Frischknecht que se llama GOBIERNO,  editado por Pleamar en 1994.

Frischknecht que fue decano de la UBA y excepcional profesor de Teoría de la Administración, decía que los políticos que intentan administrar el Estado sin conocer la ciencia de la Administración deberán confiar en el tanteo, la intuición o la buena suerte para no fracasar ni repetir los errores del pasado.

También les decía que tanto la palabra gobernar como la palabra cibernética derivan del griego kubernet que significa timonel. Ambas pretenden que se guíe y dirija  la nave del Estado según una carta de ruta precisa, con un timonel confiable y a través de reglas coherentes y apropiadas.

Con el estilo del Preámbulo Alberdiano de 1853 a  1994 le pedimos: ¡ Que Dios, fuente de toda razón y justicia lo ilumine, lo conduzca sabiamente y no permita que sea derribado por sus enemigos !