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Jueves 28 de abril de 2005

María Cecilia Pando: “Estamos en democracia y puedo decirle al señor presidente todo lo que pienso”

A partir de un par de cartas de lectores publicadas en el diario La Nación en las que criticaba al presidente Kirchner, Cecilia Pando se convirtió en vocera de muchos que no se animan a expresarse. Pero también sufrió muchas críticas y debió afrontar las medidas disciplinarias que quisieron aplicarle a su esposo, militar en funciones.

– Usted escribió varias cartas, dos de ellas fueron publicadas por el diario La Nación, donde manifestaba sus ideas respecto de algunas actitudes y decisiones de Néstor Kirchner.

– Claro, allí yo manifesté mis ideas, lo que pienso, porque me sentí y me siento agredida continuamente por el presidente de la Nación. Primero, con el hecho de que lo había sacado a monseñor Baseotto del obispado castrense. Porque el presidente en ese tema no es nadie, tiene que cerrar la boca y respectar lo que dice el Vaticano. Pero él siempre quiere más, quiere pasar por sobre la autoridad del Vaticano. Entonces, para mí, en ese sentido, la opinión del presidente no vale, y yo me ajusto a lo que dice el Vaticano. Si él lo quiere sacar, para mí monseñor Baseotto va a seguir siendo el obispo castrense. Que aparte está en defensa de la vida y de una buena educación sexual, y yo lo apoyo en todo eso. Y voy a hacer caso a lo que diga el Vaticano y no el presidente de la Nación.

– Ése es uno de los puntos que usted mencionaba en sus cartas, el que la movió de entrada a comenzar a escribir.

– La primera carta que no salió publicada pero circuló por Internet fue por ese tema. Ése fue el primer punto. El segundo punto fueron los dichos de la señora Hebe de Bonafini, que lo condenaba al Papa al infierno. Ahí, mi hijo más grande me dijo: “¿no vas a hacer nada?, lo está insultando por la tele”. Entonces, dije: “sí, vamos a hacer algo, vamos a escribir otra carta a ver si ahora la publican”. Y esa carta salió publicada. Y también por los escritos de la Catedral, donde escribieron “Iglesia basura, vos sos la dictadura”. Yo digo que hay una agresión constante hacia la Iglesia y me indigna como católica.

– No es casual que esto suceda, porque en el fondo lo que se intenta es socavar los principios de la sociedad, ciertos valores, ciertos principios. Porque cuando uno ve todas las pintadas y muchos medios de comunicación pegándole sistemáticamente a la Iglesia Católica no se puede pensar que esto es inocente. Ayer a la noche, por ejemplo, se vio por televisión una parodia del nuevo Papa, donde a la z de su apellido se la convierte en la cruz esvástica. ¿Qué ocurriría si estas cosas las hicieran con otras religiones, como el islamismo o el judaísmo?

– Saltarían. Reaccionarían todos.

– ¿Y por qué los católicos no tenemos derecho a reaccionar?

– Exactamente. Yo soy libre para reaccionar frente a lo que creo que me insulta. Estamos en un país en democracia y puedo decirle al señor presidente todo lo que pienso de lo que está haciendo con mi religión.

– ¿Se sintió discriminada como mujer? Porque su marido fue el que tuvo que pagar las consecuencias de sus expresiones. Luego se suspendió la medida de castigo porque se dieron cuenta de que no correspondía. Pero en el fondo lo que se planteaba era que usted no podía hablar porque es la esposa de un militar. Sin embargo, usted es una ciudadana como cualquier otra.

– Yo soy una ciudadana como cualquier otra. Y una vez la senadora Cristina Fernández de Kirchner dijo que las mujeres no tienen que ser portadoras de apellido. Y, bueno, yo lo tomé. Yo hablo por mí, no hablo por mi marido. Así que mi marido, pobre, no tiene por qué pagar las consecuencias de lo que yo digo.

– Cuando la señora Hebe de Bonafini dijo en una entrevista que si en el Museo de la Memoria no estaban los fusiles de los terroristas ese museo no iba a servir para nada. Y al poco tiempo fue recibida en la Casa Rosada por el presidente. ¿Qué siente usted frente a esto?

– Esa mujer siempre incita a la violencia, continuamente. Por otra parte, yo haría un Museo de la Memoria con los militares muertos de aquella época, con todas las familias que perdieron sus hijos. Porque acá hay un problema muy grave: están siendo juzgados los militares, ¿pero del otro lado quién está? Si fueron ellos los que empezaron la guerra. Fueron ellos los que ponían bombas. Fueron ellos los que secuestraban. Y le pidieron al Ejército que saliera en defensa de la Patria. ¿Y qué pasó al fin y al cabo? ¿Están pagando los militares? ¿Y de aquel lado no hay nadie? Y los que están, que están disfrutando afuera, ¿con qué plata? ¿Todavía les quedó plata de la subversión? ¿De cuando asaltaban los bancos para comprar armas? No, yo esto no lo quiero.

– Además, no están en Cuba viviendo…

– Hay algunos que están en España disfrutando de la buena vida, mientras otros acá están siendo juzgados. Entonces, le pido al señor presidente que haga justicia. Que si juzga de un lado, juzgue del otro. Si los quiere tener a todos los montoneros sueltos, entonces que tenga también a todos los militares sueltos. Que equipare las cosas.

– En el año 1976 la dirigencia política prácticamente se lavó las manos, dijo que no sabía como arreglar el problema y le pidió a los militares que se hicieran cargo. Miraron para otro lado y luego dijeron: “no, se les fue la mano”. La Argentina tiene un comportamiento político muy traicionero. Aclaremos que usted era chica en esa época y que su marido también, todavía no había ingresado al ejército.

– Así es, yo era chica en esa época, pero al casarme con un militar quise saber bien cómo había sido todo. Además, ellos también me preguntan. Uno no podía estar tranquilo en su casa, tenía miedo que en cualquier momento sucediera cualquier cosa. Entonces, qué se cuente bien cómo fue la historia. Porque yo estoy pagando todo esto en el colegio de mis hijos, también. A veces los educan mal en sentido: les dicen lo que quieren, que los militares son asesinos, cuando los militares no son asesinos, sino que salieron a defender a la Patria. Eso repercute en mi familia porque les tengo que estar explicando que no, que lo que les dice el Gobierno es mentira. Además… En una frase de mis cartas yo le dije al presidente de la Nación: “dime con quién andas y te diré quién eres”. Y jamás me arrepiento de haberla escrito. Y a medida que siguen pasando los hechos y las cosas, la sigo afirmando. Hay que ver por la gente que está rodeado. Mucha gente de aquella época.

– Además están generando en la sociedad toda una cuestión que no sé si la gente tenía ganas de volver a discutir. Yo tengo dudas de que la sociedad esté preocupada por lo que pasó en los 70. Entonces, están generando un odio y un enfrentamiento innecesario.

– Yo me quiero olvidar de ese tema. Sinceramente quiero mirar hacia delante. Hay problemas mucho más importantes. Muchísimos. Pero el señor presidente de la Nación se empeña, todos los días, en hacernos recordar esos hechos. Es él quien tiene un continuo enfrentamiento con el pueblo argentino. Lamentablemente, yo por él no me siento en absoluto representada. © www.economiaparatodos.com.ar




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