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EPT | September 25, 2020

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Jueves 16 de septiembre de 2004

“Monopolio y competencia”, de Murray N. Rothbard

Este texto presenta un de las tesis más polémicas de Rothbard: no existe “precio de monopolio” sino tan sólo “precio de mercado”. Para ello, define qué se entiende por monopolios y carteles. También se explaya acerca de otras cuestiones como los derechos de autor, que defiente, y las patentes, a las que critica.

Este libro de Rothbard (Centro de Estudios sobre la Libertad, Buenos Aires, 1965) es el capítulo 10 de su trabajo de economía “Man, Economy and State”. Rothbard desarrolla en él una tesis polémica, incluso con respecto a las ideas de Mises: no hay “precio de monopolio” en un mercado libre, sino sólo “precio de mercado”. Para ello, comienza criticando la teoría de Hutt sobre la “soberanía del consumidor” como ideal ético para distinguir entre monopolio y competencia; sigue luego con el tema de los “cartels”, donde afirma que en el mercado libre son intrínsecamente inestables y nunca puede llegarse a un calter “único”.

En el capítulo 2, Rothbard expone el tema central de su tesis: demuestra la inoperatividad de las definiciones tradicionales de monopolio, explica por qué en un mercado libre no hay modo de distinguir entre “precios de monopolio” y “competitivos” y critica, al mismo tiempo, la teoría tradicional de los precios de monopolio.

Tras una referencia al tema de los sindicatos y su relación con los precios de monopolio, el autor encara después a las teorías de la “competencia imperfecta”, efectuando críticas a dicha teoría, de igual modo que a la teoría de la competencia perfecta, todo ello desde el punto de vista austríaco.

Finaliza el libro con un análisis de los derechos de autor y las patentes –rescatando a los primeros y criticando a las segundas– como factores que entran en la única caracterización precisa y “negativa” de monopolio que acepta: un privilegio concedido por el Estado para explotar y/o vender con exclusividad un producto.

Reproducimos a continuación algunos fragmentos del libro de Rothbard:

Los precios

“En este mundo, no hay más que dos, y sólo dos maneras para establecer cuáles han de ser los precios de los bienes. Una es el camino del mercado libre. En esta situación, los intercambios se realizan en términos de beneficios para todos los que intercambian. El otro camino está en la intervención violenta en el mercado, la vía hegemónica de los precios, significa la exclusión de los intercambios libres y la institución de la explotación del hombre por el hombre; ya que hay explotación siempre que se efectúan un intercambio sujeto a coerción.”

Los carteles

“Porque, ¿cuál es esencialmente la acción del cartel? Cierta cantidad de productores individuales acuerdan reunir sus fortunas en un conjunto común, y la unificada organización central debe tomar decisiones, en cuanto a políticas de producción y precios, por cuenta de todos los dueños, distribuyendo luego entre ellos las ganancias monetarias. Pero, ¿acaso no es ése el mismo procedimiento que sigue cualquier clase de sociedades, o una sociedad de capitales, individualmente? ¿Qué ocurre cuando se forma una sociedad común o de capitales? Distintos individuos acuerdan reunir sus bienes, bajo una gerencia central, la cual debe fijar la política por cuenta de los dueños y distribuir entre ellos los beneficios monetarios. En ambos casos, la reunión de bienes, el ejercicio de la autoridad y la distribución de ganancias, se llevan a cabo de acuerdo con reglas acordadas entre todos y desde el comienzo. Luego, no hay diferencia esencial entre un cartel y una sociedad común de capitales o de personas.”

“Es importante que se comprenda bien qué es lo que no hemos dicho en esta sección. No hemos dicho que los carteles hayan de ser siempre más eficientes que las empresas individuales, ni que las “grandes” empresas han de ser siempre más eficientes que las pequeñas. La conclusión a la que hemos llegado, se refiere a que la ciencia económica no puede hacer más que pocas afirmaciones válidas en cuanto a la dimensión óptima de una empresa, como no sea la que el mercado libre se acercará todo lo posible a la prestación del máximo servicio a los consumidores, ya sea que lo contemplado sea una dimensión de una empresa, o cualquier otro aspecto de la producción. Todos los problemas concretos que presenta la producción: dimensión de la empresa, de la industria, la ubicación, los precios, la cantidad y naturaleza de los bienes producidos, etc., deben ser resueltos por los empresarios, no por los economistas.”

“El análisis demuestra que un cartel tiene un funcionamiento falto de estabilidad. Si la reunión de capitales para una causa común, a la larga demuestra ser provechosa para cada uno de los integrantes individuales del cartel, éstos procederán formalmente a fusionarse en una sola gran empresa. Con la fusión desaparece entonces el cartel. En cambio, si la acción en conjunto demuestra no ser provechosa para uno o más de los integrantes, la empresa o empresas disconformes habrán de separarse del cartel, y como veremos en seguida, cualquier acto independiente, de esa clase, casi siempre destruye el cartel. La forma cartel es, pues, propensa a tener carácter sumamente inestable y sujeto a fácil desintegración.”

