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jueves 31 de agosto de 2006

Mareo de poder

El presidente de Bolivia acaba de dictar un decreto que convierte su casa natal en “Monumento Histórico Nacional” y se apresta a comprar un avión presidencial. Además, dispuso que el correo boliviano emitiera una serie de tres estampillas con su imagen.

El “bolivariano” Evo Morales parece estar mareado. Pero no por un clásico “mareo de altura”, a los que seguramente el hombre está –constitutivamente– inmunizado, sino por algo mucho más conocido: un típico “mareo de poder”. Esto es lo que efectivamente sugieren las noticias que nos llegan desde el norte sobre algunos acontecimientos recientes, protagonizados por Morales.

Primero, el nada vergonzoso don Evo se animó a suscribir –él mismo, aunque parezca insólito y desde luego poco elegante– un decreto nacional en virtud del cual declaró a la propia casa en la que naciera “monumento histórico nacional”. Esto –viniendo de un dirigente que aún está con vida y que, además, acaba de llegar al poder y debe todavía probar su real valía gobernando– es simplemente absurdo; increíble, más bien. Traduce una actitud arrogante que no se puede ocultar, por todo lo que significa.

Como si eso fuera poco, el Correo de Bolivia, acentuando el nuevo “culto a la personalidad” que crece exponencialmente en el país del norte, acaba de emitir tres nuevas estampillas: cada una de ellas con la foto sonriente de don Morales.

Una de ellas simplemente reproduce la llamada foto oficial de Morales, la misma que ya ha inundado las reparticiones públicas, oficinas, plazas, estaciones, bares, aeropuertos y mil rincones más. Hasta generar el habitual hastío hacia quienes abusan del poder en provecho propio. Aparece don Morales muy orondo, con la banda presidencial puesta, con su sonrisa al estilo poco sincero de la Mona Lisa y con su proverbial saco “iluminado”, sin cuello –cual barman de hotel tres estrellas– y sin corbata, porque ésta seguramente le recuerda lo que más odia y resiente: Occidente.

En otro de los timbres postales, Morales porta el bastón indígena de mando. Y en el tercero, el líder aymara aparece hablando (probablemente a los gritos) ante una verdadera multitud. Recordando así (seguramente sin quererlo, pero “urbi et orbi”) cómo se comportan los líderes populistas y autoritarios de los países que no son ni demasiado serenos, ni demasiado confiables, ni –menos aún–demasiado democráticos.

Mientras tanto, se anuncia, ante la indignación de la oposición, la compra –para Morales– de un avión presidencial. No pareciera ser ésta una prioridad esencial para un país que está sumido en la pobreza.

Pero, cuidado, Morales imita a Tabaré Vázquez, que estaría adquiriendo en Brasil un nuevo y moderno jet Embrear, y, también, al populista por excelencia del interior argentino, me refiero al insólito gobernador Alperovich, de Tucumán, que está haciendo lo propio (sin ser presidente, claro está). Con el desparpajo que lo caracteriza, Alperovich trata de justificar su accionar disfrazando la compra del avión con la excusa de que el mismo será –alguna vez– usado en emergencias sanitarias y de salud. Cuando todos sabemos que la razón esencial de tenerlo es el confort de su majestad, el gobernador, y el de su señora esposa (que, siguiendo los pasos de nuestro dúo presidencial y del fuertemente cuestionado gobernador Busti, de Entre Ríos, se apresta –aparentemente– a consolidar su dominio político sobre Tucumán conformando la dinastía, la propia).

Increíble, pero en todas partes se cuecen habas. En rigor, en algunas se cuecen más que en otras. © www.economiaparatodos.com.ar

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