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Miércoles 1 de agosto de 2012

Nacionalismo y el peso argentino

Como sucede con todo gobierno proclive a intervenir en el mercado, tarde o temprano se acuden a razones “nacionalistas” para justificar las crecientes regulaciones al mercado. Cuando es evidente que la política económica adoptada no mejora el bienestar económico sino que, por el contrario, lo reduce, es necesario apelar a otros motivos para justificar mantener el curso de acción.

Seguir a @ncachanosky La pesificación forzosa del mercado es un ejemplo de ésto. Sin embargo, no hay ningún motivo por el cual deba defenderse una moneda nacional. Ni siquiera es necesario tener una moneda nacional a la cual defender, en primer lugar.

Por ejemplo, en la época del patrón oro anterior a la primera guerra mundial no había monedas nacionales del mismo modo al que hoy estamos acostumbrados. Bajo este sistema, todos los países compartían el oro como moneda común que no estaba bajo el control de ningún país en particular. En algunos casos ni siquiera había bancos centrales. La Fed, por ejemplo, recién se funda en 1913. Lo que cada banco emitía eran notas convertibles a oro, (similar a un cheque con denominaciones fijas) de allí que todos los países compartiesen una moneda única. En otras palabras, no había monedas nacionales, y no por ello los países dejaron de crecer y desarrollarse. Los sectores industriales no necesitaban de políticas de devaluaciones competitivas para crecer, sino que debían esforzarse por ser productivos a nivel internacional sin ayuda de la política monetaria a costas de otros sectores.

Lo que puso a fin a este sistema monetario internacional no fueron fallas inherentes al sistema, sino dos guerras mundiales y un creciente gasto público para financiar los costos bélicos así como el creciente estado de bienestar. Es decir, el problema no fue la falta de una moneda nacional, sino el crecimiento del gasto y un mal manejo monetario. En lo que podría describirse como la crónica de una muerte anunciada, el sistema original de patrón oro terminó dando lugar a las monedas fiat nacionales que tenemos hoy día.

Hoy día ya no se usa el oro como moneda internacional, sino que los países emiten sus propias monedas fiat no convertibles como el dólar, la libra esterlina, el peso argentino, etc. No obstante, aún existen países sin moneda nacional. Los paises miembros de la zona Euro son un ejemplo. Panamá es otro caso interesante, una economía pequeña que no posee leyes de curso forzoso y utiliza el dólar como medio de intercambio y unidad de cuenta. En Panamá no sólo no faltan dólares, sino que su economía no se vió tan afectada como la de otros países latinoamericanos que sí poseen monedas nacionales y hacen uso de los bancos centrales para administrar sus economías. Panamá no ha perdido autonomía económica ni identidad nacional por elegir el dólar como moneda de cambio. A Panamá, a pesar de operar en dólares y estar abierta al comercio internacional, el mundo no se le cayó encima.

Tener una moneda nacional no fue, ni es, un requisito necesario ni suficiente para tener una economía en crecimiento y desarrollo. Ciertamente el Banco Central Argentino no se caracteriza por su performance histórica. Lo que se necesita para conseguir una economía próspera son libertades individuales y un estado que proteja a sus ciudadanos al mismo tiempo que les da la libertad de llevar adelante sus propios proyectos.

A diferencia de un país, el mercado en sí no tiene fronteras. Es cierto que si, por ejemplo, uno regula las importaciones y exportaciones, se generan efectos y distorsiones entre las economías que estan de un lado o el otro de la frontera. Pero no hay nada fundamental en cómo se comporta el mercado porque en el medio pase una línea arbitraria que forma una frontera de jurisdicción estatal. Las leyes económicas son tan universales como las leyes físicas.

Si es conveniente tener una moneda nacional al punto tal de no operar con otras monedas. ¿Por qué no tener una moneda por provincia, y prohibir en cada provincia que se utilice la moneda de otras provincias? Los que viven en Buenos Aires sólo podrían operar con Patacones, los que viven en Córdoba únicamente con Lecor, etc. Es más, ¿por qué no tener una moneda por municipio o ciudad? Si es necesario cerrar el comercio internacional para proteger la industria local, y eso es bueno y nos hace crecer, ¿por qué parar a nivel nacional y no ir por todo cerrando el comercio entre provincias para potenciar aún más el crecimiento en cada estado provincial?

Cuando el gobierno argumenta que debe operarse en pesos, y no en dólares, al punto tal de prohibir el atesoramiento en dólares, erra al diagnóstico del problema y por lo tanto a la solución del mismo. El problema no es, como ilustra el ejemplo de Panamá, que se opere en una moneda internacional, sino un déficit fiscal a nivel nacional y provincial que se ha tapado con expansión monetaria. Antes de usar el monopolio de la fuerza para obligar al uso de una de las monedas con mayor inflación en el mundo, el ejecutivo debe responder a la pregunta de por qué la gente huye del peso. Es cierto que el estado posee deudas en dólares, y que no puede pagar las mismas en pesos, pero no es menos cierto que los ciudadanos tienen también deudas en dólares y es la moneda con la que se sienten cómodos al firmar contratos. Tampoco puede argumentarse que una mala administración de la cosa pública autorice a los mismos administradores a avanzar sobre los derechos y libertades de los contribuyentes. En lo que respecta a importaciones, porque el peso no es moneda de uso internacional. En lo que respecta a contratos domésticos, porque le peso posee una alta inflación al punto tal que ya no sólo no es reserva de valor, sino que deja de ser un buen instrumento de unidad de medida.

Las leyes económicas no conocen de naciones. A lo largo de la historia, los sentimientos nacionalistas han hecho más daño que bien. Para solucionar los problemas económicos es necesario mirar el origen de los mismos y no justificar errores de política económica en base a falsos nacionalismos.


Autor: Nicolás Cachanosky (Suffolk University)
Punto de Vista Económico (editor)