“En caso de que el cartel no se desintegre desde adentro, es todavía más probable que se disuelva por influencia externa. En la medida en que el cartel haya conseguido inusitados beneficios de monopolio, habrá más empresas y productores, entre los que estén afuera, dispuestos a dedicarse al mismo ramo de producción. En suma, lo que ocurre es que los de afuera se precipitan a sacar ventaja de los beneficios más elevados. Pero una vez que un fuerte competidor se presenta a desafiar al cartel, este último está perdido. Dado que las empresas dentro del cartel se encuentran atadas por las cuotas de producción, al verse obligadas a vigilar la expansión de nuevos competidores y a quitarles ventas a ritmo acelerado, el resultado es que el cartel tenga que disolverse bajo la presión de la nueva competencia.”

Definiendo el monopolio

“Hay tres posibles definiciones coherentes del monopolio. Una es derivada de sus orígenes lingüísticos: monos (solos) y polein (vender), o sea, el único vendedor de cierto bien. Tal definición depende de que sea posible seleccionar un “bien homogéneo”, cosa que jamás puede ser decidida por el economista. ¿Qué es lo que constituye una mercadería homogénea (es decir, una industria)? ¿Acaso las corbatas, los pañuelos, los pañuelos moteados, etcétera, o los pañuelos que fabrica Jones? Únicamente habrán de decidirlo los consumidores, y ellos, como consumidores diferentes que son, es probable que adopten distintas decisiones en cada caso concreto. Por eso es que el uso de la primera definición probablemente nos reduzca a una escueta definición de monopolio como el exclusivo derecho de propiedad que toda persona tiene sobre lo que le pertenece. Esto, en forma absurda, ¡haría de toda persona individual un monopolista!”

“En otras palabras, diremos que, según esta definición, monopolio es una merced de privilegio especial que otorga el Estado, por la que se reserva en favor de un individuo o grupo particular cierto campo de la producción. Queda prohibido a los demás el ingreso a ese campo, y esa prohibición se hace respetar por los gendarmes del Estado.”

“Es obvio que este tipo de monopolio jamás puede aparecer dentro del mercado libre, no trabado por la intervención del Estado.”

“Antes de adoptar dicha definición de monopolio, en razón de considerarla apropiada, debemos examinar una última alternativa; la definición del monopolista como persona que ha logrado obtener un precio de monopolio.”

“La doctrina del precio de monopolio puede resumirse de la manera siguiente: cierta cantidad de un artículo, al ser producida y vendida, determina en el mercado, un precio competitivo. Un monopolista, o un cartel de empresas, en caso de que, al nivel de precio competitivo, la curva de la demanda sea inelástica, pueden restringir las ventas y elevar el precio a fin de alcanzar el punto máximo de resultados.”

“En primer lugar, no es verdad que el “monopolista” (dando a la expresión el significado de la tercera definición: “el que obtiene un precio de monopolio”) quede a salvo de la influencia de la competencia, o esté en condiciones de imponerse a voluntad sobre los consumidores.”

“Si alguna empresa o combinación de empresas, por ejemplo, hubiera de obtener precio de monopolio para la pastilla de jabón, las amas de casa pueden pasarse a los detergentes, limitando así la gravitación del precio de monopolio. Pero, además, todos los artículos sin excepción, están en competencia para conseguir los dólares u onzas de oro. De hacerse los yates demasiado costosos, el consumidor puede sustituir esa inversión gastando en casas de recreo, o puede sustituir los libros por aparatos de televisión, etcétera.”

Precio de monopolio

“Dentro de la estructura correspondiente a la teoría del precio de monopolio, ¿cabe afirmar acaso que todos los precios del mercado libre sean precios de monopolio? ¿Pueden todos los precios de venta ser de monopolio?”

“Es obvia la imposibilidad de que toda industria se vea frente a tal demanda consumidora inelástica; porque inelástica significa que los consumidores deberán gastar una mayor suma total de dinero en adquirir el artículo, cuando el precio sea más elevado, y el caso es que los consumidores disponen de cierta existencia total de dinero y de ingresos monetarios, como también de un importe determinado, en un momento preciso, que pueden destinar a gastos de consumo. Si gastan más en un artículo, tienen menos para gastar en otros. En consecuencia, no pueden gastar más en la adquisición de todos y cada uno de los artículos, y no todos los precios pueden ser de monopolio.”

“Dentro del mercado libre, no hay modo de distinguir un precio “de monopolio” del “competitivo” o “subcompetitivo”, ni de identificar ninguna variación como constitutiva de cambios de una a otra de tales categorías de precios. No puede encontrarse criterio alguno que sirva para hacer esas distinciones. El concepto del precio de monopolio, distinguiéndolo del precio competitivo, es en consecuencia insostenible. Sólo podemos hablar del precio de mercado libre.”

“Llegamos así a la conclusión, no sólo de que no hay nada de “malo” en el precio de monopolio, sino también a la de que el concepto entero carece de significado. Mucho “monopolio” existe, en el sentido del dueño único, de un único artículo o servicio (primera definición), pero hemos visto que se trata de una expresión inadecuada y, además, que carece de importancia cataláctica. Tendría importancia un monopolio, sólo en el caso de que condujera al precio de monopolio, y hemos visto que en el mercado no existen ni el precio de monopolio, ni el competitivo. Lo único que existe es el “precio de mercado”.”

Los sindicatos

“Cierto es que un sindicato presenta una situación apta para ser identificada. En cambio, no es cierto que el tipo de salario resultante de la acción sindical, nunca puede se titulado precio de monopolio.”

“La característica del monopolista es, precisamente, que monopoliza un factor de producción o una mercadería. Para conseguir un precio de monopolio, vende solamente una parte de su provisión y retiene otra parte de la misma, debido a que vendiendo una cantidad menor, aumenta el precio, dentro de una curva de la demanda que no sea elástica. Es característica singular del trabajo, en una sociedad libre, su imposibilidad de ser monopolizado. Todo individuo es dueño de sí mismo y no puede ser propiedad de otro individuo o grupo. En consecuencia, en el campo laboral, no hay persona o grupo capaz de ser dueño de toda la provisión y retener fuera del mercado una partida de la misma. Toda persona tiene la propiedad de sí misma.”

“De ahí que, en el mejor de los casos, un sindicato pueda lograr un tipo de salario “restriccionista” más elevado para sus afiliados solamente a expensas de rebajar los tipos de salario de todos los demás trabajadores que actúan dentro de la economía. Los esfuerzos de producción quedan también distorsionados en la economía, pero, además, mientras más amplio sea el radio de acción del sindicato, más difícil se hará para los trabajadores trasladar sus ubicaciones y ocupaciones en busca de paraísos no sindicalizados para trabajar. En cuanto a los trabajadores desplazados, habrá cada vez más tendencia a que permanezcan sin ocupación en forma permanente o casi permanente, ansiosos por trabajar, pero sin encontrar oportunidades de empleo libres de maniobras restrictivas.”

“Los sindicatos son, pues, teóricamente incompatibles con la existencia de un mercado enteramente libre. Sin embargo, todo observador perspicaz advierte en los hechos que casi todo el poderío de los sindicatos es resultado de la aplicación de la fuerza contra los rompe-huelgas y contra los bienes de los empleadores. La licencia implícita que usan los sindicatos para valerse de violencia contra los rompe-huelgas, tiene carácter prácticamente universal.”

Patentes y derechos de autor

“Ahora, en lo que se refiere a patentes y derechos de autor, preguntamos: ¿cuál de esto dos casos –de haber alguno en esas condiciones– se encuentra en consonancia con el mercado enteramente libre, y cuál constituye el otorgamiento de un privilegio monopólico por el Estado?”

“Consideremos los derechos de autor. Una persona escribe un libro o compone música. Al publicar el libro o la hoja de música, hace imprimir en la primera página la expresión “copyright”. Ella indica que cualquier persona adquiriente del producto, presta también su acuerdo, como formando parte de la operación de intercambio, a no copiar ni reproducir la obra para que sea vendida. Ya que el comprador no adquiere por completo la propiedad, sino sujeta a la condición apuntada, toda violación del contrato por su parte, o por la de un ulterior adquirente, constituye robo implícito, y será tratado en el mercado libre como corresponde. El derecho de autor es, pues, dentro del mercado libre, un derivado lógico del derecho de propiedad.”

“En cambio, las patentes avanzan de modo real y verdadero sobre los derechos de propiedad de quienes descubren, independientemente, una idea o invento después que el titular de la patente.”

“El argumento más común de los economistas en favor de las patentes es el de tipo utilitario: la vigencia de la patente durante un cierto número de años es necesaria, a fin de que así haya aliciente para hacer los gastos precisos en investigaciones relacionadas con inventos e innovaciones, tanto en procedimientos como en productos.”

“Se trata de un argumento curioso, porque de inmediato surge la pregunta: ¿con qué base puede opinarse que el gasto de investigación sea “demasiado”, “poco” o más o menos”suficiente”? He aquí un problema contra el cual tropieza toda intervención gubernamental en e proceso productivo del mercado. Los recursos –la mejor tierra, los mejores obreros, capitales, bienes y tiempo– se encuentran limitados dentro de la sociedad, y puede optarse por innumerables maneras de emplearlos. ¿Qué fundamento tendríamos para afirmar que ciertos usos son “excesivos”, que otros son “insuficientes”, etcétera? © www.economiaparatodos.com.ar




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